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18 de julio de 2018
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Ráfagas

No. 213

Estructuras neandertales en una cueva

Un equipo de arqueólogos estudió una extraña estructura construida con estalagmitas que se encuentra en las profundidades de una cueva situada en Bruniquel, en el suroeste de Francia, y al fecharlas concluyó que se trata de la obra de neandertales que habitaban la región miles de años antes de la llegada de los seres humanos modernos.

La historia empieza en 1990 cuando un grupo de paleontólogos recorrió la cueva, a veces metiéndose por pasajes estrechos en los que era necesario andar a cuatro patas. A cerca de 330 metros de la entrada llegaron a un espacio amplio donde descubrieron una curiosa formación de piedras apiladas y más de 400 estalagmitas y fragmentos de éstas, todos de un tamaño similar, acomodados en formaciones casi circulares, algunas de más de seis metros de ancho. Resultaba evidente que no era una formación natural ni resultado de la actividad de algún animal.

En 1995 se fechó un pequeño fragmento de hueso quemado localizado en el sitio. La prueba del carbono 14 arrojó una antigüedad de por lo menos 47 600 años, la máxima que podía determinarse con esa técnica. La investigación del sitio se detuvo sin haber llegado a ninguna conclusión acerca de su origen al morir el arqueólogo que dirigía la excavación.

Luego de más de 15 años, Sophie Verheyden, del Instituto de Ciencias Naturales de Bruselas, visitó la cueva que se localiza en una propiedad privada del valle de Aveyron, en una área rica en yacimientos paleolíticos. Le interesaron las estructuras, y tiempo después logró reunir un equipo de arqueólogos, geocronólogos (especialistas en determinar la antigüedad y sucesión cronológica de acontecimientos geológicos) y otros expertos para estudiar el sitio.

Después de años de estudios, los investigadores piensan que las estalagmitas en alguna época formaron parte de unas bardas rudimentarias. Algunas tienen señales de haber estado en contacto con fuego, lo cual sugiere que en la cueva se hacían fogatas. Se determinó que algunas estalagmitas fueron separadas de su base y colocadas en sitios específicos para formar las estructuras semicirculares. A partir del análisis de la calcita acumulada en las estalagmitas, Jaques Jaubert, de la Universidad de Burdeos, Francia, y su equipo, lograron determinar que las estructuras fueron construidas entre 174 400 y 178 600 años atrás. Los investigadores concluyen que se trata de un asentamiento neandertal, ya que no conocemos otros homínidos en esa época en Europa y los seres humanos modernos salieron de África hace sólo 100 000 años.

Hasta ahora los investigadores no han encontrado restos óseos de humanos primitivos, herramientas de piedra ni otras evidencias, solamente un agujero en el suelo de la cueva de donde fue arrancada una estalagmita.

Sabemos poco de las culturas neandertales, particularmente de las más antiguas. Pero la presencia de estas estructuras a más de 300 metros de la entrada indica que sus constructores ya habían aprendido a explorar cuevas profundas y oscuras y que, mucho antes de lo que se suponía, ya tenían comportamientos considerados complejos y modernos, como cortar intencionalmente las estalagmitas a una altura precisa y colocarlas en posiciones determinadas. Contamos con muy pocas evidencias de simbolismos en los neandertales, solamente algunos grabados en la pared de una cueva y garras de águila posiblemente usadas como collares. Antes del descubrimiento de Bruniquel, las pinturas de la cueva de Chauvet, Francia, con sólo 38 000 años, eran la evidencia más antigua de homínidos utilizando una cueva.

Estos círculos de estalagmitas sugieren que los neandertales quizá también construyeron estructuras en la superficie, aunque los posibles vestigios de éstas, probablemente hechos de madera, huesos o pieles de animales, no soportaron el paso del tiempo. La investigación fue publicada en la revista Nature en mayo.

Alzheimer y memoria

Una prueba clínica personalizada, realizada en 10 pacientes en las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer, mostró que la pérdida de memoria y el deterioro cognitivo pueden frenarse y revertirse. La mejora fue sostenida y algunos pacientes pudieron incluso volver a trabajar, recuperaron su capacidad de hablar diferentes idiomas, y mostraron un aumento en el volumen de materia cerebral después de pocos meses de seguir el tratamiento.

La Secretaría de Salud define el mal de Alzheimer como la más común de las demencias, una enfermedad progresiva y degenerativa del cerebro que provoca deterioro de la memoria, pensamiento y conducta. En México se han registrado cerca de 350 000 personas con esta enfermedad y en Estados Unidos entre cuatro y cinco millones. El Alzheimer está en proceso de convertirse en uno de los problemas de salud más graves tanto en nuestro país, como en el mundo.

