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17 de agosto de 2017
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Ráfagas

No. 223

Tiburón sierra, a punto de desaparecer

Aunque alguna vez fueron muy abundantes en las costas mexicanas y en muchos hábitats de agua dulce, las poblaciones de tiburón sierra ya no están a la vista, pues durante las últimas décadas han tenido un declive importante. Si continúa esta tendencia podrían desaparecer de los mares mexicanos.

Así lo advierte el estudio de un equipo de investigadores de la UNAM y de la asociación civil Océanos Vivientes, quienes registraron pruebas fotográficas, así como emblemas fabricados con estos animales.

Estos materiales fueron obtenidos a través de una encuesta en la que participaron 805 personas de 71 comunidades a nivel nacional. Los expertos, dirigidos por Ramón Bonfil, de la organización Océanos Vivientes, encontraron que la abundancia y extensión tanto del tiburón sierra de diente pequeño (Pristis pectinata) como la de diente grande (Pristis pristis) comenzaron a decaer en los años 60 y 70.

“Ninguno de los encuestados en 2015 pudo dar reportes confiables de haber observado tiburones sierra en alguna parte de México durante los últimos cinco años, lo cual sugiere que sus poblaciones se han desplomado o fueron extraídas”, exponen los científicos en un artículo publicado en la revista Fisheries en mayo de este año.

Estos animales, de cara alargada y dentada en forma de serrucho —que no deben confundirse con los peces sierra— regularmente son capturados de manera accidental en las redes de los pescadores que buscan otras especies como el camarón, aunque en algunos casos también los atrapan deliberadamente para aprovechar su carne, aceite de hígado y aletas.

El tiburón de diente grande era más abundante entre los años 40 y 60, pero después empezó a declinar. La primera Norma Oficial Mexicana (NOM-059- ECOL-2001) para proteger a ambas especies se publicó en 2002.

Luego, en 2007, se aprobó otra norma que regula la explotación de estas especies marinas (NOM-029- PESC-2006). Sin embargo, dicen los autores, estas normas no se han difundido ampliamente entre las comunidades costeras, además de que el monitoreo y la vigilancia son insuficientes.

Sopa de quarks y gluones

Una “sopa” caliente de partículas subatómicas conocidas como quarks y gluones, que es la forma primordial en la que se encontraba el Universo millonésimas de segundo después del Big Bang, ha sido recreada en un experimento con altas energías en el que participan científicos mexicanos.

Esta sopa o plasma de partículas (Quark Gluon Plasma o QGP en inglés) fue obtenido mediante una colisión de protones en el detector ALICE (A Large Ion Collider Experiment) que forma parte del laboratorio de física más grande del mundo, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), localizado en la frontera entre Francia y Suiza.

El equipo, en el que participan físicos de la UNAM, la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) y el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), detectó un tipo de quarks que, según se creía, sólo podían obtenerse en colisiones de núcleos de elementos más pesados, como plomo u oro.

Este hallazgo, publicado en la revista especializada Nature Physics, permitirá estudiar en forma más simple esta exótica forma de la materia, según informó el investigador de la UAS Ildefonso León durante una conferencia de prensa el pasado 4 de mayo.

Este plasma, que se obtiene fugazmente cuando se alcanzan temperaturas de miles de millones de grados debido a los choques entre protones, es tan denso que un centímetro cúbico pesaría 40 000 millones de toneladas, comentó por su parte Gerardo Herrera Corral, otro de los autores del artículo. El físico del Cinvestav señaló que el hallazgo es importante porque se obtuvo el QGP donde no lo esperaban.

El QGP ya había sido producido en otros aceleradores haciendo chocar partículas más pesadas, como núcleos de plomo; sin embargo, esto nunca se había hecho con choques de protones (o núcleos de hidrógeno). Esto plantea una gran cantidad de preguntas a los físicos.

Homo naledi, ¿otro antepasado nuestro?

En 2013 se descubrieron fragmentos óseos humanos de cerca de 15 individuos en una cámara muy profunda, llamada Dinaledi, del sistema de cuevas Rising Star, en Sudáfrica. Para poder recuperarlos y estudiarlos era necesario entrar a gatas por un estrecho pasillo, así que se decidió que la exploración la hicieran 12 científicas, mujeres pequeñas que podían entrar al yacimiento sin problemas. Desde entonces Lee Berger, de la Universidad del Witwatersrand, Sudáfrica, John Hawks, de la Universidad de Wisconsin-Madison, Estados Unidos, y Paul Dirk, de la Universidad James Cook en Australia, han dirigido las investigaciones de un numeroso equipo internacional para descifrar la historia de esos fósiles. Las últimas investigaciones se publicaron el 9 de mayo de este año en la revista eLife.

Los huesos pertenecían a una nueva especie de homínido extinto, a la que se nombró Homo naledi y que poseía un cerebro del tamaño de un tercio del nuestro.

