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19 de agosto de 2018
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¿Cómo ves?
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Ráfagas

No. 43

Viaje a las estrellas

¿Cómo no sentirse cautivado con la idea de desplazarse por los cielos estrellados para visitar algún planeta desconocido? Novelas, programas de televisión y radio y, más recientemente, cientos de películas de todo tipo (incluidos unos churros insoportables), han tratado este tema y no es difícil imaginar a los hombres y mujeres de todas las épocas soñando en cómo sería un viaje interestelar.

En la más reciente reunión de la American Association for the Advancement of Science (la sociedad científica estadounidense que entre otras cosas publica la prestigiada revista Science), un numeroso grupo de científicos de varias especialidades se reunió precisamente para eso: imaginarse cómo podría ser este viaje. Todos estuvieron de acuerdo en que sería muy complicado realizarlo pero no imposible, mientras no desafíe a las leyes de la física.

John H. Moore, antropólogo de la Universidad de Florida, comparó a un primer grupo de astronautas imaginarios con los polinesios que hace miles de años se embarcaron en rudimentarias canoas a colonizar nuevas islas. Ninguno sabía si iba a regresar, ya que los vientos se dirigían en una sola dirección, y muchos de los que decidieron llevar a cabo esta aventura seguramente murieron en el intento. Pero finalmente los polinesios colonizaron Nueva Zelanda y Hawai. No obstante, ninguna migración humana puede compararse con la dificultad que representa llegar a otra estrella. Sería necesario contar con una nave que pudiera viajar a una velocidad que se aproximara, en alguna medida, a la velocidad de la luz, para poder desplazarse por las inmensas distancias que nos separan de la estrella más cercana a nosotros: Alfa Centauri, localizada a 4.4 años luz del Sol. Geoffrey A. Landis, investigador del John Glenn Research Center de la NASA, dijo que si un grupo de hombres y mujeres hubieran empezado este viaje durante la última edad de hielo, hace 11 000 años, en una nave como el Voyager (que es el objeto más veloz puesto en órbita), el día de hoy estarían aproximadamente a una quinta parte de la distancia que nos separa de Alfa Centauri.

Se discutió entonces la posibilidad de construir naves que pudieran viajar a mucha mayor velocidad, probablemente usando como combustible energía nuclear. Independientemente de cuál fuera el combustible utilizado, los científicos estuvieron de acuerdo en que para que el viaje resultara agradable, la nave tendría que generar una gravedad artificial, rotando sobre su eje una o dos veces por minuto.

¿Cómo sería la tripulación? Tomando en cuenta el tiempo y la distancia que habría que recorrer, la única posibilidad sería que varias generaciones realizaran el viaje. Pensando en cómo podría organizarse esta misión especial, Moore consideró que tendría que ser con base en un número suficiente de hombres y mujeres que tuvieran la posibilidad de unirse y formar una familia, para que sus hijos e hijas continuaran la travesía. Moore y sus colegas diseñaron un programa de computadora al que bautizaron Ethnopop, y determinaron que la tripulación original de este viaje hipotético tendría que ser de 80 a 100 personas, para mantener la variabilidad genética y la posibilidad de elegir una pareja durante los cientos de años que duraría el viaje. Pero habría que seguir una regla: las mujeres no podrían ser madres antes de los 30 años, ni tener más de dos hijos.

Por su parte, Sarah G. Thomason, profesora de lingüstica de la Universidad de Michigan, habló de que la diversidad genética era esencial, pero no la diversidad de idiomas, en función de que la comunicación entre los tripulantes fuera fluida. Se llegó a la conclusión (obvia) de que el idioma usado seguramente sería el inglés, argumentando que “éste es el idioma oficial del sistema internacional de control de tráfico aéreo, de la comunidad científica y de las clases educadas de todo el mundo” (¡Qué tal!). Los lingüistas estuvieron de acuerdo en que los nietos de la generación original, probablemente estarían hablando con un ritmo y un acento diferentes a los de sus abuelos, variedad idiomática a la que denominaron “inglés espacial”, y que seguramente inventarían palabras nuevas y por falta de uso, se olvidarían de otras, como nieve, mar, caballo o río.

