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21 de agosto de 2017
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Ráfagas

No. 220

¿Debe preocuparnos la extinción de los primates?

Un equipo internacional de especialistas dirigido por Alejandro Estrada, del Instituto de Biología de la UNAM, publicó en enero un artículo en la revista Science Advances en el que concluye que el 60 % de las 504 especies de primates registradas están en peligro de extinción, y en un alarmante 75 % las poblaciones están disminuyendo.

Los primates no humanos son nuestros parientes vivos más cercanos y nos permiten entender nuestra evolución y biología. También desempeñan un papel central en la biodiversidad de muchos ecosistemas.

Los investigadores conjuntaron información del estado de conservación de las especies de primates, la Lista Roja que publica cada año la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, con las bases de datos de la ONU y las investigaciones acerca de las presiones que enfrenta cada especie.

Los primates habitan en 90 países de cuatro regiones: la tropical americana, con 171 especies, África continental con 111, Madagascar con 103 y Asia con 119. Sin embargo dos terceras partes viven sólo en cuatro países: Brasil, Madagascar, Indonesia y la República del Congo.

Las causas de que estén en un peligro tan marcado son la pérdida de hábitat por el crecimiento de la frontera agrícola, en muchos casos para sembrar plantas no comestibles, la tala y la ganadería. Otros peligros son la construcción de carreteras, la extracción de gas, la minería, la contaminación de suelos y cuerpos de agua y los efectos del cambio climático. También intervienen la caza y el comercio ilegal de mascotas. La Convención Internacional de Comercio de Especies en Peligro (CITES) reportó que de 2005 a 2014 se vendieron mundialmente cerca de 450 000 individuos.

Hace falta desarrollar medidas globales, regionales y locales para promover la conservación de estos animales que atiendan, al mismo tiempo, las necesidades humanas. Ésta será la única manera de evitar que en el futuro los seres humanos vivan en un planeta sin gorilas, lémures, chimpancés, orangutanes ni monos aulladores.

Alcohol y adolescencia

En los años 60 el gobierno sueco prohibía la venta de alcohol a personas menores de 21 años. Pero entre 1967 y 1968 se llevó a cabo un experimento social que consistió en permitir la venta de cervezas con un contenido de alcohol de entre 4.5 y 6.5 % a adolescentes mayores de 15 años en tiendas de abarrotes de dos condados suecos. Durante ese periodo, la venta de cervezas se disparó 10 veces comparada con los años anteriores y con los condados donde se mantuvo la prohibición. Debido al aumento de problemas relacionados con el consumo de alcohol, en particular entre jóvenes, el gobierno decidió interrumpir el experimento seis meses antes de lo planeado.

Han pasado casi 50 años desde entonces, y aquellos adolescentes son ahora personas de más de 60 años. Un equipo de científicos del Instituto Karolinska, en Suecia, y de la Universidad de Bristol del Reino Unido, decidió indagar sobre las posibles repercusiones del experimento.

Los científicos estudiaron las bases de datos epidemiológicas que obtuvieron de la Agencia Nacional Sueca del Seguro Social, buscando información como fecha y diagnóstico de invalidez prematura, trastornos médicos por consumo de alcohol y trastornos mentales.

Participaron en el estudio 518 810 personas, 70 761 del grupo que tuvo acceso al alcohol y 448 049 del grupo control que no lo tuvo, y que tenía entre 14 y 20 años cuando se llevó a cabo el experimento. Comparados con el grupo de control, los adolescentes que ingirieron alcohol desde edades más tempranas tuvieron más probabilidades de solicitar pensión prematura por alguna discapacidad, o sufrir enfermedades y problemas mentales relacionados con el consumo de alcohol al llegar a los 60 años.

Los resultados de esta investigación, publicados en la revista Addiction en enero pasado, demuestran que el consumo de alcohol durante la adolescencia puede generar problemas de salud física y mental a largo plazo.

Insecto insólito

Investigadores de la Universidad Estatal de Oregon descubrieron en una pieza de ámbar un insecto con características que lo separan de los conocidos, tanto extintos como actuales.

Hay más de un millón de especies de insectos descritas, más que todos los otros grupos de animales y plantas juntos. Todas pertenecen a tan sólo 31 órdenes. Pero el nuevo organismo tuvo que catalogarse como una especie, género, familia y orden nuevos, suceso extremadamente poco común en la ciencia. “Nunca había visto nada así”, aseguró George Poinar, profesor emérito experto en entomología de la Universidad de Oregon. “Parece ser único en el mundo de los insectos, y tras una discusión considerable decidimos que tenía que tomar su lugar en un nuevo orden”.

