UNAM
23 de abril de 2018
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¿Cómo ves?
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Ráfagas

No. 194

Encuentran el grabado más antiguo

Unos científicos holandeses descubrieron el grabado más antiguo conocido hasta hoy, de aproximadamente medio millón de años, cuando el Homo sapiens aún no había surgido en la Tierra.

Un equipo internacional de 21 investigadores dirigidos por la arqueóloga Jose Joordens de la Universidad de Leiden, Holanda, estudiaba conchas fósiles y otros objetos extraídos de un yacimiento en la Isla de Java. Las conchas forman parte de la Colección de Eugène Dubois, médico holandés que dedicó años de su vida a la tarea de encontrar evidencias que nos permitieran reconstruir la historia evolutiva del ser humano. En Indonesia descubrió los restos fósiles del Pithecanthropus erectus, un homínido que vivió entre 1.8 millones de años y 300 000 años antes del presente, y al que hoy se conoce como Homo erectus.

Entre las conchas se encontraba una diferente a las demás: se trata del fósil de un mejillón en el que, con luz rasante, puede verse un patrón geométrico tallado en forma de zigzag. Joordens y Steven Munro, del Museo Nacional de Australia, lo descubrieron hace siete años, tiempo que les tomó descartar otras posibles explicaciones del origen del grabado y asegurar que se produjo antes de que la concha se fosilizara. Los investigadores pudieron excluir también que el grabado fuera producido por animales o algún otro proceso natural y concluyeron que lo talló un Homo erectus.

La concha fue fechada utilizando dos métodos diferentes, que arrojan un resultado de entre 430 000 y 540 000 años de antigüedad, es decir cuatro veces más antiguo que el grabado que se encontró en una cueva en Sudafrica, fechado en 70 000 a 100 000 años, y que era el más antiguo conocido antes del nuevo hallazgo.

La investigación, publicada en la revista Nature a principios de diciembre pasado, demuestra que los H. erectus abrían las conchas haciendo un agujero con alguna herramienta puntiaguda, probablemente un diente de tiburón, en el lugar preciso donde se encuentra un músculo que le permite al mejillón cerrarse. Las conchas se utilizaban para construir herramientas parecidas a cuchillos. Nunca antes se había pensado que esta especie tuviera la habilidades tan desarrolladas. Este hallazgo subraya la necesidad de realizar estudios arqueológicos en Asia, región relativamente poco estudiada en relación con la evolución del Homo sapiens.

Hongos para transformar procesos industriales

Un equipo dirigido por Achim Loske Mehling del Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada (CFATA) de la UNAM y Miguel Gómez Lim, del Centro de Investigación y Estudios Avanzados Irapuato, desarrolló un método para introducir material genético de diferentes organismos en especies de hongos y obtener compuestos de interés para diferentes sectores productivos. Los hongos son organismos eucariontes, es decir, cuyas células tienen núcleo. No son animales, pero tampoco plantas: necesitan de otros seres vivos porque no son capaces de producir su propio alimento. Algunos hongos son parásitos, pero la mayoría vive sobre restos de plantas y animales. Para digerir sus alimentos secretan enzimas que aceleran la desintegración del sustrato donde se encuentran y luego absorben los nutrientes, lo que los convierte en importantes recicladores de la materia orgánica.

Desde hace miles de años se utilizan enzimas de hongos en procesos como elaborar pan y cerveza, pero las cantidades que se pueden extraer directamente de los hongos son muy bajas. La tecnología desarrollada por el equipo de Loske y Gómez, ya patentada, consiste en aplicar ondas de choque (pulsos de energía muy breves e intensos, ver ¿Cómo ves? No. 193) a frascos que contienen los hongos, lo que produce poros en la membrana de las células de éstos. Los poros dejan pasar fluidos con el material genético de otros organismos, que se incorpora al del hongo. Los científicos lograron acelerar la producción de sustancias requeridas en cantidades mayores, con cuatro especies de hongos.

El primero fue la especie Aspergillus niger, utilizada en la producción del ácido cítrico que actualmente, por costos y eficiencia, ya no se extrae de frutas como el limón y la naranja. Otra especie es la que se emplea en la producción de celulasa, enzima indispensable en la industria papelera. La tercera fue la encargada de degradar lignina, sustancia que se encuentra en los tejidos de los vegetales leñosos y también es necesaria para fabricar papel. Por último, se transformó genéticamente el hongo Fusarium oxysporum, plaga que afecta los plátanos y otros cultivos, para volverlo inocuo.

Carbohidratos y grasas: riesgos para la salud

Duplicar o incluso triplicar las grasas saturadas en la dieta no incrementa los niveles de grasa saturada en la sangre, pero elevar la cantidad de carbohidratos que consumimos sí, lo que se relaciona directamente con un mayor riesgo de padecer diabetes y enfermedades del corazón, de acuerdo con una investigación publicada en noviembre pasado en la revista PLOS ONE.

La grasa saturada consiste de ácidos grasos saturados (en especial ácido palmítico y esteárico), que no tienen enlaces dobles entre sus átomos de carbono y están “saturados” de átomos de hidrógeno. En los ácidos grasos insaturados cuando menos uno de los átomos de carbono está unido a otro por enlaces dobles. Aunque estos dos tipos de grasa regularmente se encuentran combinados en los alimentos, sus proporciones varían. Las grasas saturadas se encuentran en grandes cantidades en la carne, los huevos, los hocolates, las nueces y los lácteos.

Se cree que incrementar la cantidad de grasas saturadas, en especial las que contienen ácido palmítico, aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, pero los resultados de esta investigación, dirigida por Jeff Volek de la Universidad Estatal de Ohio, lo ponen en entredicho.

