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20 de agosto de 2018
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Ráfagas

No. 231

Niña cambia la teoría del poblamiento de América

Los restos de una niña de seis semanas de edad, descubiertos en 2013 en el parque arqueológico de Upward Sun River, en Alaska, por investigadores de las universidades de Copenhague, en Dinamarca, la de Alaska y la de Massachusetts, han permitido entender con mayor detalle la forma en que llegaron y se dispersaron los primeros pobladores del continente americano.

La bebé, bautizada por la comunidad local como Xach’itee’aanenh T’eede Gaay, o pequeña del amanecer, fue encontrada junto a una recién nacida, que probablemente nació muerta. Por medio de análisis genéticos se determinó que eran parientes, probablemente primas, y que vivieron hace 11 500 años en esa región de Alaska. Los estudios revelaron un hecho más importante: su información genética demuestra que si bien tienen ancestros comunes, no eran ancestros directos de los nativos americanos que conocemos hoy. Pertenecen a un grupo del cual no teníamos ningún registro, que fue llamado Antiguos Beringianos.

La teoría que proponen los investigadores de este reciente hallazgo es que los primeros colonos americanos eran originarios de algún lugar del noreste de Asia. Cruzaron desde lo que hoy es Rusia a través del estrecho de Bering por un puente que se formó en la última glaciación. Los Antiguos Beringianos permanecieron en Alaska durante miles de años. Probablemente fueron una población de algunos miles de personas que se aislaron genéticamente del resto de los amerindios y vivieron de la caza y recolección de frutos. Otro grupo continuó su viaje al resto del continente.

Dos niñas pequeñas que vivieron apenas unas horas o pocas semanas y murieron por causas desconocidas nos han ayudado a entender parte de nuestra historia evolutiva. Los resultados de esta investigación fueron publicados en la revista Nature en enero del presente año.

Rana toro: un riesgo para las ranas mexicanas

La diversidad de anfibios se encuentra amenazada a nivel mundial debido a varios factores, entre ellos la pérdida del hábitat de varias especies, la contaminación de cuerpos de agua, los efectos del cambio climático y la introducción de especies exóticas.

La rana toro, Lithobates catesbeianus, es una especie que se distribuía originalmente en el centro y sur de Estados Unidos y que se introdujo por motivos comerciales (sus ancas son muy cotizadas en el medio restaurantero) a más de 40 países en cuatro continentes. Los primeros registros en México son de finales del siglo XIX, en Nuevo León y Tamaulipas. A mediados de la década de los 60 se detectó la especie en Sinaloa.

Esta rana tiene efectos negativos en las especies nativas por muchas razones: sus renacuajos son más grandes y voraces que otros, por lo que fácilmente los desplazan, y los adultos son animales omnívoros con un rango de alimentación muy amplio, incluso comen otros anfibios. Pero la rana toro presenta un peligro mayor, y es que frecuentemente es portadora del hongo Batrachochytrium dendrobatidis, que produce una enfermedad conocida como quitridiomicosis, una de las principales causas de disminución de las poblaciones de anfibios a nivel mundial. El problema es aún mayor en México, donde cerca de la mitad de las especies de anfibios son endémicas.

Un equipo de investigadores de las universidades del Noreste en Tamaulipas, del Estado de Hidalgo, de Durango y de Aguascalientes, estudiaron los nichos a los que se ha logrado adaptar la rana toro, así como el riesgo de invasión que representa para los hábitats de 82 especies de ranas endémicas de México. Muchas especies invasoras, incluida la rana toro, pueden adaptarse rápidamente a las condiciones de las áreas colonizadas mientras que las nativas tienen áreas de distribución muy restringidas. Por eso es probable que también se adapten más fácilmente al cambio climático.

Este estudio, publicado en la revista PLOS ONE, constituye una herramienta para tomar decisiones sobre áreas para la conservación de ranas endémicas de México ante el riesgo de invasión de la L. catesbeianus.

Toneladas de basura electrónica se acumulan en la Tierra

El Global E-waste Monitor 2017, reporte elaborado por la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), la Unión Internacional de Telecomunicaciones y la Asociación Internacional de Residuos Sólidos, informa que en 2016 se generaron 44.7 millones de toneladas de basura eléctrica y electrónica, 5 % más que dos años atrás. Los expertos prevén un incremento del 17 % para 2021.

Cada año se fabrican millones de aparatos eléctricos y electrónicos: aspiradoras, microondas, cámaras de video, juguetes eléctricos, lavadoras, refrigeradores, televisores, teléfonos móviles, computadoras. El peso anual de esta producción equivale a 4 400 torres Eiffel. Cuando se acaba la vida útil de estos aparatos se convierten en basura.

Hay aparatos especialmente problemáticos. Con una población de más de 7 000 millones de personas, el informe destaca que existen cerca de 7 700 millones de teléfonos móviles activos. Su ciclo de vida promedio en Estados Unidos, China y las principales economías de la Unión Europea es cada vez menor, actualmente entre un año y medio y dos años.

