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16 de enero de 2018
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Ráfagas

No. 201

La extinción actual de la biodiversidad

Un estudio reciente dirigido por Gerardo Cevallos, del Instituto de Ecología de la UNAM, en el que participó un equipo de científicos del Instituto de Biología, también de la UNAM, de la Universidad Stanford y de las universidades de Princeton y de Florida, muestra que la vida en la Tierra ha entrado en una etapa de extinción masiva como no había sucedido desde la desaparición de los dinosaurios, hace más de 65 millones de años.

La extinción de especies es un proceso natural que ha ocurrido durante toda la historia de la vida en el planeta. Antes de que apareciera el Homo sapiens se extinguían especies a un ritmo que se conoce como índice de extinción de fondo, o prehumano. Contamos con registros de especies que han desparecido después de la llegada de la humanidad. Por ejemplo, a partir de los restos fósiles de aves encontrados en las islas de Oceanía, se estima que en los
2 000 años que han pasado desde que las islas fueron colonizadas por seres humanos, se han extinguido cerca de 1 800 especies.

Los investigadores analizaron las tasas de extinción actuales en especies de vertebrados y las compararon con las de fondo. El índice de extinción de fondo de vertebrados que usaron fue de dos extinciones cada 100 años por cada 10 000 especies, casi el doble de lo que se había utilizado en investigaciones previas, lo que dio como resultado cifras más conservadoras al comparar con los índices de extinción actuales.

De acuerdo con datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), se han documentado 338 especies de vertebrados extintas desde 1550 y 279 especies probablemente extintas o extintas en libertad (pueden quedar ejemplares en cautiverio), lo que dio un total de 617 especies de vertebrados en estas tres categorías. La mayoría de las extinciones ocurrieron desde 1900.

Tomando el índice de extinción más conservador, que incluye solamente los datos de especies extintas, y el menos conservador, que incluye las tres categorías, se obtiene una cifra entre ocho y 100 veces mayor que los índices de extinción de fondo. Esto significa que en las condiciones de antes de la aparición de los humanos, sólo se hubieran extinguido nueve especies de vertebrados en ese lapso.

Los índices de extinción varían en cada grupo de vertebrados. El de los anfibios, con 7 300 especies conocidas, es el más afectado. Sólo se habían documentado 34 extinciones desde 1500, pero es muy probable que más de 100 especies de anfibios hayan desaparecido desde 1980. Este dato puede marcar una tendencia real en miles de especies de vertebrados que no han sido evaluadas, en especial de reptiles y de peces, lo que confirma la crisis de extinción actual.

Los investigadores hacen énfasis en que usaron índices altos para las extinciones de fondo y conservadores para las extinciones post-humanas, por lo que sus cálculos muy probablemente subestiman la gravedad del problema actual. Pero aún así, se puede concluir que los índices de extinción son muy altos y que siguen elevándose. Si no logramos detenerlos, en menos de tres generaciones nos encontraremos desprovistos de buena parte de la biodiversidad y de muchos de sus beneficios. Y será una pérdida permanente: en las extinciones masivas del pasado el planeta tardó millones de años en recuperar su diversidad biológica.

Los investigadores, que publicaron sus resultados en la revista Science Advances en su edición de junio, aseguran que aún podríamos evitar esta pérdida irreparable, pero necesitaríamos actuar rápido para conservar las especies que se encuentran en riesgo y disminuir la presión que ejercemos en sus poblaciones, en especial la pérdida de sus hábitats debido al cambio del uso de suelo, la sobreexplotación de los recursos y el incremento en el uso de combustibles fósiles, todos relacionadas con el aumento poblacional, el incremento del consumo y la inequidad. Pero esta ventana de oportunidad se está cerrando.

Es desconsolador pensar en un planeta sin lobos, jaguares, osos hormigueros, manatíes, monos araña y saraguatos, águilas arpías, guacamayas rojas, tortugas marinas, ajolotes o vaquitas marinas, por mencionar sólo algunas de las especies de vertebrados mexicanos que se encuentran en peligro.

Iniciar pronto el tratamiento contra el VIH

Un ensayo clínico internacional encontró que las personas infectadas por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) tienen un riesgo considerablemente menor de desarrollar sida y otras enfermedades graves si empiezan a tomar los medicamentos antirretrovirales desde el momento del diagnóstico, cuando su conteo de células T CD4 (medida clave de la salud del sistema inmunitario) sea aún alto.

Los linfocitos T CD4 son células del sistema de defensa, o inmunitario, que cumplen con la función de alertar y activar ese sistema cuando detectan la presencia de patógenos, para que otras células puedan cumplir con su papel de defensa. Son además un tipo de células que elige el VIH para reproducirse. El virus se introduce en ellas y manipula su código genético para que la maquinaria celular se dedique a hacer copias del VIH. El conteo de células T CD4 en la sangre de las personas infectadas se usa actualmente para determinar su estado de salud. Cuando la cantidad de estas células disminuye hasta cierto nivel, aparecen los síntomas principales del síndrome de inmunodeficiencia adquirida o sida.

