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27 de septiembre de 2020
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Ráfagas

No. 259

Esclavos africanos en México

Investigadores de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana estudiaron los restos óseos de tres esclavos africanos localizados hace tres décadas en una excavación en el centro histórico de la Ciudad de México. Los resultados nos hablan de una historia poco entendida en el país: el legado africano en México.

A principios de los años 90, el gobierno del Distrito Federal emprendió la construcción de la línea ocho del Metro. Esto significaba una enorme oportunidad para historiadores y arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), pues se abriría un canal de varios metros de profundidad en el primer cuadro de la ciudad, necesariamente un viaje al pasado. Entre otros lugares, los investigadores decidieron estudiar el que ocupó el Hospital de San José de los Naturales, en lo que ahora es la estación de San Juan de Letrán. El hospital se inauguró en 1531 para atender indígenas. En el cementerio del hospital se encontraron 600 cuerpos. De acuerdo con la antropóloga Abigail Meza del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, al menos 20 eran africanos, probablemente esclavos traídos por los españoles.

En 1518 Carlos I de España autorizó el transporte de esclavos al Virreinato de la Nueva España. No sabemos con certeza cuántos africanos fueron extraídos de sus hogares, pero se estima que fueron entre 10 600 y 19 400 personas. Se sabe también que muchas no pu- dieron soportar las duras condiciones del viaje en barco desde África y murieron en el trayecto.

Los investigadores tomaron los restos óseos de tres de los 20 africanos del yacimiento. Estos individuos tenían modificaciones en los dientes con una apariencia cónica, un rasgo cultural ya detectado en restos óseos de esclavos africanos del oeste del continente.

Los investigadores emplearon una perspectiva bioarqueológica: realizaron estudios de genética en los huesos en general y en la dentina (tejido interno de los dientes) añadiendo información etnohistórica para entender el origen, historia y estado de salud de las tres personas.

Encontraron información genética de dos agentes infecciosos: la bacteria pian (enfermedad crónica, desfigurante y debilitante causada por una subespecie del Treponema pallidum) y hepatitis B, de cepas relacionadas con las que se encontraban en poblaciones africanas, lo que parece demostrar que el tráfico de esclavos fue una forma de diseminación de estos patógenos al Nuevo Mundo, como fue la llegada de los europeos. Los huesos también mostraban heridas de armas de fuego, golpes contundentes y señales en los huesos relacionadas con actividad física excesiva. Al parecer los individuos murieron en una epidemia de sarampión. Los resultados se publicaron en la revista Current Biology.

Al comprar miel, que no te den gato por liebre

Con el objetivo de proteger a la Apis mellifera, así como la comercialización y calidad de la miel que obtienen de esa abeja miles de productores mexicanos, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural emitió en abril de este año un decreto, publicado en el Diario Oficial de la Federación.

El proceso para llegar a esta publicación ha tomado años de trabajo de productores de miel, así como de investigadores de distintos organismos de la UNAM, para lograr estandarizar los sistemas de producción, recolección y procesamiento de la miel en beneficio tanto de productores como de consumidores.

Entre los principales objetivos del decreto está prohibir la venta de mieles falsas, que no son más que agua con edulcorantes, colorantes, conservadores, saborizantes y otras sustancias. En el 2017 México ocupó el octavo lugar como productor de miel con cerca de 60 000 toneladas.

La nueva norma establece las características generales para la producción, pero también propicia el cuidado y bienestar de las abejas melíferas y su correcto manejo para minimizar el daño a la colonia. Este decreto beneficiará a las más de 43 000 familias productoras de miel que existen en México.

Vidas compartidas de coronavirus y murciélagos

Científicos de la Universidad de La Reunión (región de ultramar de la República Francesa) y del Museo Field de Historia Natural, en Chicago, compararon los coronavirus de murciélagos que habitan en islas del océano Índico y regiones cercanas de África. Descubrieron que distintos grupos de murciélagos tienen cepas únicas de coronavirus diferentes a los que poseen murciélagos de otros géneros o familias, lo cual revela que los mamíferos y los virus han evolucionado juntos durante millones de años.

