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10 de diciembre de 2018
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Ráfagas

No. 239

Beber alcohol, riesgo para la salud

Un equipo internacional de más de 500 investigadores concluyó que en 2016 el consumo de alcohol fue responsable directo de cerca de tres millones de muertes en el mundo. Los científicos reconocen el consumo de alcohol como un factor de riesgo en 60 enfermedades agudas y crónicas; se relaciona especialemnte con el incremento de distintos tipos de cáncer y problemas cardiovasculares. El resultado, que se dio a conocer en la revista The Lancet en agosto pasado coincide con otras investigaciones que han encontrado una relación clara entre el alcohol, muertes prematuras y discapacidad. Los patrones de consumo de alcohol varían según el país, la edad, el género, la cantidad de alcohol ingerida en promedio y padecimientos resultantes. A nivel mundial, una de cada tres personas de entre 15 y 49 años consume alcohol regularmente, lo que equivale a 2 400 millones de personas. El consumo regular se define en el estudio como 10 gramos de alcohol puro diariamente, aproximadamente el equivalente de un vaso de vino tinto (100 ml con 13 % de alcohol), una cerveza (375 ml con 3.5 % de alcohol) o un vaso de whisky u otros licores (30 ml con 40 % de alcohol). El mayor número de bebedores de alcohol se registró en Dinamarca (95.3 % de las mujeres y 97.1 % de los hombres), mientras que el más bajo correspondió a Pakistán, donde se registra que las mujeres no beben alcohol y que sólo 0.8 % de los hombres son bebedores, y en Bangladesh (0.3 %). En 2016 ocho de los países con tasas de mortalidad más bajas atribuibles al consumo de alcohol están en Medio Oriente: Kuwáit, Irán, Palestina, Libia, Arabia Saudita, Yemen, Jordania y Siria. Y los siete países con las tasas de mortalidad más altas se encontraron en las regiones del Báltico, Europa del Este y Asia Central, específicamente Rusia, Ucrania, Lituania, Bielorrusia, Mongolia, Letonia y Kazajstán. México aparece como un país en el que el habitante promedio no bebe en exceso. Los riesgos de consumir alcohol son enormes, dijo Emmanuela Gakidou de la Universidad de Washington, quien participó en el estudio, y los funcionarios de salud deberían prestar atención a los hallazgos de este estudio para desarrollar políticas y programas para mejorar la salud y el bienestar de la gente.

El tamaño de las ciudades sí importa

Las personas que viven en ciudades pequeñas son más propensas a migrar que las que viven en ciudades grandes, según un estudio realizado por el matemático mexicano Rafael Prieto Curiel, del University College de Londres, y publicado en la revista PLOS ONE.

Prieto y su equipo diseñaron un modelo matemático para identificar patrones de migración humana tomando en cuenta el tamaño de las ciudades de las que parten los migrantes y sus destinos. Para eso consideraron “ciudad” cualquier población con más de 50 000 habitantes. Las más pequeñas fueron consideradas como comunidades de zonas rurales.

El estudio observó los patrones de migraciones internas en Estados Unidos, registrando el tamaño de la ciudad de origen y de destino, y encontró que el tamaño de ambas desempeña un papel fundamental en el comportamiento de las personas que deciden migrar. Quienes vienen de ciudades de menos de 100 000 habitantes tienen el doble de probabilidades de cambiar de lugar de residencia que los que viven en ciudades con más de 10 millones de habitantes. Y los que abandonan ciudades grandes suelen dirigirse a ciudades de un tamaño similar o mayor.

Prieto asegura que los resultados de este estudio pueden tener un impacto en las políticas de integración, ya que permiten a los gobernantes predecir los sitios de destino de personas que se desplazan dentro del territorio del país y pueden ayudar a determinar qué regiones y comunidades crecerán y tendrán un mayor desarrollo en el futuro. Los investigadores encontraron que las migraciones internacionales siguen patrones diferentes. En ese caso los individuos se trasladan a ciudades en las que creen que tendrán más posibilidades de encontrar trabajo, casa y especialmente personas de su misma cultura.

Los migrantes contribuyen con sus habilidades a la prosperidad de la ciudad en la que deciden radicarse, pero la migración necesita políticas de integración y sistemas de apoyo social que permitan a los recién llegados establecerse en un nuevo entorno para evitar problemas como la segregación, la inequidad y la soledad.

El chile, herramienta de conservación

Quien alguna vez se haya frotado los ojos después de tocar chile habanero, o simplemente se lo haya comido en salsa, conoce el poder de este chile. A un grupo de científicos de la Universidad de Missoula, Montana, se le ocurrió que se podría usar alguna especie de chile para proteger las semillas de ciertas plantas de sus depredadores más tenaces: los roedores. Cuando se esparcen las semillas por las planicies que rodean las Montañas Rocosas, los ratones hambrientos no tardan en encontrarlas y devorárselas. Los investigadores propusieron cubrir las semillas con un producto de chile del género Capsicum para ahuyentar a los ratones y que las semillas pudieran germinar.

