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18 de enero de 2018
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Ráfagas

No. 41

Detectan relación entre el ozono y el asma

Desde hace más de diez años sabemos que niveles elevados de ozono (O3), uno de los principales contaminantes atmosféricos, agudizan los cuadros de asma; es decir, que un sitio que presenta niveles altos de ozono no es el mejor lugar para nadie, pero menos para un asmático. Lo que es una novedad es el resultado de un estudio que se publicó recientemente en la revista inglesa The Lancet, en el que un investigador asegura que el ozono es directamente responsable de que se desencadene esta enfermedad, en especial en niños y niñas que practican deportes al aire libre. Rob McConell, de la Escuela de Medicina de la Universidad del Sur de California, realizó este estudio en 3 535 personas de nueve a 16 años de edad que vivían en una de 12 comunidades localizadas en el sur de ese estado. En un periodo de cinco años, 265 de ellos (el 7.5% del total) habían desarrollado asma. El riesgo de adquirir asma en los que practicaron deportes en exteriores, donde existen niveles de ozono altos, fue 3.3 veces mayor que el de los no deportistas. Por otro lado, en zonas con niveles bajos de este contaminante no se encontró aumento en la proporción de personas que desarrollaron asma, aun en muchachos muy deportistas. Tampoco encontraron ninguna relación con el nivel socioeconómico, antecedentes de asma o de alergias en la familia o algún otro factor de riesgo. Hasta ahora los médicos sabían que los niveles altos de ozono empeoraba los casos ya existentes de asma, pero no que la causaban.

Un dato para que reflexionemos los capitalinos: en el estudio de McConell se consideraron elevados los niveles de ozono presentes en las zonas que tuvieron en promedio el equivalente a 55 IMECAS (Índice Metropolitano de Calidad del Aire). En la Ciudad de México durante 19 días de los meses de noviembre y diciembre del año pasado, la concentración de ozono tuvo niveles catalogados por la Secretaría de Medio Ambiente como satisfactorios, es decir, de 100 o menos IMECAS, mientras que durante 42 días los registros fueron no satisfactorios, porque fueron mayores de 101 puntos.

Probablemente, el dato más preocupante de este estudio es que en zonas con altos niveles de contaminación atmosférica, los muchachos que están en mayor riesgo son los deportistas que pasan muchas horas en exteriores, algunas veces practicando varios deportes distintos. El ejercicio es muy recomendable para niños y adolescentes, pero ahora en ciudades muy contaminadas se ha convertido en un importante factor de riesgo para la salud. Habrá que ver si en un futuro la solución es que no se practiquen deportes al aire libre en días en que los niveles de contaminación son altos, o si se toman medidas mucho más enérgicas para controlar la emisión de contaminantes.

Limitan el flujo de información científica

Además del conocido perfil de la ciudad de Nueva York, muchas otras cosas cambiaron en los Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre. A mediados del mes de febrero se dio a conocer que la administración del presidente George Bush decidió sacar de circulación más de 6 600 artículos científicos (que tenían información sobre armas químicas y bacteriológicas) por considerar que podían ser peligrosos. Y esto es sólo la punta del iceberg: lo que están haciendo es desarrollar una nueva política de seguridad que permita al gobierno restringir y controlar la difusión de cierto tipo de información científica.

Como era de esperarse, las medidas han suscitado una serie de críticas de muchos sectores de la sociedad, pero en especial de los científicos. Y es que el libre flujo de información no sólo es deseable, sino una caraterística esencial para que la ciencia pueda desarrollarse. Para un investigador es imprescindible mantenerse informado de los avances de sus colegas, así como poder repetir y comprobar los resultados obtenidos por ellos. Los documentos que ya fueron prohibidos y que durante décadas circularon libremente entre el público, especialista o no que quiso consultarlos, son de las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta, pero también de años recientes. Varios expertos opinaron que no existe en la historia de los Estados Unidos ningún antecedente que sea similar a éste, en relación al número de documentos prohibidos. En 1982 la administración del presidente Ronald Reagan prohibió la presentación de cerca de 100 documentos científicos en un congreso de ingeniería óptica que se llevó a cabo en la ciudad de San Diego, por temor a que la información pasara a manos de espías soviéticos. Pero la respuesta a estas acciones fue de tal magnitud, que el presidente dio marcha atrás y finalmente los documentos se publicaron.

