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24 de septiembre de 2018
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Ráfagas

No. 188

El río Colorado llega al Mar de Cortés

Las aguas del río Colorado llegaron al Mar de Cortés, su destino natural y una meta que no se había alcanzado en cerca de 50 años, de acuerdo con un artículo publicado en la revista Science el mes de marzo. No se sabe con precisión la fecha exacta de la reunificación debido a que el río debe recorrer más de 100 kilómetros de tierras desérticas por lo que seguir su cauce es complicado.

El río Colorado nace en el estado del mismo nombre, en las Montañas Rocallosas o Rocosas, y después de recorrer 2 334 kilómetros llega al mar en el Golfo de California. El Colorado es un río muy antiguo que naturalmente vertía al golfo más de 20 kilómetros cúbicos de agua al año, un promedio de 640 metros cúbicos por segundo. Los últimos 140 kilómetros del cauce del río Colorado están en territorio mexicano, en los estados de Baja California y Sonora. Este río fue durante millones de años fuente de vida de miles de especies diferentes y en sus márgenes se asentaron poblaciones humanas de diversas culturas.

En la cuenca del Colorado la población creció aceleradamente en poco más de un siglo y hoy viven más de 30 millones de personas, en un área que abarca 630 000 kilómetros cuadrados. Con la idea de optimizar el aprovechamiento del agua desde hace décadas se empezaron a construir presas hidroeléctricas, que ya suman 25.

En 1944 México y Estados Unidos firmaron un tratado internacional del agua que define el volumen anual que recibe cada país y sus estados; siete en la Unión Americana. A México le tocan 1 850 millones de metros cúbicos, de los cuales el 90% se reciben en la presa Morelos, en Baja California, y el resto en Sonora.

En el pasado este delta llegó a mantener 400 000 hectáreas de bosques y humedales, conformando una de las regiones más importantes para la vida silvestre en el continente. La influencia del río se extendía mar adentro, formando un área importante para la reproducción, desove y crianza de una gran diversidad de organismos marinos, entre ellos camarones, almejas y peces, algunos endémicos o en peligro de extinción.

Debido a la excesiva extracción de agua en las presas desaparecieron los ecosistemas terrestres y marinos que dependían del aporte de agua y nutrientes del río Colorado en su delta y las culturas que alguna vez florecieron en la región, entre otras la de los cocopah y los cucapá, se vieron seriamente afectadas.

Este desastre ecológico podría empezar a revertirse en poco tiempo, gracias a las negociaciones que han llevado a cabo durante años activistas de organizaciones conservacionistas y científicos de diversas instituciones en ambos países, que culminó en un acuerdo binacional llamado Minuta 139, firmado en noviembre del 2012.

El pasado 23 de marzo se abrieron las puertas de la presa Morelos, liberando un flujo de agua con el que se busca imitar el que existió de manera natural en el delta del Colorado. Este flujo se mantuvo durante ocho semanas con un aporte de 130 millones de metros cúbicos de agua, el 0.7% del flujo total del río.

Además de permitir el paso del río en esta región, los dos países acordaron políticas para compartir el agua en meses de abundancia y reducir el gasto en épocas de sequía, buscando mejorar tanto su uso como su conservación. De manera más amplia, ambos países desarrollaron un proyecto que llamaron Raise the River, donde participan las organizaciones Fish and Wildlife Foundation, Nature Conservancy y Pronatura Noroeste, así como el Redford Center y el Sonoran Institute. Entre otras acciones van a evaluar la respuesta al flujo del agua del suelo y la vegetación para coordinar acciones futuras. También se reunieron fondos para proyectos de restauración ecológica y se recogieron más de cinco toneladas de basura en lo que alguna vez fue el cauce del río. Personal del Sonoran Institute y de Pronatura abrió canales para dirigir el agua a los humedales y limpió la zona de vegetación exótica, es decir, no nativa.

Ahora los científicos del proyecto buscan responder varias interrogantes: ¿Qué cantidad del agua va a parar a los acuíferos subterráneos? ¿Cuánta es absorbida por las raíces de las plantas? ¿Habrá impactos que puedan medirse a corto plazo? ¿En cuánto tiempo aumentarán las poblaciones animales?

Los logros de este proyecto sin precedentes serán un paso importante para entender cómo restaurar el delta del río Colorado y otros deltas también afectados por la sobre extracción y contaminación de las aguas.

El origen de la Luna

Análisis recientes de las rocas de la Luna que trajeron a la Tierra varias misiones Apolo resuelven un problema de la hipótesis más aceptada del origen de nuestro satélite natural, según la cual éste se formó hace cerca de 4 500 millones de años como resultado de una colisión de la Tierra con otro planeta, Theia.

En algún momento de su historia, la Tierra recibió el impacto de Theia, planeta del tamaño de Marte que se destruyó en el impacto; la materia que se liberó formó un disco alrededor de la Tierra que con el tiempo se compactó y dio origen a la Luna. La evidencia científica apoya esta hipótesis: la Luna en sus inicios fue una masa caliente por lo que el agua y sus elementos más ligeros se evaporaron, dejando la superficie árida y rocosa que conocemos hoy. Además, la Luna gira a un ritmo acelerado alrededor del la Tierra, lo que también coincide con la teoría del choque. Pero existe información contradictoria y es la que se refiere a la composición química de sus rocas.

