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20 de septiembre de 2018
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Ráfagas

No. 31

Feliz día a la Tierra

El 5 de junio se celebra el día mundial del ambiente. Considerado como megadiverso y poseedor del 10% de la riqueza biológica del planeta, México tiene mucho que celebrar en un día como éste. Nuestro país es rico en especies y también en endemismos, es decir, en plantas y animales que no se encuentran en ningún otro lugar. Esto, que parece un regalo de los dioses, es resultado de una intrincada topografía y de que nos encontramos entre dos regiones biogeográficas, lo cual resulta en que el norte está dominado por zonas áridas y en el sur hay selvas altas siempre verdes. El Fondo Mundial para la Naturaleza estableció una clasificación de cinco ecosistemas terrestres que fueron divididos en once hábitats, los cuales a su vez están subdivididos en 191 ecorregiones. De acuerdo con esta clasificación, en México se encuentran los cinco ecosistemas, nueve de los once hábitats y 51 de las 191 regiones. Las cifras en torno a la riqueza biológica de México son, sin exagerar, impresionantes: es el primero por su fauna de reptiles, el segundo en mamíferos y el cuarto en anfibios y fanerógamas. El 32% de la fauna nacional de vertebrados es endémica, y el 52% lo comparte únicamente con Centroamérica. Por todas estas razones, cualquier pérdida o reducción de la diversidad de especies de México, no sólo merma la riqueza nacional, sino que también es una verdadera y gran pérdida para el patrimonio natural de la humanidad.

Esta riqueza, sobra decirlo, está siendo destruida sistemáticamente, como si nos lo hubiéramos propuesto como objetivo a corto plazo. El despilfarro no es, como se ha manejado en algunos medios, resultado de la estupidez humana, ni siquiera de mentes perversas: obedece a intereses económicos, con fuertes dosis de factores sociales y políticos. Pero esa es otra historia. Por lo pronto, pensando en las orquídeas, los pericos, manatíes, pumas, palmas, cactus, mangles, tortugas, murciélagos, halcones y magueyes, en toda la riqueza natural que viste al planeta: ¡Feliz día a la Tierra!

El VIH no se originó en las vacunas de polio

El origen del virus de inmunodeficiencia humana, el VIH, causante del sida, ha intrigado a la comunidad científica desde que surgió la epidemia y ha sido objeto de varias hipótesis y de acalorados debates. Una de ellas fue planteada en la década de los noventa por el escritor Edward Hooper, quien afirmó que se utilizó tejido de riñón de chimpancés para elaborar las vacunas de polio que fueron distribuidas a finales de los cincuenta a cerca de un millón de personas en la República Democrática del Congo. De acuerdo con Hooper, algunas vacunas estaban contaminadas con SIV, un virus similar al VIH que se aloja en los chimpancés. La compañía farmacéutica que elaboró las vacunas, el Winstar Institute de Filadelfia, negó esta posibilidad argumentando que no utilizaron tejidos de chimpancés, sino de macacos, en los que no se aloja el virus.

Recientemente tres grupos de investigadores arrojaron un balde de agua fría a la hipótesis de Hooper. Dos de ellos, dirigidos por Simon Wain Hobson, del Instituto Pasteur de París y por Neil Berry, del Britain’s National Institute for Biological Standards and Control, se dedicaron a analizar muestras de estas vacunas y no hallaron ningún rastro de VIH, SIV o ADN de chimpancés, pero sí encontraron ADN de macacos, confirmando que éstos fueron los animales usados en la elaboración de las vacunas.

Otro grupo de investigadores, dirigidos por Edward Holmes, de la Universidad de Oxford, elaboraron el árbol evolutivo del VIH más completo que se tiene a la fecha, y concluyeron que las evidencias sugieren que el virus se originó años antes de que se diera la campaña de vacunación del Congo. De acuerdo a sus investigaciones, el ancestro común a todas las variantes del VIH conocidas hasta ahora se encontró alojado en un ser humano, por lo que no existe evidencia para asegurar que su origen se debe a un virus de chimpancé, el SIV, que saltó a los seres humanos.

