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16 de enero de 2018
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Ráfagas

No. 39

Un centro de medicina genómica en México

La UNAM, la Secretaría de Salud, la Fundación Mexicana para la Salud y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología firmaron el 22 de noviembre del 2001 un convenio para establecer el Consorcio Promotor del Centro de Medicina Genómica, el CEMEGEN. Éste es sólo uno de un sinnúmero de pasos que se han dado para integrar a México a lo que muchos científicos han llamado la revolución científica del siglo XXI: el tan llevado y traído Proyecto del Genoma Humano. La labor de este Consorcio es la de promover y realizar los estudios para crear el Centro de Medicina Genómica, es decir, asegurar que el Centro sea una realidad.

Por su magnitud, el proyecto rebasa las posibilidades de una sola institución, por lo que será desarrollado mediante una alianza entre las cuatro instituciones firmantes. El CEMEGEN va a depender del sector salud y sus objetivos centrales serán impulsar las investigaciones, desarrollos tecnológicos, formación de especialistas y la generación de conocimientos sobre el genoma humano y sus beneficios. También se tiene previsto que el Centro maneje un sistema de becas y otro de profesores visitantes, y que promueva el intercambio científico nacional e internacional.

La coordinación del Comité Técnico del Consorcio estará a cargo del doctor Guillermo Soberón. El doctor Gerardo Jiménez Sánchez, actualmente investigador del Instituto de Medicina Genética de la Universidad Johns Hopkins e investigador residente de FUNSALUD, fue designado como su director. Dada la naturaleza de su cometido, el Consorcio tiene una vida efímera, que va a terminar con el nacimiento del CEMEGEN.

Pintura contra graffitis

Son muchos los elementos que afean las ciudades: la basura, la falta de espacios verdes, la excesiva cantidad de anuncios espectaculares, la falta de planeación arquitectónica. Pero uno de ellos, recientemente introducido al paisaje urbano, podría ganar alguno de los primeros lugares: los graffitis, que de algunos años a la fecha cubren buena parte de las superficies que existen en nuestras ciudades. No hablamos de los grafittis artísticos, sino de las pintas callejeras que consisten en rayas, manchas y signos ininteligibles. Se han organizado campañas en las que cientos de vecinos pintan sus fachadas, las que amanecen al día siguiente cubiertas otra vez por estos jeroglíficos modernos. Por esto es una buena noticia el invento de una nueva pintura anti graffiti, llamada Deletum 3000, desarrollada por los investigadores Víctor Manuel Castaño y Rogelio Rodríguez Talavera, del Departamento de Física Aplicada y Tecnología Avanzada, FATA, del Instituto de Física de la UNAM, campus Juriquilla. Este recubrimiento, que puede aplicarse en cualquier tipo de muros, es el resultado de muchos años de investigación sobre materiales hidrofóbicos y oleofóbicos, es decir, repelentes al agua y a sustancias grasas.

La nueva solución se aplica sobre la pared y mientras se seca, sus componentes moleculares se separan: la parte hidrofílica, que se une al agua, se adhiere a la pintura del muro y la hidrofóbica impide la entrada del graffiti, que se escurre como agua sobre una sartén de teflón. El graffiti desaparece en unos cuantos días o bien se lava la pared o se quita usando una cinta adhesiva. Los investigadores aclararon que el recubrimiento no sirve para quitar los graffitis ya existentes; es indispensable pintar primero los muros con el Deletum 3000.

Este nuevo producto, desarrollado con la colaboración de la empresa Pinturas del Bajío, es parecido en textura y forma de manejo a las pinturas que se usan en exteriores y soporta decenas de aplicaciones de graffiti sin que se altere su color. Actualmente el recubrimiento es transparente como un barniz, pero pronto se venderá en toda la gama de colores y costará 120 pesos el litro, que para cubrir una superficie de 20 metros cuadrados. Como barniz será útil también para cubrir las obras de arte expuestas al aire libre, ya que por ser transparente, no altera los colores originales y tiene la ventaja adicional de que las protege del polvo y del agua.

Éste es sólo un ejemplo más de las aportaciones que pueden hacer la ciencia y la técnica a la vida cotidiana, que se podría tomar en cuenta cuando se piensa en hacer recortes a la investigación.

