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20 de enero de 2018
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Ráfagas

No. 177

Para saber de dónde venimos

Un grupo de investigadores encabezado por Chris Amemiya, de la Universidad de Washington, descifró el genoma del celacanto, pez de aspecto prehistórico que es casi idéntico a los fósiles de sus ancestros directos que vivieron hace más de 400 millones de años. Esta investigación contribuye a entender mejor un paso esencial en la evolución que desembocó en los vertebrados terrestres (tetrápodos), esto es, la colonización del ambiente terrestre por un grupo de peces que lograron respirar aire y desarrollar extremidades.

Por mucho tiempo se pensó que el celacanto se había extinguido hace unos 70 millones de años, pero en 1938 un sudafricano que conocía fósiles del pez encontró un ejemplar vivo de celacanto en una barca de pesca local. Los celacantos son peces de aletas lobuladas, como los peces pulmonados o dipnoos; ambos pertenecen al grupo de los sarcopterigios, término que significa "aletas carnosas".

La idea de realizar esta investigación, cuyos resultados se publicaron en la revista Nature el pasado abril, se originó hace seis años, cuando Amemiya adquirió un poco de tejido de un celacanto. Junto con investigadores de la Universidad de Cambridge y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Amemiya descifró el genoma de ese pez y luego invitó a expertos en biología evolutiva a participar en la interpretación de los resultados.

Los investigadores buscaron genes que pudieran haber ayudado al ancestro de los primeros tetrápodos a invadir el ambiente terrestre, hace cerca de 400 millones de años. Para su sorpresa, encontraron un gen relacionado con el desarrollo de la placenta. Si bien los celacantos no tienen una, producen huevos muy grandes, con una enorme red de irrigación sanguínea, que eclosionan o se rompen liberando a las crías dentro del cuerpo de la madre.

Otro hallazgo importante fue el de un fragmento de ADN cuya función es acelerar la actividad de los genes que desarrollan las extremidades de un embrión y están presentes tanto en el celacanto como en los vertebrados terrestres, pero no en los peces. Se les ocurrió entonces insertar estos genes en el material genético de un ratón y en poco tiempo este animal desarrolló una extremidad casi completa.

"En términos evolutivos, somos peces sarcopterigios" aseguró Axel Meyer, de la Universidad Konstanz de Alemania y también miembro del grupo de investigadores.en el mes de mayo.

Hallazgos arqueológicos en Coyoacán

Durante los trabajos de restauración y conservación que se llevan a cabo desde 2011 en la Capilla de la Inmaculada Concepción, ubicada en la Plaza de la Conchita, en el centro histórico de Coyoacán, en la Ciudad de México, se han encontrado vestigios de distintas épocas históricas, tanto prehispánicas como de los siglos XVII y XVIII.

La capilla fue construida originalmente en el siglo XVI sobre un centro ceremonial prehispánico, por órdenes de Hernán Cortés. Se hizo una ampliación en el siglo XVIII, momento en que adoptó un estilo barroco, y después de varias modificaciones, en el siglo XIX tomó la apariencia que tiene actualmente. En el año 1932 se hizo un decreto para declararla monumento histórico.

Durante los trabajos de recimentación de la capilla, arqueólogos de la Dirección de Salvamento Arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) localizaron fachadas, escaleras y muros de una construcción del periodo Epiclásico, que va del 600 al 900 d. C. Se trata de los restos de tres construcciones o plataformas muy grandes de lo que posiblemente fue una plaza, ubicada en la parte norte y este de lo que hoy es la capilla, y que, de acuerdo con los arqueólogos, fueron realizadas por grupos toltecas.

Encontraron también un entierro prehispánico, del periodo Posclásico Temprano (900-1150 d. C.), en donde ahora está la sacristía. Se trata de un individuo sentado, de unos 25 a 30 años, con deformación craneal, que tenía en sus manos una pequeña ofrenda, lo que hace suponer que se trataba de un sujeto común. Del PosClásico Tardío se hallaron muchos objetos claramente aztecas.