Se trata de una hembra pequeña, sin alas, que probablemente vivió en las fisuras de la corteza de distintos árboles y se alimentaba de ácaros, gusanos y hongos. Pero algunas de las características de su cuerpo la separan de los insectos conocidos. Tiene una cabeza triangular con ojos abultados y la base del cuello en uno de los vértices. Esto no ocurre en ningún otro insecto conocido y le habría dado a este animal la capacidad de girar la cabeza casi 180 grados. De su cuerpo delgado y plano emergen extremidades largas y delgadas. Parece probable que pudiera moverse con rapidez y voltear la cabeza para ver lo que ocurría detrás. Cuenta con glándulas en el cuello que posiblemente secretaban sustancias para alejar a sus depredadores.

El insecto se clasificó en el nuevo orden Aethiocarenodea, y la especie fue nombrada Aethiocarenus burmanicus, en referencia a las minas del valle de Hukawng de Myanmar, antes Birmania, donde fue encontrado. Los científicos ya han localizado otro ejemplar de este insecto, también conservado en ámbar. La especie tiene 100 millones de años de antigüedad, lo que significa que compartió nuestro planeta con una enorme diversidad de dinosaurios y otros animales y plantas ya extintas.

El resultado de este hallazgo fue dado a conocer en la revista Cretaceous Research en enero pasado.

De una explosión nuclear al origen de la Luna

Jay Day, de la Universidad de California en San Diego, y su equipo utilizaron cristales radioactivos recogidos en el sitio en el que se llevó a cabo la primera prueba nuclear estadounidense para recabar información que esclareciera el origen de la Luna, hace cerca de 4 500 millones de años.

El lunes 16 de julio de 1945, un mes antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial, se llevó a cabo la primera prueba de una bomba nuclear en una zona aislada del desierto de Nuevo México.

Setenta años más tarde, el equipo de científicos examinó la composición del cinc y otros elementos volátiles contenidos en el vidrio de color verde, llamado trinitita, formados como reacción de la arena a las temperaturas extremas que resultaron de la explosión de la bomba de plutonio. Las muestras analizadas se recogieron a una distancia de entre 10 y 250 metros del punto cero, el sitio exacto donde explotó la bomba. Cuando compararon estas muestras con otras recogidas en sitios más lejanos, encontraron que en las primeras el cinc y otros elementos volátiles se evaporaron y transformaron con las temperaturas extremas de la explosión. En cambio en las muestras más lejanas no.

El resultado de esta evaporación es similar a lo que ocurre durante la formación de un planeta. Las altas temperaturas provocan la pérdida de elementos volátiles y contribuyen a la riqueza de isótopos más pesados que los elementos originales. Varios científicos han sugerido que ocurrieron reacciones químicas similares durante la colisión de un objeto del tamaño de Marte con la Tierra, a partir de la cual se formó la Luna.

Day y sus colegas encontraron estructuras similares entre la trinitita de las rocas lunares, lo que fortalece la hipótesis de que la Luna se formó por un gran impacto. Los resultados de la investigación se dieron a conocer en la revista Science Advances en febrero de este año.

Zona de crianza del tiburón blanco

Un equipo de investigadores del Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (CICESE), de la Universidad Estatal de California y del Acuario de Monterey Bay descubrió que la Bahía de Sebastián Vizcaíno, frente a la frontera entre los estados de Baja California y Baja California Sur, es un importante sitio de crianza del tiburón blanco.

El tiburón blanco, Carcharodon carcharias, es el pez depredador más grande del mundo y habita en las aguas cálidas y templadas de casi todos los océanos. Mide en promedio 4.5 m de longitud, y pesa dos toneladas. Es un animal perfectamente adaptado para conseguir su alimento, que consiste en leones marinos, focas, pequeñas ballenas, tortugas y animales muertos que encuentra en el océano.

Desde hace más de 30 años se sabía que el área entre Point Loma y San Diego, California, es un sitio en el que viven los tiburones de esta especie en su etapa juvenil, pero los investigadores suponían que deberían existir otras regiones. Para averiguarlo analizaron los registros de capturas incidentales de tiburones blancos juveniles desde la Bahía de Sebastián Vizcaíno hasta el norte de California. La pesca de tiburón blanco, tanto comercial como deportiva, está prohibida en México desde el año 2007, por lo que las capturas se dan de manera accidental, cuando las crías quedan atrapadas en las redes de los pescadores que buscan otras especies comerciales. Los investigadores descubrieron que el número era significativamente mayor en la Bahía de San Sebastián Vizcaíno que en California, y que el 70 % de las capturas ocurrió entre mayo y septiembre.

Es importante localizar las zonas en las que se desarrollan las crías de tiburón blanco para protegerlas y asegurar su conservación a largo plazo. Con este objetivo se trabaja actualmente para cambiar el tamaño de las mallas que utilizan los pescadores y para reducir el tiempo que éstas permanecen bajo el agua. Los resultados de la investigación se publicaron a finales de enero pasado en la revista Fisheries Research en su versión electrónica.

 

Martha Duhne

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