Se han tejido un sinnúmero de hipótesis para intentar explicar el surgimiento de una enfermedad tan dramática como el sida y de acuerdo a Holmes, ha sido fácil dirigir un dedo acusador y señalar a un solo culpable, pero las evidencias científicas apuntan a que éste ha sido un proceso ecológico natural, similar al de muchas otras epidemias.

Olas que limpian

México está rodeado por cerca de 11 600 kilómetros de costa, donde se localizan 132 lagunas costeras. Estos ecosistemas son recursos naturales de gran valor ecológico, productivo, económico y social. Tradicionalmente han sido el medio de vida para miles de pescadores y sus familias, ya que ahí se encuentran muchas especies con alto valor comercial como el ostión, el camarón, la almeja y el langostino; además son el hábitat de una gran diversidad de plantas y animales, muchos de ellos endémicos.

Desafortunadamente, las lagunas costeras enfrentan graves problemas, como son la contaminación por sustancias tóxicas, algunas con petróleo y otras con descargas de drenaje y aguas residuales de industrias.

Estos ecosistemas dependen de un delicado equilibrio entre el agua dulce que llega de ríos o lagunas y la que llega del mar. De manera natural, en algunas épocas del año, las lagunas costeras se separan del mar por medio de barras de arena que se acumulan en las entradas, pero debido a ciertas perturbaciones (como la construcción de carreteras o el entubamiento de los ríos), ha disminuido el aporte de agua dulce, por lo que las barras de arena permanecen durante más tiempo. Esto obstruye tanto el flujo del agua de mar, como a las larvas de crustáceos y los huevecillos de peces que ahí se desarrollan.

Para tratar de solucionar estos problemas, el investigador Steven Czitrom, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, desarrolló un sistema, el Sibeo, que utiliza la energía de las olas del mar para limpiar las lagunas costeras. Esta tecnología, primera en su tipo, ya ha sido probada con éxito en una laguna de las costas de Oaxaca.

El Sibeo está compuesto por dos tubos, uno de entrada que se halla expuesto a la energía de las olas, y otro de salida que descarga el agua de mar hacia el cuerpo de agua, que puede ser una laguna o un puerto. Cuenta también con una cámara de compresión, que bombea el agua y está conectada a los dos tubos. El oleaje, al pasar por la entrada del tubo expuesto a las olas, crea una diferencia de presiones con respecto al segundo tubo. Cuando la presión es alta, empuja el agua hacia adentro, en dirección a la laguna. Cuando baja, la jala hacia fuera, pero se produce un movimiento oscilatorio dentro del tubo, que hace que el agua sea descargada dentro de la laguna. Es decir, la bomba impide el flujo de agua hacia el mar, de tal manera que siempre da hacia la laguna. Este sistema permite, además, que pasen sin ser dañados larvas de crustáceos y huevecillos de peces.

El uso del Sibeo es mucho más barato que las otras técnicas aplicadas a la fecha, como la de dragar la arena de la barra. Otra ventaja es que la bomba se puede activar cuando se necesita agua en la laguna y apagarla cuando ya no se requiere. Y en comparación con el otro sistema usado, que es el bombeo por diesel, la gran diferencia es que el Sibeo no contamina y tiene una vida útil de más del doble, ya que está construido con polietileno de alta densidad, el cual no se corroe, por lo que a la larga es más eficiente, barato e higiénico que el bombeo con diesel. Así, Steven Czitrom ha creado una alternativa barata y eficiente para revivir biológicamente las lagunas costeras. Actualmente, el investigador trabaja en un proyecto para sanear con el Sibeo el puerto de Ensenada, el cual está bastante contaminado.

Nuevo vidrio aislante

Uno de los grandes problemas en climas muy extremosos es la gran cantidad de energía que es necesario invertir para disminuir o aumentar la temperatura, tanto en los automóviles como en los edificios. Una solución sería un vidrio para ventanas que bloqueara casi por completo el paso de los rayos infrarrojos (que son los que transmiten el calor), pero dejara pasar una gran cantidad de luz visible. Ya existe un vidrio así y la tecnología para producirlo fue desarrollada por un alumno de doctorado de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, Gerardo Correa Miranda, bajo la dirección del investigador Rafael Almanza Delgado.