En otra medida, personal de seguridad de la Casa Blanca solicitó a los miembros de la Sociedad Americana de Microbiología que limiten la información potencialmente peligrosa que salga en las 11 revistas científicas en donde periódicamente publican, como son Infection and Inmunity, The Journal of Bacteriology y The Journal of Virology. La recomendación de la Casa Blanca es que eliminen las secciones de los artículos que dan los detalles de los experimentos para que investigadores de otros lugares puedan repetirlos y probar su validez.

La presidenta de la Sociedad, Abigail Sayers, opinó al respecto que “el terrorismo se alimenta del miedo y éste de la ignorancia. La mejor defensa contra el ántrax o cualquier otra enfermedad infecciosa es proporcionar la información que aumente la seguridad de la gente”. El doctor Robert Rich, presidente de la Federación de Sociedades Americanas de Biología Experimental, asegura que los riesgos de frenar el avance de la ciencia son mucho mayores que la probabilidad de que cierta información pueda terminar en las manos equivocadas.

El color del Universo

Dos astrónomos, Ivan Baldry y Karl Glazebrook, de la Universidad Johns Hopkins, informaron durante el mes de enero de este año que el Universo era color turquesa. Pero se equivocaron. Los investigadores llegaron a esta conclusión como uno de los resultados del estudio que realizan sobre la formación de las estrellas y la determinación de la edad promedio de las galaxias. Trabajaron con datos recabados en el Australian 2dF Galaxy Redshift Survey, un estudio que se lleva a cabo en el Observatorio Anglo-Australiano de más de 200 000 galaxias localizadas a una distancia de 2 a 3 mil millones de años luz de la Tierra. Usando la porción de luz visible que emiten las galaxias, elaboraron una tabla a la que llamaron el “Espectro cósmico” que originalmente era una gráfica, pero que los investigadores transformaron en una tabla de colores, reemplazando la longitud de onda que emite cada galaxia con el color que registra el ojo humano a esa longitud de onda. Analizando sus datos, concluyeron que si una persona pudiera ver toda la luz del Universo junta, el color que registraría el ojo sería un turquesa claro, color muy sugerente.

De acuerdo a los investigadores, el Universo empezó siendo azul pero fue cambiando a tonos de verde conforme el número de estrellas más antiguas se volvían rojas. La formación de estrellas nuevas ha decrecido en los últimos seis mil millones de años. Al ir disminuyendo el número de estrellas que se forman y más y más estrellas se conviertan en gigantes rojas, el color del Universo se irá haciendo cada vez más rojo. Finalmente todas las estrellas desaparecerán y sólo quedarán en el Universo hoyos negros.

Fue una sorpresa la conclusión de que el color del Universo era turquesa, ya que no existen estrellas verdes. La noticia, que en realidad no tiene ningún significado importante para la ciencia, causó un revuelo impresionante en los medios de comunicación. Entonces se presentó un problema grave: varios investigadores que leyeron el artículo de Glazebrook y Baldry se interesaron en este tema y trataron de llegar al color turquesa usando los mismos datos del estudio, pero el resultado fue mucho menos romántico: en realidad el Universo es de un color cercano al beige. Al volver a analizar sus datos, los investigadores se dieron cuenta que habían cometido un error y que, efectivamente, si el Universo tiene algún color es el poco atractivo beige. El error tuvo que ver con lo que se llama “punto blanco”, que es la luz que los investigadores consideraron sería blanca para el ojo humano. Este punto era en realidad ligeramente rojo. Al hacer las correcciones, la suma de la luz de todas las galaxias analizadas fue parecida al café con leche.

“Estamos muy avergonzados” dijo Glazebrook, “pero así es la ciencia. No somos políticos. Si nos equivocamos, lo admitimos. Así es como avanza la ciencia”. El entender esto es mucho más importante que conocer el color del Universo.

Premia la UNESCO a científica de la UNAM

Ana María López Colomé, investigadora del Departamento de Neurociencias del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, recibió el miércoles 6 de marzo el premio L’Oreal en la cuarta edición de este reconocimiento que otorga la UNESCO a mujeres científicas.