Durante cuatro años se experimentó con ceras y aceites de chile, que servían muy bien con roedores pero no tanto con hormigas y otros insectos. Concluyeron que funcionaba mejor cubrir la semilla con un polvo hecho de chile seco molido. La especie de chile que dio mejor resultado (redujo la depredación en 86 %) fue el Bhut Jolokia, Capsicum chinense, el chile más picante del mundo. Sus frutos tienen un olor y sabor mucho más intensos que los de su pariente cercano, el habanero. Para cultivar este chile se tienen que usar guantes y lentes protectores. En India, de donde proviene esta especie, se emplea para alejar a los elefantes de los cultivos.

Esta investigación, que se publicó en la revista Restoration Ecology, muestra que hay elementos naturales (como la capsaicina, que le da el sabor picante al chile) que pueden servir para conservar especies y restaurar escosistemas sin dañar al medio ambiente.

Fármaco contra la mordedura de serpientes

Científicos del Instituto de Biotecnología de la UNAM, campus Morelos, desarrollaron un antiveneno eficaz contra mordeduras de algunas especies de serpientes de México, Sudamérica, Europa, Asia y Medio Oriente. La Organización Mundial de la Salud calcula que al año cerca de 5.4 millones de personas sufren mordeduras de serpiente. Entre 81 000 y 138 000 de estas personas mueren, y alrededor del triple sufren amputaciones y discapacidades permanentes. Las personas más afectadas son trabajadores agrícolas y niños de zonas rurales. La mordedura de serpiente es un problema desatendido en países tropicales y subtropicales.

Las dos familias importantes de serpientes peligrosas en México son las Viperidae y las Elapidae. Entre las primeras destacan la serpiente de cascabel, la nauyaca y la cantil, y entre las segundas las corales, coralillos y la Hydrophis platurus, la única especie de serpiente marina del continente americano. La coral y la coralillo son tranquilas y poco agresivas; pasan su vida bajo la hojarasca, buscando animales pequeños para alimentarse. Las mordeduras ocurren generalmente porque las pisan o se sienten agredidas. Su veneno es neurotóxico y ocasiona un tipo de parálisis que puede llegar a afectar los músculos de la respiración, ocasionando muerte por asfixia. El veneno de las serpientes es una mezcla de muchas toxinas, pero sólo algunas ocasionan la muerte. Los antivenenos con los que contamos no son siempre eficaces contra mordeduras de elápidos, lo que se suple administrando dosis muy altas.

Los especialistas de la UNAM desarrollaron un antiveneno que contiene una molécula que captura las toxinas letales. Las primeras pruebas en ratones resultaron exitosas. Después lo probaron con éxito contra el veneno de la coral amazónica de agua, especie sudamericana de la familia Elapidae, para el cual no había antídoto. El antiveneno ha resultado eficaz también contra cobras y mambas de África y serpientes de Medio Oriente y Asia, en especial la cobra de India, responsable de cerca de 50 000 muertes al año. Por este trabajo Guillermo de la Rosa, autor principal del estudio, recibió el Premio Rosenkranz en Biotecnología 2018, que otorgan la Fundación Mexicana para la Salud y Laboratorios Roche. Los resultados de la investigación se publicaron en la revista Amino Acids del pasado mes de julio.

Mamá neandertal, papá denisovano

Un equipo internacional de científicos dirigido desde el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, analizó genéticamente un hueso de una niña de que vivió hace más de 50 000 años. Los investigadores descubrieron que la niña, de 13 años de edad, era descendiente de primera generación de una madre neandertal y un padre denisovano, grupo de homínidos de los que sabemos muy poco. El hallazgo del primer denisovano se realizó en 2008 y en el 2012 se encontró el fragmento de hueso de esta adolescente en la misma cueva de los montes Altai, en el suroeste de Rusia, único lugar donde se han localizado restos de esta especie.

El genoma de la madre parece ser de los neandertales que habitaban en Europa occidental, lo que muestra que estos humanos se desplazaban distancias enormes por Europa y Asia. El padre denisovano tenía ancestros neandertales, evidencia de que estas cruzas se habían dado en el pasado. En opinión de Svante Pääbo, codirector de la investigación, cuando estos dos grupos se encontraban, debieron reproducirse con más frecuencia de lo que pensábamos. Pääbo, del Instituto Max Planck, recibió este año el Premio Princesa de Asturias por haber sido el responsable del primer equipo científico que pudo extraer ADN de una especie humana extinta.

Durante años se pensó que la evolución de los seres humanos había sido un proceso lineal, en el que unos homínidos se habían transformado a través de cientos de miles de años hasta llegar a nosotros. Pero hoy conocemos cinco especies de homínidos que coexistieron en tiempos de los neandertales. Por razones que desconocemos, sólo sobrevivió una: el Homo sapiens. Las evidencias parecen demostrar que tres especies de homínidos —sapiens, neandertales y denisovanos— tuvieron relaciones sexuales y descendientes fértiles.

Los resultados de esta investigación se publicaron en la revista Nature y son una clara evidencia de que nuestra especie es el resultado del intercambio genético de varias especies.

 

Martha Duhne

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