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18 de enero de 2018
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Ráfagas

No. 214

Revillagigedo, Patrimonio Natural de la Humanidad

El pasado 17 de julio la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) inscribió 21 nuevos sitios en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad, entre ellos el Archipiélago de Revillagigedo.

El archipiélago, que forma parte del estado de Colima, está integrado por tres islas: Socorro, de 132 km², Clarión, de 20, San Benedicto, de seis, y un islote, Roca Partida, de 0.14, que se localizan en el Océano Pacífico, 390 kilómetros al suroeste de Cabo San Lucas, Baja California Sur, y cerca de 700 de las costas de Colima.

Se trata de un sitio notable por varias razones: como sucede en otras islas, el proceso de especiación (aparición de nuevas especies) es más intenso que en tierras continentales. Y como resultado el archipiélago alberga un gran número de especies endémicas, además de una importante diversidad biológica.

El archipiélago recibió su nombre del Conde de Revillagigedo, virrey de Nueva España, a finales del siglo XVIII, pero lo dio a conocer casi dos siglos antes, en 1533, Hernando de Grijalva, navegante que viajó por las costas del Océano Pacífico americano bajo las órdenes de Hernán Cortés.

Han visitado las islas corsarios, exploradores, geógrafos, balleneros y naturalistas, entre ellos Alexander von Humboldt. En 1952 una expedición estuvo allí para estudiar la erupción de un volcán en la Isla San Benedicto.

En la parte externa de Revillagigedo, en las profundidades oceánicas, se extiende un sistema montañoso submarino con algunas cimas que rebasan el nivel del mar, como las islas Roca Partida, Socorro y San Benedicto. La Isla Socorro es un volcán inactivo, el Evermann, que tiene una altura de 1 150 metros sobre el nivel del mar con muy escasa cubierta vegetal de tipo matorral árido.

El lado oeste de la isla está formado por enormes rocas con numerosas cavernas y en sus costas se encuentra una zona en la que se mezclan aguas dulces con saladas, que penetra tierra adentro cerca de 400 metros. A nivel del mar la vegetación es de matorrales y un poco más arriba hay selvas de amates, zapotillos y guayabillo. Aquí habitan 117 especies de plantas, 33% de las cuales son endémicas, y 18 especies de hongos, dos de ellos endémicos.

La Isla Clarión, también de origen volcánico, cuenta con tres montañas: al este el Monte Gallegos, con 335 m de altura; en la parte central el Monte de la Marina, con 280, y al este el Pico de la Tienda, con 292. Tiene una meseta cubierta de pastos y árboles pequeños. En las pendientes del lado sur y en las partes bajas crecen cactáceas y el resto de su superficie está cubierta por selvas bajas y matorrales. En total cuenta con 43 especies de plantas, 26% de ellas, endémicas.

La máxima altura de la Isla San Benedicto es el volcán Boquerón, de 297 metros sobre el nivel del mar. Su vegetación es de selvas bajas, matorrales y dunas costeras, con 11 especies de plantas.

El islote Roca Partida está formado por dos macizos rocallosos unidos por un camellón con una altura máxima de 34 metros.

Los únicos vertebrados residentes de las islas son aves y reptiles. No hay anfibios ni peces de agua dulce y no hay reptiles en Roca Partida ni en San Benedicto. Existen cuatro especies de reptiles, dos de hongos, tres de moluscos, una de insectos, 11 de peces y 16 de aves que son endémicas.

Las islas son un sitio de alimentación, crecimiento y anidación de cuatro especies de tortugas marinas, todas en peligro de extinción: golfina, carey, prieta y laúd. Cerca de la isla habitan mas de 20 especies de tiburones y son abundantes también las manta gigantes. Se han registrado asimismo 21 especies de ballenas y delfines.

La increíble biodiversidad que existe hasta nuestros días en las islas se explica —cuando menos en parte— por la distancia del continente y su aislamiento. Sin duda este nuevo nombramiento por parte de la UNESCO ayudará a su conservación.

Grasa y tumores cerebrales

Un estudio reciente publicado en julio en la revista Neuro-Oncology reveló evidencias de que los tumores que se desarrollan en el cerebro utilizan la grasa como su fuente de energía preferida y no azúcar, como se suponía hasta ahora.

La idea de que el crecimiento del cáncer depende de la glucosa se aceptó desde 1950, cuando Otto Warburg, un científico alemán que obtuvo el premio Nobel de Medicina, encontró que los tumores la utilizan como su principal fuente de energía. Este proceso, conocido como efecto Warburg, se utiliza en el diagnóstico de tumores cancerosos, y cuando se realiza una tomografía de emisión de positrones, o PET, lo que se obtiene son los lugares donde el cuerpo está consumiendo más glucosa que en condiciones normales.

Sabemos que el cerebro necesita glucosa como fuente de energía, por lo que fue natural suponer que las células tumorales del cerebro también.

Un glioma es un tipo de tumor del cerebro que crece a partir de células gliales, que dan soporte a las neuronas y constituyen cerca del 90% de las células del cerebro. Existen tres tipos de tumores gliales: el astrocitoma, el oligodendroglioma y el glioblastoma, y son extremadamente difíciles de tratar.