Volek y sus colegas formaron un grupo de 16 voluntarios que presentaban cuando menos tres de los cinco factores de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes: grasa abdominal, presión alta, bajos niveles de colesterol “bueno”, resistencia a la insulina o intolerancia a la glucosa y niveles altos de triglicéridos. Primero los sometieron a una dieta baja en carbohidratos por tres semanas y después les dieron a todos los participantes exactamente la misma dieta, que se modificaba cada tres semanas, durante 18 semanas. La dieta empezó con 47 gramos de carbohidratos y 84 de grasa saturada por día y terminó con 346 gramos de carbohidratos y 32 de grasas saturadas. Al revisar los niveles de ácido palmitoleico (común en el tejido adiposo humano sintetizado a través del ácido palmítico), los científicos encontraron que disminuyeron con la dieta alta en grasas y baja en carbohidratos y aumentaron cuando se elevaron los niveles de carbohidratos. Los niveles altos de este ácido se relacionan con la obesidad y mayores riesgos de resistencia a la insulina, intolerancia a la glucosa, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y cáncer de próstata.

En todos los participantes aumentó el nivel de ácido palmitoleico al incrementar la ingesta de carbohidratos, pero los valores variaron en cada individuo.

Descubren mosaicos griegos

El proyecto de excavación Zeugma, dirigido por Kutalmis Görkay, en el que participan el Instituto de Arqueología de la Universidad de Oxford, el Instituto Packard de Humanidades y el Ministerio de Cultura de Turquía, encontró tres mosaicos griegos en la ciudad turca de Zeugma, en la provincia de Gaziantep, al sur del país y muy cerca de la frontera con Siria. Los mosaicos datan del siglo II a. C. y están en perfecto estado de conservación.

El primero de los mosaicos es una representación de las nueve musas. En el centro se encuentra Calíope rodeada de sus hermanas. Calíope es la mayor de las nueve musas y se relaciona con la poesía épica y las artes. El segundo mosaico representa a otros dos personajes de la mitología griega, Océano y Tethys, y el tercero, más pequeño, representa a un hombre joven. Los mosaicos fueron elaborados con vidrios de colores intensos y se encontraban en el cuarto de una casa grande, que los arqueólogos nombraron “la Casa de las Musas”.

Zeugma fue una importante ciudad fundada originalmente como asentamiento griego, alrededor del año 300 a. C. por Seleuco Nicátor, uno de los generales de Alejandro Magno. Cerca del año 64 a. C. fue conquistada por Pompeyo y en el 31 a. C. fue nombrada Zeugma, que significa puente, en referencia a una construcción sobre el río Eufrates que la comunicaba con la ciudad de Apamea, en la otra orilla. Por encontrarse en la ruta de la seda, fue una ciudad grande y próspera que llegó a tener mas de 80 000 habitantes y entre 2 000 y 3 000 casas.

Se han encontrado importantes restos arqueológicos en la ciudad, pero en el año 2000 el gobierno turco decidió construir en el sitio una presa que sumergió 80% de la ciudad. El gobierno turco ha declarado a Zeugma sitio de interés arqueológico especial, por lo que los restos de la antigua ciudad que se localizan en una colina podrán ser excavados y recuperados, lo que no podrá hacerse con una parte importante de la ciudad antigua que desapareció bajo las aguas después de la construcción de la presa.

2015, Año Internacional de los Suelos

Nuestros suelos están en peligro debido a la expansión de las ciudades, la deforestación, el insostenible uso de la tierra y las prácticas de gestión, la contaminación, el sobrepastoreo y el cambio climático. El ritmo actual de degradación de los suelos pone en peligro la capacidad de satisfacer las necesidades de las generaciones futuras. Por estas razones, la 68ª sesión de la Asamblea General de la ONU declaró el 2015 como Año Internacional de los Suelos.

Los suelos son de enorme importancia para la producción de alimentos, combustibles, fibras y productos médicos y son esenciales para los ecosistemas; desempeñan un papel fundamental en el ciclo de carbono, almacenan y filtran agua y también intervienen en los efectos de inundaciones y sequías. Pero a diferencia de otros recursos, éste se mantiene casi invisible a los ojos de la mayoría de la población. Y es que el suelo, como los ecosistemas, requiere cientos de años para formarse y tener la capacidad de aportar nutrientes a la vegetación.

Alimentar a una población creciente y atender las necesidades de más de 805 millones de personas que actualmente padecen hambre y desnutrición va a aumentar la presión que ejercemos sobre nuestros suelos, de ahí la importancia de mantenerlos sanos y productivos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que un tercio de todos los suelos están en proceso de degradación debido a la erosión, compactación, obturación, salinización, agotamiento de la materia orgánica y los nutrientes, acidificación, contaminación y otros procesos, y calcula que, a menos de que adoptemos enfoques nuevos, la superficie mundial de tierra cultivable y productiva por persona equivaldrá en el año 2050 a sólo una cuarta parte del nivel que tenía en 1960.

En México, se estima en 57% el porcentaje de territorio dedicado a actividades agropecuarias. Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) dados a conocer a finales del año 2013 en el informe “Manejo Sustentable del Suelo en México”, cerca de la mitad del territorio sufre algún nivel de degradación química, física, hídrica o eólica; el 42.04% del territorio nacional está afectado por algún nivel de pérdida de suelo por erosión hídrica, y el 88.96% por erosión eólica.

 

Martha Duhne

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Experimentos con animales, ¿mal necesario?

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