Durante años los médicos pensaron que los riesgos de iniciar el tratamiento antirretroviral en las primeras etapas de la infección eran mayores que los beneficios, y recomendaban iniciarlo sólo cuando el nivel de células T CD4 llegara a niveles por debajo de 350 por milímetro cúbico. El estudio, titulado “Momento estratégico para el tratamiento antirretroviral”, o START por sus siglas en inglés, empezó en 2011 en 215 hospitales o institutos de 35 países, y participaron
4 685 personas infectadas con el VIH que nunca habían tomado el tratamiento antirretroviral. A cerca de la mitad de los participantes se les empezó a dar el tratamiento en las etapas tempranas, y al resto hasta que su conteo de células T CD4 llegó a menos de 350 células por milímetro cúbico. Todos los pacientes estuvieron en observación durante tres años. Se detectaron 41 muertes o eventos de salud graves, relacionados o no directamente con el sida en el caso del grupo de los que empezaron a tomar el tratamiento en las primeras etapas de la infección, y 86 casos en el segundo grupo. Es decir que el riesgo de desarrollar enfermedades graves o incluso de morir se redujo en un 53% entre los que iniciaron el tratamiento de antirretrovirales en sus etapas iniciales. Los resultados del estudio fueron dados a conocer por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

Prueba para predecir Alzheimer

Investigadores del Centro Médico de la Universidad Rush, en Chicago, realizaron un estudio que sugiere que las fallas cognitivas y de la memoria pueden servir para predecir la aparición de la enfermedad de Alzheimer hasta 18 años antes de diagnosticarse. El mal de Alzheimer es un padecimiento progresivo y degenerativo del cerebro que provoca deterioro de la memoria, el pensamiento y la conducta. Según el Instituto de Neurología y Neurocirugía, en México a más de 350 000 personas se les ha diagnosticado esta enfermedad, aunque la cifra podría ser mayor debido a que se registran menos casos de los que hay.

Linfocito. Los investigadores diseñaron pruebas para medir la memoria y las capacidades cognitivas (que se relacionan con la habilidad de planear, organizar, percibir y pensar) de
2 125 personas mayores de 65 años, 73 en promedio. El estudio se repitió cada tres años durante 18 años. En este lapso, 442 personas, o el 21% de los participantes, desarrollaron la enfermedad de Alzheimer. De acuerdo con los resultados, durante el primer año del estudio las personas que obtuvieron las evaluaciones bajas en las pruebas tuvieron casi 10 veces más probabilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer que las que obtuvieron puntuaciones altas.

Los cambios que desembocan en la enfermedad son tan sutiles que no pueden aún detectarse mediante imágenes del cerebro ni siguiendo los cambios funcionales de cada persona. Pero estudiando grupos grandes de personas se puede intentar descubrir qué características distinguen a las que más tarde presentarán la enfermedad, según Kumar Rajan, quien dirigió la investigación publicada en junio en Neurology, revista de la Academia de Neurología de Estados Unidos.

Los resultados del estudio sugieren que en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer ciertos cambios físicos y biológicos suceden mucho antes de que se deterioren la memoria y los procesos cognitivos. Los esfuerzos para prevenir esta enfermedad podrían requerir una mejor comprensión de estos procesos.

La sensibilidad de los chimpancés

Un estudio reciente realizado por investigadores del Instituto de Antropología de la Universidad de Zúrich, Suiza, proporciona la primera evidencia de que los chimpancés, igual que los seres humanos, son sensibles a lo que consideran como conductas apropiadas en otros chimpancés, sobre todo conductas relacionadas con las crías.

Las normas sociales, que son expectativas acerca de cómo deben comportarse los demás en un contexto dado, funcionan como una guía para la vida social humana. Su existencia se hace explícita cuando se violan.

Para explorar el origen evolutivo de las normas sociales en humanos, los investigadores presentaron a grupos de chimpancés de dos zoológicos suizos videos de chimpancés desconocidos realizando distintas actividades: abriendo nueces, cazando un mono de otra especie, agresiones entre chimpancés adultos, y por último matando a una cría de chimpancé. Los investigadores ya sabían que los chimpancés tienen la capacidad de comprender y reaccionar a la información presentada por medio de videos.

Los videos fueron presentados seis veces en total: una vez al día, durante tres días consecutivos, por dos semanas.

Los chimpancés observaron con atención la escena del asesinato de la cría de su misma especie cuatro veces más tiempo que las otras, lo que demuestra que reconocen claramente que agredir a una cría es más grave que agredirse entre adultos. Y es un indicio de una expectativa social violada. De acuerdo con los investigadores, ésta es una norma protosocial, en la que los individuos reaccionan a la violación de lo que se espera como conducta aceptable. Sin embargo, los chimpancés no reaccionaron violentamente a la escena, lo que sugiere que tienen la capacidad de detectar violaciones a las normas de conducta esperadas, pero sólo responden emocionalmente cuando éstas suceden dentro de su grupo. Los resultados de la investigación, publicados en la revista Human Nature en el mes de junio, se suman a la creciente evidencia que identifica los componentes básicos de la conducta moral humana en nuestros parientes vivos más cercanos.

 

Martha Duhne

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