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23 de enero de 2021
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Ráfagas

No. 266

Premio Goldman para apicultora maya 

Seis activistas ambientales obtuvieron el Premio Goldman este año, entre ellos una mujer mexicana, Leydy Pech, indígena maya y apicultora.

El Premio Goldman, que se conoce como el Nobel ambiental, “reconoce a las personas por sus esfuerzos sostenidos y significativos para proteger y mejorar el medio natural, a menudo con un gran riesgo personal”. Los seis ganadores anuales de este premio son seleccionados por un jurado internacional a partir de nominaciones que reciben de organizaciones ambientales de todo el mundo.

Leydy Pech vive en la comunidad Hopelchén, en Campeche, un territorio muy afectado por la deforestación y la contaminación de la agricultura industrial. Pech se dedica hace años a la producción de miel de la abeja Melipona beecheii, especie sin aguijón nativa de la Península de Yucatán, de la que se obtiene miel, polen, cera y propóleo desde hace siglos. Una colmena de estas abejas produce cerca de litro y medio de miel al año, cantidad menor a la que producen las abejas europeas, que dan alrededor de 30 litros de miel al año. Pero la M. beecheii, llamada en lengua maya Xunan Kab, cumple una función ecológica de suma importancia: poliniza especies nativas de la región, por lo que muchas se extinguirían si esta abeja desapareciera.

En 2012 la empresa Monsanto obtuvo un permiso del gobierno mexicano para sembrar soya transgénica en siete estados del país. Pech se dio cuenta de que como resultado miles de sus abejas morían por la tala de zonas boscosas y el uso del herbicida glifosato. La apicultora creó la organización Sin Transgénicos y empezó a trabajar con organizaciones comunitarias de campesinos y de productores de miel para exigir al gobierno de México que prohibiera la siembra de soya transgénica. Con la ayuda de abogados, la organización se dio cuenta que el permiso a Monsanto se había otorgado de manera ilegal, ya que México firmó un tratado internacional, el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, en el que se comprometía a consultar con comunidades indígenas cuando un proyecto pusiera en riesgo el modo de vida de estas. Pech y el colectivo se dieron a la tarea de difundir el problema por medio de entrevistas y marchas y obtuvieron el apoyo de muchas organizaciones ambientalistas. En una decisión histórica el gobierno de México anuló el permiso de Monsanto de sembrar soya transgénica, pero esta no se detuvo. Entonces Pech y las organizaciones decidieron apoyarse en investigadores de la UNAM, que midieron los niveles de glifosato en el agua, el cual aumentaban cada año, y de investigadores de ECOSUR, que demostraron que la miel producida en esta zona contenía polen de soya transgénica, lo que representaba un problema en su comercialización a países que no lo aceptan. Después de cinco años, el gobierno retiró los permisos a Monsanto en siete estados donde sembraba cultivos transgénicos. Una mujer indígena de una pequeña comunidad de Campeche había derrotado al gigante Monsanto.

Una manera de apoyar a los apicultores es comprar miel producida localmente.

Un barco hundido y sus secretos

Investigadores de la Subdirección de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) localizaron en 2017 los restos de un barco de vapor hundido a 3.7 kilómetros del puerto yucateco de Sisal. Durante los siguientes tres años analizaron las calderas y las ruedas de paletas del barco, así como trozos de botellas de vidrio, cerámica y cubiertos de latón y lograron identificar que la tecnología usada correspondía a los barcos construidos entre 1837 y 1860. El siguiente paso fue estudiar los archivos de Yucatán, Cuba y España para encontrar un barco que hubiera estado en esa zona y cuya descripción coincidiera con las piezas encontradas.

Así pudieron determinar que se trataba de un barco llamado Unión, propiedad de la compañía española Zangroniz Hermanos, que realizaba viajes entre La Habana y puertos mexicanos como Sisal, Campeche, Veracruz y Tampico. Se encontraron evidencias de que la embarcación se incendió porque las calderas estallaron. El barco oficialmente llevaba pasajeros y mercancía como henequén y cueros curtidos. De acuerdo con los documentos estudiados, un año antes de su hundimiento, en 1860, autoridades portuarias descubrieron que el barco también transportaba indígenas mayas en espacios pequeños, más como mercancías que como pasajeros.

En mayo de 1861, el presidente Benito Juárez emitió un decreto en el que se prohibía “el comercio de indios mayas bajo cualquier título”, pues engañosamente se mencionaba que eran “ jornaleros contratados”.

Pero la historia de este barco demuestra que el tráfico de esclavos indígenas continuó. Los esclavos eran capturados por enganchadores que visitaban comunidades prometiendo tierras y trabajo y otros eran presos resultado de la Guerra de Castas. Los historiadores del INAH calculan que la compañía vendió mensualmente entre 25 y 30 personas, algunos niños, entre 1855 y 1861.