El equipo de la Universidad de Newcastle, Reino Unido, trabajó con tejido de tumores cerebrales humanos extirpados y con roedores vivos con cáncer, a los que se trató con un inhibidor de ácidos grasos, el etomoxir.

Cuando se estudian tumores cerebrales, se los suele poner en un cultivo con sangre. Pero la sangre es rica en azúcar, así que el equipo de investigadores decidió sustituir el sustrato y utilizar un suero libre de glucosa. El resultado fue que en presencia de etomoxir, el tumor frenó su crecimiento.

Los científicos aclaran que los resultados son solamente un primer paso que ha resultado positivo en modelos animales y en cultivos celulares, y que es demasiado pronto para asegurar su eficacia en seres humanos. Pero si estos resultados se confirman, es probable que se modifique el tratamiento de tumores cerebrales.

Comunicación entre aves silvestres y humanos

Que las personas y sus mascotas se entiendan es algo conocido, pero que esto suceda con animales no domesticados es muy poco común.

En zonas rurales de varios países del África subsahariana se dice que existen unos pájaros que por medio de sonidos guían a las personas hacia colonias de abejas para que recolecten miel. Y que los agradecidos cazadores de miel dejan restos del panal para que se alimentes sus guías, las aves Indicator indicator.

Claire Spottiswoode, de la Universidad de Cambridge y de la Universidad de Ciudad de Cabo, se interesó en el tema cuando lo oyó por primera vez a los 11 años de edad en una charla de Hussein Isack. El ornitólogo keniano aseguraba que él había seguido a los cazadores de miel y oído los trinos de los pájaros guía.

Años después, Spottiswoode reunió un equipo de trabajo y se dirigió a la Reserva Nacional Niassa, en Mozambique, a estudiar este raro fenómeno. Los investigadores decidieron grabar la vocalización específica que emiten los cazadores de miel Yao para atraer a las aves. En 72 ejercicios, los científicos reprodujeron uno de tres sonidos: el llamado de los Yao, el trino de la paloma de cuello rojo, y un sonido cualquiera. Y llevaron un registro de la conducta de las aves, que respondieron con su canto al llamado correcto 66% de las veces, guiando a los cazadores, que encontraron miel en 81% de los casos. El porcentaje de hallazgos fue significativamente menor cuando utilizaron los otros dos sonidos.

La investigadora demostró que la leyenda es real: es un hecho que cuando los cazadores de miel Yao hacen un llamado específico, las aves indicadoras acuden en su ayuda para guiarlos, lo que aumenta la probabilidad de encontrar un panal. Esta interacción sugiere que las aves son capaces de entender el significado de cooperar con los cazadores, un caso poco común de mutualismo entre humanos y un animal salvaje. Los resultados de esta investigación fueron publicados el pasado mes de julio en la revista Science.

Relación entre dengue y zika

Las personas que han padecido dengue podrían ser más propensas a desarrollar la enfermedad del virus de zika, lo que explicaría las complicaciones y la gravedad de las infecciones en Centro y Sudamérica.

En algunas regiones de Brasil, por ejemplo, hasta el 90% de las personas tienen anticuerpos para el dengue, lo que es señal de infecciones pasadas. Y esos anticuerpos pueden interferir con la respuesta inmunológica al zika e incrementar su capacidad de replicarse, de acuerdo con dos estudios independientes realizados este año. Además, los anticuerpos desarrollados después de una infección de un tipo de dengue no sirven para proteger a la persona de otro tipo del mismo virus, más bien parece que lo favorecen, lo cual complica el tratamiento de la infección.

El zika se considera como una enfermedad no grave en otras partes del mundo, pero en Brasil la infección produce síntomas mucho más serios, incluyendo defectos de nacimiento en bebés que contraen la enfermedad en el vientre de sus madres, y en pocos casos, parálisis temporal del síndrome de Guillain-Barré.

El primer estudio fue realizado por investigadores de la Universidad del Golfo de Florida. En abril pasado ellos informaron en el portal bioRxiv que al mezclarse cultivos de virus del zika con anticuerpos contra dengue cultivados in vitro y los obtenidos en el suero de la sangre de pacientes con dengue, los virus proliferaron drásticamente.

En un artículo publicado en la revista Nature Immunology, un grupo de investigadores del Imperial College de Londres reporta resultados similares. Al añadir plasma sanguíneo de pacientes que se habían recuperado de dengue a cultivos del virus de zika, su crecimiento aumentó cerca de 100 veces. Estos resultados tienen que ver con un fenómeno ya conocido que se denomina “amplificación dependiente de anticuerpos” y es muy posible que tengan que tomarse en cuenta en el desarrollo de una vacuna contra el zika, algo en lo que ya trabajan varios grupos de investigación.

Hasta ahora, la única protección para evitar contagiarse de zika es reducir el riesgo picadura del mosquito del género Aedes que lo transmite utilizando repelentes, mangas y pantalones largos, mosquiteros y quitando o tapando bien cualquier recipiente (incluso una corcholata) en el que pueda almacenarse agua, ya que ahí los mosquitos Aedes hembra ponen sus huevos.

 

Martha Duhne

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