Diversas investigaciones han mostrado que las rocas de diferentes objetos del Sistema Solar que llegan a la Tierra, como los meteoritos, no son iguales. Algunos elementos químicos se presentan en variedades o isótopos diferentes; los isótopos son átomos de un mismo elemento, oxígeno por ejemplo, que tienen el mismo número de protones y electrones (número atómico) pero diferente número de neutrones (masa atómica). El isótopo más común es el oxígeno 16 (O-16), le siguen el O-17, que tiene un neutrón extra en su núcleo, y el O-18, que tiene dos neutrones de más. Una roca de Marte tendrá una proporción de O-16 y O-17 diferente de la de una roca de la Tierra. La proporción de isótopos presentes en un material es tan confiable que se utiliza para identificar su origen.

Y aquí es donde estaba el problema: la hipótesis de la colisión predice que del 70 al 90% de la materia de la Luna tiene su origen en Theia, por lo que la proporción de sus isótopos debería ser distinta a la de la Tierra. Pero las muestras de rocas lunares no son significativamente diferentes a las terrestres. Se han analizado las proporciones de isótopos de oxígeno, calcio, silicón y tungsteno con los mismos resultados.

En un estudio reciente un grupo de investigadores dirigidos por Daniel Herwartz, de la Universidad de Colonia en Alemania, usó un espectrómetro de masas más sensible a escalas atómicas y con éste volvió a realizar las pruebas de la proporción de isótopos de oxígeno en las rocas de la Luna que trajeron las misiones Apolo 11, 12 y 16. Encontraron que las muestras tienen una proporción de isótopos significativamente diferente a la de la superficie terrestre, lo que apoya la hipótesis de la colisión.

Los resultados de esta investigación se publicaron en junio en la revista Science.

Hallan fósil de un titanosauro en Argentina

Un granjero caminaba cerca del desierto La Flecha, a 250 kilómetros de la ciudad de Trelew en la provincia de Chubut, en la Patagonia Argentina, cuando se tropezó con un hueso fosilizado de más de dos metros de longitud. Le pareció un hallazgo tan asombroso que decidió avisar a José Luis Carballido, director del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (Mef) de dicha ciudad.

Al poco tiempo, un equipo de paleontólogos empezó a trabajar en el sitio y descubrieron un yacimiento con más de 150 huesos pertenecientes a siete dinosaurios de la misma especie, en buen estado de preservación. Se cree que murieron juntos quizá al quedar atorados en el lodo.

Con la medida de la longitud y la circunferencia del fémur más largo que había en ese conjunto de huesos, los científicos calcularon el peso del animal al que perteneció en 77 toneladas. Este peso es siete veces mayor que el del dinosaurio más grande registrado hasta entonces y que también se descubrió en la Patagonia, el Argentinosaurus, lo que podría convertir al dinosaurio de Chubut en el animal más grande de todos los que han habitado el planeta.

Los científicos piensan que se trata de una nueva especie de titanosauro, nombre dado en honor a los titanes, poderosos semidioses de la mitología griega y muy apropiado para este animal que pesaba lo mismo que 14 elefantes africanos juntos. Se piensa que el descomunal dinosaurio tenía una cabeza pequeña y cuello y cola enormes, y que pudo medir hasta 40 metros de largo y 20 de alto, lo que equivale a un edificio de siete pisos.

Este herbívoro, que todavía no tiene nombre, caminaba en cuatro patas en los bosques de lo que ahora es la Patagonia durante el Cretácico tardío, hace entre 95 y 100 millones de años. El hallazgo lo dio a conocer el Mef el pasado 16 de mayo en su página web.

Origen de los primeros americanos

Un equipo internacional de científicos analizó el material genético que extrajeron de unos restos óseos encontrados en el fondo de un cenote en el estado de Quintana Roo; el resultado del análisis refuerza la hipótesis de que los humanos llegaron a América a través del Estrecho de Bering.

Esta historia inicia hace 12 000 o 13 000 años, cuando una adolescente entró en una cueva, probablemente buscando agua, resbaló en una profunda hondonada y en la caída se rompió la pelvis y perdió la vida. Su esqueleto fue localizado en el año de 2007 en lo que ahora es un cenote al norte de la ciudad de Tulúm, en la Península de Yucatán. Entre los científicos que participaron en el hallazgo hay investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México; dirige al grupo James Chatters, del instituto forense Applied Paleoscience, ubicado en el estado de Washington, Estados Unidos.

Alberto Nava, uno de los buzos que encontraron los restos óseos, relata que cuando entraron en la enorme cámara de más de 30 metros de altura descubrieron en el fondo huesos de muchos animales y en una protuberancia vieron un cráneo humano con "una dentadura perfecta y las cuencas de unos ojos oscuros que nos observaban". El esqueleto fue nombrado Naia, en recuerdo a una ninfa de agua de la mitología griega.

La hipótesis más aceptada del origen de los nativos americanos es que grupos de viajeros descendientes de pobladores de Siberia llegaron a Alaska a través de Beringia, un puente de tierra que se formó hace aproximadamente 15 000 años en el Estrecho de Bering. Pero Naia y otros esqueletos muy antiguos que se han encontrado en distintos yacimientos muestran características particulares: los cráneos son largos y de frentes prominentes, a diferencia de los nativos americanos actuales, cuyos rostros tienden a ser más redondos y planos. Algunos investigadores piensan que pudieron ocurrir cuando menos dos migraciones hacia América procedentes de distintas regiones del planeta.

Naia posee características craneales similares a las de americanos muy antiguos, pero un perfil genético muy similar al de nativos americanos actuales. Esto sugiere que las diferencias anatómicas pueden deberse a cambios evolutivos que sucedieron ya en tierras americanas, pero que comparten un ancestro común. Los resultados de esta investigación se publicaron en la revista Science del mes de mayo.

 

Martha Duhne

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