López Colomé es doctora en química por la UNAM y hace más de 20 años realiza investigaciones sobre los mecanismos moleculares de la retina, que la han llevado a estudiar dos enfermedades llamadas retinosis pigmentaria y vitoretinopatía proliferativa, causantes de ceguera.

El premio fue creado en 1988 y se otorga a cinco mujeres que se hayan distinguido por su contribución al progreso de la ciencia. También se entregan 10 becas de aproximadamente 10 000 dólares a jóvenes científicas para ayudarlas a continuar con sus investigaciones.

La doctora López Colomé fue seleccionada entre más de 800 candidatas de todo el mundo. Las otras ganadoras fueron de Egipto, Estados Unidos, India y Alemania, y cada una recibió 20 000 dólares como parte del premio. El jurado que otorgó este reconocimiento, que ya ha sido entregado a 51 científicas de 44 países, estuvo presidido por el premio Nobel de medicina del año 1974, Christián de Duve, y fueron entregados por Lindsay Owen-Jones, presidente de la empresa L’Oreal y Koichiro Matsuura, director general de la UNESCO.

Owen-Jones dijo “Lo que es realmente importante para nosotros es que estas científicas son modelos para las generaciones futuras. A través de sus experiencias, alientan a mujeres de todos los continentes a que elijan carreras científicas”.

¿Cómo ves? felicita muy calurosamente a la doctora López Colomé y a la UNAM por este reconocimiento.

Los diez arrecifes con mayor Biodiversidad

Un equipo de varios investigadores de Inglaterra, Canadá y los Estados Unidos, dirigidos por Callum Roberts de la Universidad de York, reportaron el mes de febrero en la revista Science que en 10 arrecifes coralinos localizados en diferentes sitios de las costas de todo el mundo (que representan cerca del 0.017% de la superficie total de los océanos), se localizan más del 34% de todas las especies que habitan estos ecosistemas, también llamados “las selvas del mar”. Esto significa que si se logra proteger estas zonas, se estará salvando una proporción importante de las especies coralinas. Evidentemente lo deseable sería que los seres humanos nos diéramos cuenta de la importancia de éste y todos los ecosistemas, y tomáramos medidas enérgicas para protegerlos, pero como esto no está ocurriendo y los recursos económicos destinados a la protección son bastante limitados, es una buena noticia saber que varios organismos internacionales se han abocado a delimitar cuáles son las zonas con mayor biodiversidad, de lo que se espera probablemente deriven planes para proteger estos llamados hot spots arrecifales. Una segunda buena noticia es que en la lista aparecen los arrecifes del sureste Mexicano, que incluyen los que se encuentran en las costas de la península de Yucatán y parte de Centroamérica. Los otros nueve arrecifes coralinos están localizados en Filipinas, el Golfo de Guinea, las Islas de la Sonda en Indonesia, las islas Mascareñas en el Océano Índico, la costa este de Sudáfrica, la región norte del Océano Índico, el sur de Japón, Taiwan y de China, las Islas de Cabo Verde, el Mar Rojo y el golfo de Adén en el Océano Índico.

Los arrecifes coralinos se encuentran en peligro en especial por actividades humanas como el turismo, la contaminación de los océanos y el calentamiento global. Otras acciones como la tala de bosques producen erosión y el suelo que se pierde es arrastrado por las lluvias hasta el mar, dónde cubre y asfixia a los corales. Miles de toneladas de fertilizantes químicos que se usan en la agricultura también terminan en los arrecifes, donde producen un crecimiento desmedido de algas marinas que impiden que los corales se desarrollen adecuadamente.

Además de su valor ecológico, los arrecifes constituyen una reserva importante de materias primas para elaborar medicinas. Por ejemplo, de los corales se extraen compuestos químicos usados en la producción de medicamentos como el AZT, para controlar el sida. Y en una escala global, de estos ecosistemas se extraen alimentos para cientos de millones de personas. Además de que son de los sitios más bellos del planeta.

Este estudio se llevó a cabo por investigadores del Centro de Ciencias Aplicadas a la Biodiversidad, que depende de Conservación Internacional, una organización ambiental dedicada a la preservación de la diversidad biológica.

 

Martha Duhne

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