En otros países se utilizan ventanas formadas por dos o tres capas de vidrio, donde se coloca algún gas poco conductor de calor. El problema es que este procedimiento es caro, por lo que el investigador buscó conseguir el mismo objetivo pero a un menor costo.

El procedimiento consiste en depositar en el vidrio una película metálica, ya sea de óxido de cobre o de vanadio, y someterlo a una evaporación al alto vacío. El vanadio es un metal suave y dúctil, que se encuentra en 65 minerales diferentes y también, en un menor porcentaje, en algunos meteoritos.

Para proteger esta película metálica se coloca sobre ella una capa de cuarzo, el material con el que comúnmente se hacen los vidrios. La tecnología para aplicar distintos compuestos químicos sobre los vidrios se conoce desde hace cerca de cuatro décadas. De hecho, es así como se fabrican los vidrios que tienen tonos verdes o azules. Si el procedimiento de Gerardo Correa interesara a las empresas que fabrican estos vidrios de colores, lo único que tendrían que hacer sería cambiar el compuesto químico usado. Esto representa una ventaja en cuanto a que puede facilitar su producción a gran escala, así como bajar los costos.

Con un programa de cómputo se hizo una simulación para un departamento de 70 metros cuadrados con dos ventanas, con las propiedades térmicas y ópticas de estos vidrios, una orientada al norte y la otra al sur. El resultado fue que en un lugar de clima extremoso, el ahorro puede ser del 15 al 20% en el consumo de energía eléctrica, al disminuir la necesidad de usar el aire acondicionado.

La Patagonia: paraíso jurásico

Dinosaurios, tortugas, anfibios, pterodáctilos (reptiles voladores) y hasta un antiquísimo mamífero se encontraron recientemente en un yacimiento paleontológico localizado en una área de apenas dos kilómetros cuadrados, en la provincia de Chubut, a unos 1 600 kilómetros al suroeste de Buenos Aires, en Argentina.

Los paleontólogos que realizaron el hallazgo, dirigidos por el investigador alemán Oliver Ruhut, del Museo Paleontológico Egidio Feruglio, están interesados en la fauna terrestre del Jurásico medio, que transcurrió hace unos 170 millones de años.

Durante esa época, el continente africano comenzaba a separarse de América del Sur. Gracias a los fósiles, los investigadores saben que la Patagonia era muy diferente al desierto que es ahora: bosques de helechos y pinos cubrían la zona, en la que se encontraban grandes lagos, ríos y volcanes. Este vergel estaba habitado por muchas especies distintas de dinosaurios: carnívoros y herbívoros, terrestres y acuáticos. También vivían ahí gran variedad de insectos, anfibios, tortugas y cocodrilos. Por otra parte, Pablo Puerta, jefe del Departamento Técnico del museo, recientemente encontró en el área la mandíbula de un pequeño mamífero, del tamaño de un ratón. Esta es una gran noticia, ya que es el segundo mamífero del Jurásico medio que se conoce en el mundo. Otro hallazgo relevante es el de varios pterosaurios, que son los primeros reportados para ese periodo.

La importancia del yacimiento es enorme, si tomamos en cuenta que anteriormente la fauna conocida del Jurásico medio se reducía a tres dinosaurios y que en los primeros diez días de trabajo en la zona se triplicaron el número de especies reportadas, tanto animales como vegetales: hasta la fecha se han encontrado cuatro dinosaurios, el pequeño mamífero, varios pterosaurios, cerca de ocho ejemplares de tortugas que parecen ser acuáticas, anuros (parientes de las ranas y los sapos actuales), insectos de agua dulce, plantas, piñas, troncos petrificados y cientos de peces.

La etapa de los descubrimientos ya se ha terminado y empieza la de la extracción de los especímenes, así como el análisis en los laboratorios del material encontrado. Gerardo Caldera, geólogo del museo, dijo que lo que más les intriga es entender por qué el evento que causó la extinción de los dinosaurios, no afectó a otros grupos de animales como las tortugas y los cocodrilos.

En medio de la euforia vivida en estos días, existe una fuerte preocupación debido a que los investigadores no saben si van a contar con el financiamiento necesario para seguir con sus estudios.

 

Martha Duhne

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