Existe también una fachada del siglo XVII justo detrás de la que fue construida en el siglo XVIII. Alrededor de la capilla existió un camposanto; ahora se encontraron 159 entierros de esos siglos, 30 de ellos de niños y niñas enterrados según las normas religiosas de los franciscanos y carmelitas: vestidos y con muy pocos objetos, entre otros un rosario y restos de alambres que se utilizaban para vestir como ángeles a los que morían siendo muy pequeños.

Se espera que las obras concluyan antes del 8 de diciembre, fecha en que se celebra a la Inmaculada Concepción, ya que la capilla sigue siendo utilizada como lugar de culto católico, como desde hace más de 500 años. Resulta asombroso conocer sobre estas evidencias que nos muestran la historia (y las historias) que está bajo nuestros pies.

Mejor solos que mal acompañados

Las personas que reciben poco apoyo de su pareja o son constantemente criticadas por ésta, son más propensas a sufrir depresiones graves que las personas que no tienen pareja. A esta conclusión llegó una investigación dirigida por Alan Teo, de la Universidad de Michigan. La calidad de la relación con otros miembros de la familia también influye en el riesgo de sufrir una depresión, pero no al grado que lo hace la relación de pareja.

El estudio se basó en un censo realizado en los años 90, el Midlife in the United States, en el que participaron 4 642 personas en un rango de edad de entre 25 a 75 años; este censo buscaba entender el papel de diversos factores sociales y sicológicos en la salud mental y física. La muestra se tomó de individuos seleccionados al azar, a través de sus números de teléfono. Diez años más tarde se hizo una segunda entrevista donde los participantes aceptaron contestar un cuestionario. Descontando a las personas que habían muerto, el 75% de las personas contactadas participaron en el estudio.

Para medir la calidad de la relación de pareja, el cuestionario preguntaba, por ejemplo, "¿qué tanto sabe realmente tu pareja cómo te sientes?" y "¿puedes confiar en él (ella) si tienes un problema serio?". Una tensión constante también es relevante, y la detectaron con preguntas como: "¿con qué frecuencia ella (o él) te critica?" y "¿con qué frecuencia te saca de quicio?"

Otro resultado del estudio fue que las personas con las relaciones más negativas tuvieron más del doble de probabilidades de sufrir depresiones que las personas con las relaciones más positivas.

La depresión clínica es un problema médico que puede ser muy grave. Este padecimiento, además, puede aumentar el riesgo de que empeoren condiciones médicas como las enfermedades coronarias, los ataques cardiacos y el cáncer.

Este estudio, publicado en la revista PLoS ONE el mes de abril, muestra que la calidad de las relaciones sociales, en especial las de pareja, es un factor de riesgo importante sobre la probabilidad de sufrir un evento depresivo. "Podemos ayudar a los pacientes a mejorar sus relaciones, lo que podría prevenir o reducir los devastadores efectos de una depresión grave", concluyó Teo.

Extinciones y ecosistemas

Un grupo internacional de investigadores del Instituto de Ecología de Xalapa, en Veracruz, y de la Universidade Estadual Paulista y otros centros de investigación de Brasil, demostró que la desaparición de grandes aves frugívoras afecta en poco tiempo a las especies vegetales que eran parte de su alimentación y, por lo tanto, tiene un impacto en la salud del ecosistema completo.

La biodiversidad se refiere al número de especies que se pueden encontrar en un ecosistema, su estado se puede determinar si se conoce en qué porcentaje se ha reducido el número original de especies que ahí vivían. Las especies desempeñan un papel específico y fundamental; cuando se extinguen desaparece también la función ecológica que llevaban a cabo, lo que resulta más difícil de evaluar.