Australia y Nueva Zelanda generaron 17 kg de basura electrónica por persona en 2016, el nivel más alto dentro de las agrupaciones regionales. Los países asiáticos produjeron 4.2 kg de residuos por persona, pero dentro de este grupo los volúmenes varían mucho en sus diferentes subregiones. Por ejemplo China, Hong Kong y Singapur produjeron en promedio 18 kg por persona, mientras que Afganistán y Nepal prácticamente cero. En total esta región es responsable del 40 % de los residuos electrónicos mundiales.

En los países en desarrollo los desechos electrónicos son manejados por el sector informal, a menudo a costa de la salud de los trabajadores, que no suelen tener los equipos ni los cuidados necesarios.

En promedio sólo el 20 % de los desechos electrónicos de 2016 se recogió y recicló, a pesar de contener oro, plata, cobre, platino, paladio y otros materiales recuperables de alto valor. Alrededor del 76 % terminan incinerados, en basureros, reciclados en operaciones informales o almacenados en los hogares, todo con enormes costos para la salud, ya que estos residuos contienen compuestos tóxicos.

Europa fue el segundo mayor generador de desechos electrónicos, con un promedio de 16.6 kg por habitante, pero el continente tiene la tasa de reciclaje más alta del mundo, equivalente al 35 %.

Los autores del informe sugieren intensificar los esfuerzos para mejorar el diseño de equipos eléctricos y electrónicos para facilitar su reutilización y reciclaje, así como el reciclaje de productos viejos, y dar un mejor seguimiento a los desechos electrónicos y el proceso de recuperación de sus componentes.

Descubren una rara forma de simbiosis

Investigadores de la Universidad de Montana realizaron un descubrimiento acerca de las bacterias que habitan dentro de las cigarras o chicharras. El hallazgo nos ayuda a entender los complejos procesos evolutivos que se han llevado a cabo a través de millones de años en nuestro planeta.

Muchas especies de bacterias se han adaptado a vivir en el cuerpo de otro organismo y formar relaciones benéficas para ambas especies: huésped y hospedero. Pero la relación simbiótica que se estableció entre bacterias y cigarras puede considerarse extrema.

Durante los últimos 70 millones de años, la bacteria sufrió una serie de adaptaciones para vivir dentro de estos insectos, y en el camino perdió entre 95 y 97 % de sus genes, dando como resultado uno de los genomas más breves conocidos hasta la fecha. Durante tres temporadas en que los investigadores realizaron colectas en Chile, descubrieron que un tipo de bacteria evolucionó para dar lugar a docenas de complejos de bacterias que habitan dentro del insecto, donde cada uno lleva a cabo una tarea específica. Diferentes bacterias producen los aminoácidos o las vitaminas vitales para que las chicharras crezcan y se reproduzcan. Al especializarse y quedarse sólo con algunos genes que realizan tareas específicas, las bacterias se hicieron dependientes tanto de su huésped como unas de otras. Todo un ecosistema dentro del cuerpo de un insecto.

Los resultados de esta investigación se dieron a conocer en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences en el mes de enero de este año.

Estalactitas subacuáticas

En El Zapote, un cenote localizado 90 kilómetros al norte de Tulum en el estado de Quintana Roo, hay unas estructuras subacuáticas en forma de campanas o trompetas huecas de hasta dos metros de longitud y un diámetro de 80 centímetros en su parte más ancha. Se conocen como Campanas del Infierno y nadie sabía cómo surgieron.

Estas formaciones (unas incluso crecían del tronco sumergido de un árbol), llamaron la atención de Jerónimo Avilés Olguín, del Instituto de la Prehistoria de América, en Puerto Juárez, quien tuvo la sospecha de que eran recientes y podrían haberse originado y crecido bajo el agua. Un equipo de investigadores mexicanos y alemanes tomaron muestras de las campanas y del agua que las rodea a diferentes profundidades y las mandaron a la Universidad de Heidelberg, en Alemania, donde las analizaron.

Las campanas se encuentran únicamente en un ambiente oscuro, a cerca de 30 metros de profundidad, donde el agua dulce de la lluvia cubre un cuerpo de agua salada del mar, en una zona de transición muy pobre en oxígeno, conocida como haloclina. Los resultados, publicados en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, muestran que estas formaciones tienen menos de 4 500 años de antigüedad.

Los científicos piensan que su origen es orgánico y se formaron por la acción de bacterias y algas que utilizan el CO2 disuelto en el agua y al hacerlo reducen la acidez y capacidad de ésta para retener los minerales disueltos. Esto facilita que los minerales se precipiten, formando las campanas cuando se acumulan. Se han registrado formaciones similares aunque mas pequeñas, en Nuevo México, España y Alemania, donde también están relacionadas con la presencia de microorganismos, pero es la primera vez que se detectan en México.

 

Martha Duhne

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