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19 de septiembre de 2019
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Ráfagas

No. 247

Diversidad biológica en declive

Un nuevo informe dado a conocer en mayo pasado por la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), de la Organización de las Naciones Unidas, asegura que más de un millón de especies enfrentan la extinción como consecuencia directa de actividades humanas.

Sabemos que la vida en nuestro planeta está en serios problemas. Todos los días recibimos noticias que lo confirman: la isla de plástico de cerca de un millón de kilómetros cuadrados que flota en el Océano Pacífico, los glaciares que se derriten, los ríos del mundo que pasaron de transportar agua a convertirse en drenajes, las partículas y gases dañinos de las grandes ciudades. Pero no sabíamos el nivel del daño que hemos causado.

La ONU formó un equipo independiente constituido por 145 expertos de 50 países (que colaboraron con cientos de científicos más, entre ellos de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) y la UNAM, en México). El equipo se basó en 15 000 estudios previos y reportes oficiales de gobiernos para estudiar en detalle los cambios ambientales ocurridos en los últimos 50 años. Los resultados hablan por sí mismos: se encuentran en riesgo cerca de un tercio de los anfibios, de las especies de arrecifes coralinos, de los tiburones y de los mamíferos marinos. Y un porcentaje indeterminado de insectos, entre ellos algunas especies de abejas y otros polinizadores. En casi todas las regiones del mundo la biodiversidad ha disminuido en cerca de 20 %.

Esta amenaza a la vida de animales y plantas que han habitado este planeta por cientos de miles y hasta millones de años representa un peligro para los ecosistemas en su conjunto y para las personas que dependen de ellos para sobrevivir, es decir, todos nosotros. Así, ¿cómo asegurar alimentos y agua limpia a las más de 7 000 millones de personas que hoy vivimos en la Tierra? De los ecosistemas obtenemos bienes y servicios de los que a veces no nos percatamos. Por ejemplo, cerca de 500 000 millones de dólares de producción de alimentos en todo el mundo dependen de polinizadores como murciélagos, abejas, mariposas y otros insectos, colibrís y cientos de especies distintas de aves. Los árboles de bosques y selvas de todo el mundo absorben el dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases de efecto invernadero que ocasionan el calentamiento global, y liberan oxígeno (O2), el que necesitamos prácticamente todos los seres vivos para existir. Los manglares son las “cunas” de buena parte de los peces y junto con los corales son barreras naturales contra huracanes.

El informe sostiene que hemos alterado más del 75 % de la superficie terrestre y 66 % de los océanos e identifica cinco causas principales de la desaparición de miles de especies. Éstas son: el cambio de uso de la tierra (por ejemplo manglares a zonas hoteleras o selvas a campos para ganado o agricultura); la sobreexplotación de los recursos naturales por pesca, tala, caza y tráfico ilegal de especies; la contaminación, con énfasis en la que ocasionan los plásticos; la introducción de especies exóticas y, por supuesto, el cambio climático. Es grave, pero también tenemos ejemplos de acciones decididas que en poco tiempo han logrado restaurar ecosistemas o salvar especies que estaban casi extintas.

Es urgente incrementar los esfuerzos de conservación en todo el mundo; es decir, todavía hay esperanza pero es necesaria una profunda transformación del modo de vida de miles de millones de seres humanos y de los estados que los gobiernan. El reporte concluye que la sociedad debe dejar de centrarse únicamente en el crecimiento económico. Esto será complicado, pero podría facilitarse si los países entendieran que la naturaleza es la base del desarrollo. El informe asegura que los países deben modificar su forma de producir, generar desechos y consumir energía. También hay que destinar fondos a incentivar la protección y restauración de la naturaleza tomando medidas para proteger a las especies polinizadoras, promover la agricultura sostenible, restaurar áreas contaminadas, llevar a cabo programas de reforestación y acciones para limpiar los ríos. Necesitamos reevaluar nuestras prioridades, valorar los ecosistemas, la equidad social y no sólo el crecimiento del Producto Interno Bruto, dijo David Obura, biólogo marino de Coastal Oceans Research and Development y experto en corales. Suena complicado, pero lo será mucho más si no cambiamos.

Beneficios del ejercicio

Un grupo de investigadores de la Universidad Duke, Carolina del Norte, dieron seguimiento a un estudio realizado hace una década sobre los efectos del ejercicio en la salud. En 2008 el Comité Asesor de Pautas sobre Actividad Física de Estados Unidos invitó a 161 personas sedentarias a participar en un experimento. Los voluntarios se dividieron en cuatro grupos al azar. Los del primer grupo, que funcionó como grupo control, no modificaron sus hábitos. Los de los otros tres se sometieron durante ocho meses a rutinas de ejercicio de diferente intensidad y duración. El experimento concluyó que las personas que realizaron algún tipo de actividad física de manera regular obtuvieron estos beneficios: mejoría del estado general de salud, menos probabilidades de desarrollar ciertas afecciones incapacitantes y tasas más bajas de diversas enfermedades crónicas.