El virus que causa la COVID-19 pertenece al grupo de coronavirus, del que existe una enorme variedad, la mayoría de ellos inocuos para los seres humanos. El riesgo de las enfermedades infecciosas emergentes, que no conocemos, se ha incrementado en los últimos años y la Organización de las Naciones Unidas reconoció en una reunión en 2018 que debían considerarse un enorme peligro para la salud global. Esto se debe a que todos los animales tienen virus que habitan en su cuerpo sin causarles ningún daño. Pero la posibilidad de que un virus pase a una nueva especie, donde podría causar estragos, es un riesgo latente. Steve Goodman del Museo Field y un equipo de científicos tomaron muestras de sangre de 1 000 individuos de 36 especies de murciélagos de la región y encontraron que 8% eran portadoras de coronavirus y descubrieron que géneros o familias de murciélagos tenían el mismo tipo de virus, distinto al de otras familias.

Los resultados, publicados en Scientific Reports, concluyen que es importante conocer más estos virus, pero también recordar los indispensables servicios ambientales que recibimos de los murciélagos como el control de plagas, la dispersión de semillas y la fertilización de incontables plantas.

Nutrias malabaristas

Las nutrias tienen una característica peculiar: les encanta hacer malabares con rocas pequeñas, las avientan a poca distancia y las cachan, las ruedan por su cuerpo, se las pasan de una mano a la cabeza o al pecho y a la otra mano. ¿Por qué un grupo de animales se dedica durante lapsos no tan breves a rodar por su cuerpo una piedra? ¿Con qué fin?

Un equipo de científicos de la Universidad de Exeter en el Reino Unido decidió estudiar esta conducta. Para ello eligieron a dos especies de nutria, Aonyx cinerea, que vive en Asia y es la de menor tamaño entre las nutrias, y Lutrogale perspicillata o nutria lisa, también asiática, ambas especies malabaristas expertas. Son parientes cercanos, pero la nutria pequeña se alimenta de crustáceos y moluscos a los que debe extraer la parte comestible, mientras que la nutria lisa es pescadora.

Las nutrias vivían en un zoológico y otros tipos de encierro. Primero las observaron durante varios días, tomando nota del tiempo, hora y características de la actividad de malabarear y después les presentaron acertijos que debían resolver: introdujeron carne picada en tres tipos de contenedores con alimento: frascos de plástico con tapones de rosca, pelotas de tenis perforadas y juguetes parecidos a Lego. El tipo de alimentación o el tiempo que cada nutria se pasaba manipulando las rocas no se relacionó con su habilidad de resolver los acertijos científicos. Los científicos notaron que las nutrias suelen realizar esta actividad cerca de la hora que saben que les van a dar de comer, como para pasar el tiempo. También se dieron cuenta de que es una actividad que realizan todos los individuos, no solo los jóvenes, como sería de esperarse si fuera un aprendizaje.

Los resultados de esta investigación, publicada en la revista de la Royal Society Open Science el mes de mayo, concluyen que el juego forma parte de la conducta de muchos animales, sin que parezcan obtener ningún beneficio práctico.

¿Es amor lo mismo que love?

Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte y del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana estudiaron el significado de 24 palabras que usamos para describir emociones o estados de ánimo en 2 474 idiomas actuales, con el fin de entender si el significado que les damos es igual en culturas distintas. Para hacerlo, buscaron palabras que describieran conceptos similares, como “agua” y “mar”.

Los investigadores encontraron que la mayoría de los idiomas tienen palabras para describir emociones como enojo, ira, miedo, alegría, pero su significado no es exactamente el mismo. Por ejemplo, la palabra hanisi, en el idioma rotumano que hablan en el norte de Fiji, se refiere al amor, pero es la misma palabra que se usa para “compasión”.

En algunos idiomas indoeuropeos se usa la misma palabra para hablar de ansiedad y de ira. Y en una gran familia de lenguas del sudeste asiático el significado de “ansiedad” está ligado al de pena (de dolor) y al arrepentimiento. En otros idiomas “sorpresa” y “miedo” tienen el mismo significado.

Los resultados, publicados en diciembre de 2019 en la revista Science, sugieren que las acep- ciones de las palabras son una pista sobre cómo distintas culturas entienden y se explican el mundo.

 

Martha Duhne

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