Dos planetas orbitan una enana roja

Astrónomos de la Universidad de Berna, Suiza, y del Telescopio SAINT-EX, que forma parte del Observatorio Astronómico Nacional en San Pedro Mártir, Baja California, localizaron dos exoplanetas girando en torno a la estrella enana roja TOI-1266, a 120 años luz de la Tierra.

Las enanas rojas son estrellas pequeñas y relativamente frías comparadas con nuestro Sol y son las más comunes del Universo. Desde que el primer exoplaneta se descubrió en 1995, se ha confirmado la existencia de más de 4 000.

El planeta más cercano a la estrella, llamado TOI-1266b, tiene un diámetro de 2.5 veces el de la Tierra, y el externo, TOI-1266c, de 1.5 veces. Ambos planetas viajan muy cerca de su estrella. El interno tiene un periodo de traslación de 11 días y el externo de 19. Si la enana roja fuera como nuestro Sol, los dos exoplanetas estarían calcinados. Los planetas tiene temperaturas similares a Venus, lo suficientemente caliente en su superficie como para derretir plomo, y están siete veces más cercanos de su estrella que Venus de la nuestra. Planetas con diámetros tan pequeños se consideran raros. Son tan pequeños y la estrella tan poco brillante, que detectarlos es casi una misión imposible si no se cuenta con los instrumentos correctos. Los resultados de este hallazgo se publicaron en la revista Astronomy and Astrophysics en octubre de 2020.

Por su canto los conoceréis

El pinzón cebra es capaz de distinguir el timbre individual del trino de los compañeros de su grupo de la misma manera que los humanos identificamos por la voz a la gente que conocemos.

El pinzón cebra, Taeniopygia guttata, también conocido como diamante mandarín, es un ave pequeña originaria de Australia. Vuela en colonias de 50 a 100 individuos, a veces separándose para luego volverse a reunir y seguir volando en grupo. Si uno se pierde, canta para que el resto del grupo lo reconozca. También puede avisar a sus compañeros si detecta algún peligro.

Unos investigadores de la Universidad de California en Berkeley idearon un experimento para entender qué tanto podían identificar a otra ave por su trino. Para eso entrenaron a varios individuos a reconocer grabaciones de otras aves de la misma especie por medio de un sistema de recompensa. El pinzón oía un canto y picoteaba una palanca que liberaba comida o no, según qué canto se hubiera oído. Después de varios días de pruebas, las aves aprendían qué vocalizaciones les daban comida y cuáles no.

Los pinzones del estudio aprendieron a reconocer en promedio 42 cantos individuales, pero cuatro individuos aprendieron a reconocer 56. Un mes después, los resultados fueron los mismos, lo cual demuestra no solo la capacidad de estas aves de identificar cantos individuales, sino la de memorizarlos. Los resultados de esta investigación se publicaron en la revista Science Advances y muestran, una vez más, lo complejas que pueden ser las habilidades cognitivas de los animales, muchas de las cuales desconocemos.

Pinturas rupestres en la Amazonia colombiana

Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia, de la Universidad de Antioquia y de la Universidad de Exeter descubrieron una enorme superficie de pinturas rupestres en la serranía La Lindosa, departamento de Guaviare, en la selva amazónica colombiana. Las pinturas datan de hace 12 500 años.

El sitio fue excavado en 2016 y 2017, después del tratado de paz con la organización guerrillera FARC que ahí operaba. Los investigadores escribieron un artículo en la revista Quaternary International en abril de 2020 para dar a conocer el hallazgo, pero fue hasta el 30 de noviembre cuando la Universidad de Exeter escribió un comunicado con la información recabada hasta ese momento.

Las pinturas cubren una superficie de cerca de 13 kilómetros de roca y pertenecen a una época en que el Amazonas se transformaba de un paisaje de sabanas y matorrales espinosos, al final de la última glaciación, al bosque tropical que conocemos hoy.

Las miles de pinturas, de color rojo y ocre, incluyen huellas de manos, diseños geométricos y una gran variedad de animales, como venados, tapires, caimanes, murciélagos, monos, tortugas, serpientes y puercoespines, y hasta grandes mamíferos, algunos ya extintos, como caballos mastodontes. Otras figuras representan la vida cotidiana de estos pobladores, uno de los primeros grupos humanos en llegar a esta región: escenas de caza e imágenes de personas con plantas y animales de la sabana. También se encontraron huesos y restos de plantas que revelan la dieta de este pueblo: frutos de árboles, pirañas, cocodrilos, serpientes, ranas, capibaras y armadillos.

Algunas de las pinturas se encuentran a una gran altura y los investigadores incluso tuvieron que usar drones para fotografiarlas de cerca. En varias se ven torres de madera e incluso figuras humanas colgadas de cuerdas, lo que quizá representa la realización de las pinturas.

 

Martha Duhne

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