Animales diminutos, viajes inmensos

Si alguien te ofreciera un gran premio, ¿te animarías a realizar un viaje a través de miles de kilómetros por el mar abierto, sin ningún instrumento moderno de navegación y sin un guía experimentado? Si estás en tu sano juicio, seguramente dirías que no. Pero esto es precisamente lo que hacen miles de tortuguitas todos los años, con el agravante de que inician su viaje recién nacidas, en cuanto salen de sus huevos. Durante muchos años los científicos (y todos los que hemos tenido la suerte de ver este extraño fenómeno de la naturaleza), se han preguntado cómo hacen las pequeñas tortugas para realizar esta primera migración, que parece una misión totalmente imposible. Un grupo de investigadores dirigidos por Kenneth Lohmann, de la Universidad de Carolina del Norte, Estados Unidos, realizaron una serie de estudios en las tortugas caguama de la Florida, Caretta caretta, y demostraron que éstas nacen con la capacidad de “leer” el campo magnético de la Tierra, lo que les permite establecer el curso correcto de su migración, que sigue una corriente circular de aguas cálidas y ricas en alimento, que cubre más de 12 mil km a través del océano Atlántico. Este mecanismo no es infalible, ya que algunas de las crías se desvían de la ruta y mueren en aguas más frías, pero el sistema funciona para la mayoría de ellas.

Para determinar si las tortugas pueden diferenciar entre los distintos campos magnéticos que se encuentran en la corriente, los biólogos diseñaron pequeños “trajes de baño” para los animalitos, que conectaron a través de unos cables a un brazo mecánico muy ligero que se movía en la dirección en que nadaba la tortuga y esto lo registraron en una computadora. Los investigadores introdujeron a las tortugas, que nunca habían estado en el mar, a una alberca de fibra de vidrio llena de agua de mar, rodeada por un sistema computarizado de cables que producían un campo magnético, al que podían cambiar de dirección. Por medio de este sencillo experimento, Lohmann descubrió que al cambiar la dirección del campo, las tortugas también cambiaban la dirección hacia donde nadaban. Por ejemplo, cuando las expusieron a un campo magnético como el que existe en el norte de la Florida, las tortugas nadaron hacia el este, una dirección que las sacaría de la Corriente del Golfo, que se dirige al norte y hacia aguas frías. Los investigadores fueron simulando paulatinamente los campos que existen de forma natural en distintas zonas del Atlántico y las tortugas nadaron en una dirección que las mantendría en la corriente cálida para finalmente regresarlas a la Florida desde la mitad del océano.

“Nuestros resultados demuestran que las pequeñas tortugas pueden seguir campos magnéticos regionales y que los utilizan como auxiliares en la navegación”, aseguró Lohmann. “Las tortugas salen de sus nidos, listas para responder a campos magnéticos específicos, que dirigen sus movimientos. Esta respuesta es la apropiada para mantener a las tortugas dentro de su ruta migratoria específica”.

También existen colonias de caguamas, una especie en peligro de extinción, en las costas de Australia y Japón, pero estos grupos siguen la corriente cálida del Pacífico. Ya que estas poblaciones nacen con la información genéticamente impresa de esta otra ruta, es poco probable que pudieran sobrevivir si fueran introducidas en la costa este de los Esta Estados Unidos. Estos estudios demuestran que las tortugas de poblaciones distintas no son intercambiables, por lo que si la población de una desaparece, no se podría restablecer con tortugas de otras zonas del mundo. En otras palabras, la extinción es para siempre.

Super croc: un cocodrilo gigante

Desde hace más de 30 años un grupo de paleontólogos franceses excavó en un yacimiento de Níger y encontró fósiles de cráneos y de otras partes del cuerpo de una especie de cocodrilo gigante ya extinto. En esos años lo bautizaron con su nombre científico, Sarchosaurus imperator, pero no volvieron a hacer expediciones ni estudios posteriores en la zona, por lo que ninguna otra cosa se supo de esta especie. En 1997, el paleontólogo Paul Sereno, investigador de la Universidad de Chicago y explorador residente de la National Geographic Society, y sus colegas regresaron a excavar en el mismo sitio y encontraron restos fósiles muy bien preservados de este cocodrilo que es el más grande que haya existido: medía más de 12 metros y pesaba 8 toneladas. Ese año encontraron varios fósiles de mandíbulas muy bien preservadas de más de 1.8 metros de longitud, diseñadas, según los investigadores, para atrapar presas: peces, tortugas y pequeños dinosaurios. Las excavaciones continuaron hasta el año 2000 y en esos tres años, el equipo de paleontólogos encontró fósiles de cráneo, vértebras, huesos de las patas y de las placas óseas que cubrían parte del cuerpo del animal, con lo que han podido reconstruir el espécimen más completo que se tiene de un cocodrilo gigante.

Este enorme cocodrilo (“super croc”, como lo llama Sereno), habitó la zona que hoy es el África subsahariana, hace cerca de 110 millones de años, durante el período Cretácico. Los paleontólogos opinan que el Sarchosaurus no pertenece a la misma rama de reptiles que dieron origen a los cocodrilos modernos, pero sí comparten un ancestro común. En cuanto a sus hábitos piensan que habitaba en los ríos, pasaba la mayor parte de su vida bajo el agua y que igual que los gaviales (un grupo de cocodrilos que viven actualmente en la India), tenía una protuberancia redonda en el hocico que probablemente le servía para oler y emitir distintos sonidos, usados durante el cortejo.