Los investigadores realizaron un estudio en 22 zonas de la Mata Atlántica del sureste de Brasil, un tipo de selva tropical que está considerado como "punto caliente" o hot spot, como se denomina a los lugares del planeta que albergan un alto número de especies endémicas y que se encuentran en riesgo de desaparecer. Se trata de áreas fragmentadas de selva que han permanecido así desde principios del siglo XIX, cuando se talaron grandes extensiones para extraer maderas preciosas y plantar cultivos, en especial de café y caña. Sólo se mantuvo el 12% de la superficie original de selva, en fragmentos de menos de 50 hectáreas. Aquí sobrevivieron muchas de las especies originales, pero no los grandes vertebrados como tapires, monos, tucanes y pavones, entre otros.

Los investigadores realizaron muestreos de plantas, censos y observaciones (directas y con cámaras automáticas) de animales frugívoros; también hicieron experimentos con las semillas y plántulas. Los resultados demuestran que la pérdida de grandes aves frugívoras, como los tucanes, ha resultado en la reducción de los tamaños de frutos y semillas de una palmera endémica, que es una especie clave en las selvas. Estos cambios sólo han tenido lugar en las áreas fragmentadas donde únicamente viven aves frugívoras pequeñas, que se alimentan de los frutos más chicos. El menor tamaño del fruto y la semilla implica una mayor pérdida de la planta en sus primeras etapas, cuando acaba de germinar.

Este trabajo, publicado en la revista Science en el mes de mayo, aporta una de las pocas evidencias que existen de los cambios que ocurren en poblaciones naturales en plazos breves a consecuencia directa de modificaciones inducidas por acciones humanas.

Identidad de un asesino

Como si se tratara de detectives forenses buscando una arma homicida o huellas dactilares, un grupo internacional de científicos ingleses, alemanes y estadounidenses recorrieron 11 herbarios históricos de Europa buscando hojas de papa colectadas durante la Gran Hambruna Irlandesa de 1845 a 1852, que ocasionó mas de un millón de muertes y la migración de igual número de personas que salieron de la isla tratando de salvar sus vidas. Su misión era localizar al patógeno que destruyó los cultivos de papa en aquel tiempo dentro de hojas de esta planta que se preservaron en medio de dos cartones durante más de 150 años. Los investigadores extrajeron el material genético del patógeno y lo compararon con el de 15 variedades modernas, para lograr conocer con certeza su identidad.

Ya se sabía que la pérdida de los cultivos se debió a Phytophthora infestans, organismo que se conoce como tizón tardío o mildiu de la papa, un pseudohongo del grupo de los oomicetos, microorganismos que no son parte de ninguno de los tres reinos eucariontes: hongos, animales y plantas. Pero se desconocía a qué variedad pertenecía.

Cuando los europeos llegaron a Sudamérica, la papa ya era una planta cultivada que en poco tiempo fue introducida a Europa y en muchas regiones se convirtió en un alimento importante. Los europeos la reproducían plantando un pedazo pequeño de la papa; es decir que propagaron clones de una sola variedad de la planta que por tres siglos se mantuvo libre del patógeno. Hasta que, en 1845, P. infestans llegó a Europa, probablemente a Bélgica y desde ahí se diseminó al resto del continente. El impacto de la epidemia fue catastrófico en Irlanda, donde la población dependía de la papa para su subsistencia.

Al comparar el ADN de este organismo con el de 15 variedades modernas del patógeno descubrieron que se trata de una distinta, a la que llamaron HERB-1, que surgió a principios del siglo XIX probablemente en Estados Unidos o en México y desapareció a principios del siglo XX, cuando se empezaron a cultivar otras variedades de papa resistentes a esta variedad de P. infestans.

La investigación, que se publicó en la revista electrónica eLIFE (avalada por los Institutos de Medicina Howard Hughes y Max Planck y el Wellcome Trust), es relevante no sólo porque logró detectar el organismo que provocó la Gran Hambruna, sino porque se demostró que las hojas secas, colectadas hace cientos de años, son una fuente de material genético que puede ser analizado en futuros estudios.

 

Martha Duhne

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