Los restos de la cámara Dinaledi muestran características mixtas de homínidos muy primitivos (cráneo pequeño) y de especies más recientes (piernas largas). Al principio los investigadores pensaron que el Homo naledi tenía unos dos millones de años de antigüedad. Pero en los artículos de mayo el equipo reporta la determinación de la antigüedad por diversos métodos, tras analizar tres dientes, rocas y sedimentos del lugar. Los resultados han sido sorpresivos: los huesos tienen entre 236 000 y 335 000 años de antigüedad, lo que significa que esta especie vivió al mismo tiempo que los primeros Homo sapiens.

Los autores señalan que, aunque los fósiles de Dinaledi sean recientes, la especie es quizá tan antigua como el Homo erectus (1.9 millones de años), e incluso que podría ser antepasada directa de la nuestra, pero no han convencido a la comunidad científica.

Diesel y contaminación

Aunque en las grandes zonas urbanas con altos niveles de contaminación atmosférica (como la Ciudad de México) se han aplicado normas cada vez más estrictas para tratar de controlarla, los vehículos con motores diesel contribuyen a agravar el problema.

Así lo señala una investigación publicada en la revista Nature el pasado 17 de mayo, en la cual un equipo de científicos analizó las emisiones de óxidos nitrosos (NOx) de ese tipo de vehículos en los 11 mercados principales donde son vendidos y puestos en circulación, grupo en el que está incluido México.

El estudio lo encabezaron Susan C. Anenberg, de la consultora Environmental Health Analytics LLC y Joshua Miller, del Consejo Internacional para el Transporte Limpio, ambos con sede en Washington D. C., en EU. Los científicos revisaron registros históricos de emisiones contaminantes, regulaciones en la materia, cifras de población, ventas de vehículos y proyecciones de crecimiento de las mismas en las 11 regiones objeto del estudio. Encontraron que en condiciones normales de operación, esto es, cuando ya circulan por los caminos, los vehículos diesel emiten niveles mucho mayores de NOx (por encima de las normas permitidas) que cuando son certificados en pruebas de laboratorio.

En los 11 mercados analizados, casi una tercera parte de las emisiones de vehículos diesel pesados (autobuses y camionetas) y casi la mitad de las emisiones de vehículos ligeros (autos y camionetas pequeñas) excedieron los límites establecidos.

Los óxidos nitrosos contribuyen significativamente a la contaminación por partículas en suspensión menores a 2.5 micras, además de ser precursores en la formación de ozono a nivel superficial.

Estos impactos negativos podrían evitarse, según los investigadores, mediante la adopción de normas ambientales más estrictas en dichos mercados. Para el caso de Australia, Brasil México, China e India, las emisiones excesivas de contaminantes podrían reducirse entre 80 y 90 % hacia el año 2040 al establecerse estándares como los que hoy existen en los 28 países de la Unión Europea, que fueron revisados en el estudio.

Sexo y expresión genética

Más allá de las evidentes diferencias anatómicas y fisiológicas que existen entre varones y mujeres hay otras que se expresan al nivel de la arquitectura genética, según revelaron científicos del Instituto Weizmann de Ciencias de Israel en un informe publicado en la revista BMC Biology.

Los investigadores del Departamento de Genética Molecular de ese instituto identificaron 6 500 genes que tienen diferentes efectos de acuerdo al género.

Este hallazgo muestra que las mutaciones (variaciones o alteraciones espontáneas) dañinas de esos genes tienden a acumularse en la población a frecuencias relativamente altas, lo cual apoya la hipótesis de que ambos géneros evolucionaron en forma separada, pero interconectada.

Para identificar ese cúmulo de genes, los investigadores Shmuel Petrovsky y Moran Gershoni recurrieron a la información recopilada por el proyecto GTEx, un estudio a gran escala sobre la forma en que se expresan genes en órganos y tejidos, realizado con los cadáveres de 580 donadores adultos (se dice que un gen se expresa cuando las células usan las instrucciones que contiene el mismo para fabricar la proteína a la que éste corresponde).

Los científicos examinaron 20 000 genes capaces de fabricar proteínas y los clasificaron según el sexo en busca de diferencias en la expresión de cada tejido. Por ejemplo, encontraron ciertos genes que se expresan mucho más en la piel de los varones que en la de las mujeres, de donde dedujeron que están relacionados con un mayor crecimiento en el vello corporal. Otros genes de expresión dependiente del sexo controlan el desarrollo de masa muscular (más expresión en hombres) y la acumulación de grasa corporal (más alta en las mujeres).

Petrovsky y Gershoni también descubrieron que las mutaciones dañinas tendían a acumularse más en los varones a través de sucesivas generaciones. Aunque todavía no tienen una explicación para esta diferencia, los científicos evocaron una teoría sexual propuesta en 1930, la cual postula que para garantizar la supervivencia de la especie, debe haber más mujeres que varones disponibles en la población.

 

Martha Duhne

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