En este mismo sitio arqueológico de Níger, llamado Gadoufaoua, los paleontólogos han encontrado fósiles de otras cuatro especies de cocodrilos de distinto tamaño, que vivieron al mismo tiempo que el Sarchosaurus. Uno de ellos tiene un cráneo de ocho centímetros y es una especie nueva de cocodrilo enano. Sereno piensa que en esas épocas remotas podían convivir tantas especies de cocodrilos distintas precisamente por la diferencia de tamaños, ya que no competían por los mismos recursos.

Al igual que los dinosaurios, muchos cocodrilos fueron animales gigantescos. Uno de ellos, Deinosuchus, tenía un rango de distribución que cubría la mayor parte de Norteamérica y era especialmente común en lo que actualmente comprende de Texas a Alabama.

Recientemente National Geographic hizo un programa de televisión sobre los descubrimientos de Sereno, quien ha viajado por todo el mundo dando conferencias sobre el “super croc” y sus parientes modernos, y sobre el trabajo de los paleontólogos. Y todavía hay quien piensa que los científicos son tipos aburridos.

Experiencias cercanas a la muerte

Muchas personas que estuvieron clínicamente muertas y revivieron, experimentaron una serie de vivencias que en conjunto se clasifican como experiencias cercanas a la muerte, o NDE por sus siglas en inglés. El médico Pim van Lommel y un grupo de investigadores del Hospital Rijnstate, de Holanda, realizaron el estudio más completo que se ha hecho a la fecha de este fenómeno y publicaron sus resultados en el volumen 358 de la prestigiada revista médica inglesa The Lancet. Sus descubrimientos son muy interesantes ya que contribuyen al conocimiento de cómo funciona la mente.

Los investigadores definen muerte clínica como un periodo en el que se da una falta de conciencia por un insuficiente suministro de sangre en el cerebro, debido a que la circulación sanguínea, la respiración, o ambas son inadecuadas. Si en esta situación no se administra una resucitación cardiopulmonar en un lapso de cinco a 10 minutos, el daño al cerebro será irreparable y el paciente morirá. Las NDE son la serie de recuerdos que reportan los pacientes que han estado clínicamente muertos y son resucitados, y que incluyen elementos específicos como experimentar sensaciones muy placenteras, un desdoblamiento en el que ven su cuerpo desde afuera, viajar por un túnel, ver una luz, encontrarse con parientes que han muerto o ver un resumen de su vida, como una película que pasa a gran velocidad. Las NDE se han reportado en muchas circunstancias, por ejemplo en personas que han sufrido paro cardiaco, coma debido a daños cerebrales por traumatismos, hemorragias cerebrales, intentos de suicidio o asfixia, entre otras. También han tenido estas experiencias personas con enfermedades graves, o que sufren depresiones profundas, o personas perfectamente conscientes y sanas, sin ninguna razón aparente.

El estudio se llevó a cabo con 344 pacientes en 10 hospitales de Holanda que sufrieron muerte clínica causada por paros cardiacos y posteriormente fueron resucitados. Unos cuantos días después, en cuanto estuvieron suficientemente restablecidos, los investigadores entrevistaron a los pacientes. También compararon los datos demográficos, médicos, farmacológicos y sicológicos de los que reportaron NDE y los que no lo hicieron. Sesenta y dos pacientes (18% del total) reportaron haber tenido NDE; todos recordaban algunos hechos que sucedieron durante la muerte clínica y para ninguno de ellos la experiencia fue negativa. En el estudio no se encontró ninguna relación entre la ocurrencia de NDE y la duración o gravedad del paro cardiaco ni con las medicinas usadas; es decir que no se encontraron factores médicos que pudieran explicarlo. Tampoco factores sicológicos (como son el miedo a la muerte o la creencia en ideas religiosas) fueron determinantes para que las personas tuvieran (o no) estas experiencias. La única relación que encontraron fue que los más jóvenes (especialmente aquéllos menores de 60 años) y las mujeres (incluso las que tenían 60 años o más) tuvieron NDE con mayor frecuencia.

Se han propuesto varias hipótesis sobre el origen de las NDE. Algunos investigadores piensan que éstas las causan cambios fisiológicos del cerebro, como los que suceden a partir de la muerte de células del cerebro por la falta de oxígeno, pero si esto fuera así, todos los pacientes del estudio deberían haberlas experimentado y sólo lo hizo el 18%.

La duda más importante que plantea la investigación es la siguiente: ¿cómo puede una persona tener una conciencia clara y saber lo que sucede a su alrededor durante el lapso que dura la muerte clínica, cuando el electroencefalograma denota una ausencia de actividad cerebral? Esto todavía no se sabe, pero lo que es seguro es que estos estudios están modificando las ideas que tenemos de la relación mente- cerebro.

 

Martha Duhne

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