El nuevo tratamiento, llamado MEND (Metabolic Enhancement for Neurodegeneration), se basa en una rutina en la que intervienen 36 factores diferentes, como la dieta, el ejercicio y los hábitos de sueño, además de ciertos medicamentos, vitaminas y terapia de estimulación cerebral. El tratamiento se diseñó específicamente para cada paciente, porque la enfermedad afecta a cada persona de manera distinta. Todos los participantes tenían una característica en común: eran portadores de al menos un copia del gen APOE4, que se ha asociado con un 65% de probabilidad de padecer la enfermedad. Si los resultados de esta investigación se confirman, se modificaría la recomendación médica de no hacerse la prueba del gen APOE4. El saber si se es portador aun antes de que aparezcan los síntomas podría ayudar a frenarlos con la ayuda del tratamiento recién descubierto. El equipo de investigadores informó que la mejoría de los pacientes se mantuvo durante el tratamiento, pero aún no está claro cuánto tiempo durará. Hasta ahora han pasado cuatro años sin que se haya detectado ningún deterioro.

Este estudio, publicado en el mes de junio en la revista Aging, es el primero que muestra objetivamente que la pérdida de memoria puede ser reversible y la mejoría duradera.

Agujero negro se alimenta de gas frío

Un equipo internacional de astrónomos en el que participa Roberto Galván Madrid, del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM, en Morelia, Michoacán, reportó en la revista Nature observaciones del entorno de un agujero negro supermasivo. Éste se encuentra en el centro de la galaxia más brillante y pesada del cúmulo Abell 2597, conocida como BCG (siglas en inglés de "galaxia más brillante del cúmulo"), a una distancia de 1 000 millones de años luz de la Tierra (que no es tan grande como podría parecer: para los astrónomos, estas distancias son el entorno inmediato de nuestra región del cosmos).

Los agujeros negros pueden ser de masa estelar, es decir, de unas cuantas veces la masa del Sol, o supermasivos, con masas iguales a millones de veces la masa del Sol. El que se localiza en el centro de BCG es 300 millones de veces más masivo que nuestra estrella. Hoy los astrónomos piensan que prácticamente todas las galaxias tienen un hoyo negro supermasivo en su centro (y la nuestra lo tiene, pero es de 4.3 millones de masas solares).

Los astrónomos detectaron tres nubes de gas frío y denso de una masa de más de un millón de veces la del Sol precipitándose a diferentes velocidades hacia el agujero negro supermasivo. La observación fue realizada con el radiotelescopio ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), compuesto por 66 antenas de alta precisión ubicadas en el llano de Chajnantor, a 5 000 metros de altitud en el norte de Chile.

Ésta es la primera evidencia directa de que un hoyo negro no sólo absorbe gases súper calientes que giran en órbita a su alrededor (como se suponía hasta hace poco), sino también gas frío que cae directamente al agujero negro, casi como una lluvia, como predecían algunos cálculos y simulaciones recientes.

Fuentes de azufre atmosférico

Con la ayuda del satélite AURA de la NASA, un equipo de científicos de Canadá y Estados Unidos estudió la composición de la atmósfera en diferentes regiones del planeta, buscando localizar fuentes de dióxido de azufre, precursor de la lluvia ácida y uno de los seis contaminante atmosféricos más dañinos para la salud humana y los ecosistemas.

Los volcanes liberan este gas de forma natural, pero cerca del 93% proviene de centrales eléctricas y de la explotación de yacimientos de gas o petróleo. Hasta hoy resultaba difícil determinar los niveles exactos de dióxido de azufre en la atmósfera debido a que los inventarios globales, que recogen datos de todos los países, están incompletos y desactualizados.

Chris McLinden, del Ministerio del Ambiente y el Cambio Climático de Canadá, autor del estudio publicado en mayo en la revista Nature Geosciences, pensó que usar satélites podría ayudar a cambiar esa situación, y durante 10 años él y un equipo de científicos se dedicaron a calcular los niveles atmosféricos del contaminante y los combinaron con información sobre la dirección y velocidad de los vientos para localizar las fuentes específicas de emisión.

Entre 2005 y 2014 detectaron 39 fuentes de emisiones que no habían sido reportadas, las cuales contribuyen con el 12% de las emisiones antropogénicas de dióxido de azufre y tienen un importante impacto en la calidad del aire tanto global como local. Estos lugares se localizaron en el golfo Pérsico, China, India, Rusia y México.

Los niveles de México resultaron sorprendentes, ya que a pesar de que las emisiones de dióxido de azufre reportadas para el periodo 2005-2011 sumaban un promedio de 1 160 kilotoneladas por año, los datos recabados por el satélite demuestran que este número es en realidad de 1,890 kilotoneladas por año, es decir, que existe un subregistro de cerca del 40%. También se detectaron sitios en los que se liberaba SO2 en cantidades masivas: los yacimientos petrolíferos de Cantarell y Ku-Maloob-Zaap, en el Golfo de México.

Si estos datos se corroboran, México se verá obligado a reducir la cantidad de emisiones que libera a la atmósfera. Los datos de emisiones que produce cada país ya no dependerán de lo que se reporte, que probablemente no sea exacto, sino de los datos que se obtengan por medio de este nuevo método.

 

Martha Duhne

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