Casi 10 años después los investigadores de la Universidad Duke invitaron a las mismas personas a participar en un nuevo estudio. Se incorporaron 104, que contestaron un cuestionario sobre su estado de salud y su nivel de actividad física. Luego les tomaron medidas de estatura, peso, presión arterial, perímetro de la cintura y consumo máximo de oxígeno, o VO2 máximo. Este término se refiere a la cantidad de oxígeno que aprovechamos al respirar y expresa la capacidad del corazón, pulmones y sangre para transportar el oxígeno a los músculos. Es un indicador que tiene valores altos en deportistas y que suele decrecer con la edad.

El nuevo estudio detectó varios efectos perdurables de salud y acondicionamiento físico en cada grupo. En comparación con el grupo control, los tres grupos que se ejercitaron de manera constante aumentaron menos de peso y de cintura, mostraron menos insulina en ayunas y presión arterial y sus niveles de VO2 resultaron menores que lo esperado. Estos hallazgos, publicados en la revista Frontiers in Physiology en abril pasado, resaltan la importancia de tomar en cuenta los beneficios sostenidos para la salud que se derivan del ejercicio constante.

Enormes cultivos mayas

Sabemos que los mayas tenían profundos conocimientos de arquitectura, matemáticas y astronomía y que contaban con un elaborado lenguaje escrito. Investigaciones recientes añaden a esta impresionante lista de logros mayas la complejidad de sus sistemas agrícolas. Una investigación reciente, dada a conocer en la conferencia anual de la Asociación de Geógrafos Estadounidenses, que se llevó a cabo en la ciudad de Washington el pasado abril, reúne evidencias que sugieren que en algunas regiones los mayas cultivaban enormes cantidades de alimentos. Esto les permitió alimentar a los habitantes de grandes ciudades y mantener un comercio activo con sus vecinos.

La civilización maya se extendió por el centro y sur de México y Centroamérica. Las primeras evidencias de ellos datan de cerca del año 2000 a. C., pero su mayor esplendor se dio del 250 al 900 d. C.

Nicholas Dunning y un equipo de científicos de la Universidad de Cincinnati y de la Universidad Autónoma de Campeche trabajaban en la región de Laguna de Términos, Campeche, interesados en encontrar vestigios de mercados mayas y evidencias de su comercio. Un día, un guardaparque de la región les comentó que había notado irregularidades en el terreno que parecían corresponder a veredas. Dunning analizó la zona utilizando Google Earth y pudo confirmarlo. Las imágenes satelitales revelaron una serie de bloques alineados alrededor de ejes que sugerían que eran artificiales. Los investigadores utilizaron después LIDAR (de Light Detection and Ranging), una técnica de teledetección óptica por luz láser que permite tomar medidas muy exactas de ancho, largo y profundidad. Con esto pudieron ver los contornos del suelo bajo la vegetación. Descubrieron que se encontraban sobre campos de cultivo y un complicado sistema de riego. Dunning concluye que la producción económica actual de la región es minúscula comparada con lo que tenían los mayas hace más de 1 000 años.

Nuevo pariente del ser humano

Hace más de una década, un grupo de arqueólogos reportó el descubrimiento de los huesos del pie de un homínido en una cueva de la isla Luzón, Filipinas. Los restos tenían cerca de 60 000 años de antigüedad. Los investigadores no estaban seguros de qué especie se trataba, pero pensaron que era un ser humano muy pequeño. En excavaciones posteriores se encontraron un hueso del muslo, siete dientes, dos huesos del pie y dos de las manos de dos adultos y un niño.

Florent Détroit, paleoantropólogo del Museo Nacional de Historia Natural de París, y Armand Salvador Mijares, de la Universidad de las Filipinas, dirigieron un equipo de científicos que estudió las características de estos hallazgos. Los investigadores concluyeron que se trata de una especie nueva, a la que llamaron Homo luzonensis.

En 2004 en la Isla de Flores, Indonesia, se identificó otra especie nueva para la ciencia, el H. floresiensis, pero existen suficientes diferencias para asegurar que el nuevo hallazgo no es de la misma especie. Los científicos dicen que el tamaño general de los dientes, así como la relación entre el tamaño del molar y del premolar, es distinto al de otros miembros del género Homo. La forma de los huesos del pie del H. luzonensis es similar a la del Australopithecus. Los investigadores calculan que el macho de la nueva especie alcanzaba los 150 cm de estatura y la hembra 142 cm, y que pasaban parte del tiempo en los árboles.

Los investigadores que estudian la historia evolutiva de los seres humanos no han decidido todavía dónde colocar a esta nueva especie. Détroit piensa que es descendiente directa del H. erectus y que su cuerpo se fue adaptando a su nuevo entorno, en el que tenía que subirse a los árboles. Pero otros señalan que puede ser un descendiente directo del Australopithecus que salió de África antes que el H. erectus. Así pues, varias especies de homínidos podrían haber recorrido el sudeste asiático al mismo tiempo que el Homo sapiens. Nos falta saber cuándo y cómo desaparecieron.

 

Martha Duhne

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