Finalmente se habló de la cocina espacial, tema fundamental ya que la tripulación tendría que ser autosuficiente. Jean B. Hunter, profesor de biología y de ingeniería ambiental de la Universidad de Cornell, de los Estados Unidos, opinó que en la naves se podrían cultivar distintos vegetales en jardines hidropónicos. Habló de la posibilidad de producir de esta forma trigo, arroz, papas, frijoles, soya, maíz, hierbas y especies, lo que resultaría en una dieta bastante monótona, pero nutritiva.

Puede parecer algo loco que un grupo de importantes científicos se reúnan para discutir un tema en principio tan alejado de la realidad, pero la verdad es que no pocos de los avances en ciencia y tecnología con los que contamos hoy seguramente comenzaron así: hablando.

Biodiversidad y cambio climático

El clima del planeta está sufriendo cambios a nivel global debido, entre otras cosas, al aumento de partículas de CO2 en la atmósfera. ¿Qué efectos tendrá el cambio climático de la Tierra en los ecosistemas naturales? ¿Qué especies silvestres se encuentran en mayor riesgo de sufrir en las siguientes décadas una importante reducción de su hábitat o incluso de extinguirse? Tratando de responder éstas y otras dudas, investigadores de la Universidad de Kansas, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de California, realizaron un estudio que analiza el impacto que tendrá en los siguientes 50 años el cambio climático en los ecosistemas del país, en dos escenarios posibles: uno que preveé cambios climáticos moderados y otro cambios más drásticos. El estudio fue patrocinado por la National Science Foundation, de los Estados Unidos, y por el gobierno de México, y lo dirigió A. Townsend Peterson, de la Universidad de Kansas. De la UNAM, participaron los investigadores Víctor Sánchez Cordero, Adolfo Navarro Sigüenza y Jorge Soberón.

Los investigadores concluyen que los cambios en el clima afectarán en los siguientes 50 años a 1 870 especies de mamíferos, aves y mariposas que habitan en México, donde la gran mayoría de ellas reducirán sus rangos de distribución.

Desde hace tiempo, varios especialistas sabían que el cambio climático tendría un impacto en la biodiversidad del planeta, pero no contaban con los datos de la distribución de muchas de las especies para un área tan grande como todo el territorio nacional, ni con los programas de computación necesarios para analizar la relación entre las especies y el clima en toda esta área. Por lo tanto, esta investigación es un paso importante para entender, en términos cuantitativos, el impacto que tiene el cambio del clima en los ecosistemas y la biodiversidad.

En el estudio colaboraron investigadores de varias disciplinas: geógrafos, geólogos, biólogos y expertos en el programa de computación utilizado. Se consultaron más de 100 000 fichas que contenían datos de la localización geográfica de 1 179 especies de aves, 416 de mamíferos y 175 de mariposas. También se analizaron los datos de la Comisión Nacional para la Biodiversidad, la CONABIO, organismo que se había dado a la tarea de recabar la información sobre especies mexicanas que se encontraba dispersa en 40 museos de historia natural de todo el mundo. Otra pieza importante fue la de poder predecir los cambios que se darán en el clima en México en las siguientes décadas. Para esto, los investigadores usaron los modelos de predicción de clima que ha realizado el Intergovernmental Panel on Climate Change, el IPCC, que depende de la Organización Meteorógica Mundial y de las Naciones Unidas. Y el tercer elemento de la investigación fue el programa que usaron para integrar y analizar todos los datos.

Víctor Sánchez Cordero opinó que de esta investigación, publicada en la revista Nature del pasado mes de abril, se pueden sacar dos conclusiones: la primera es que se puede predecir que el cambio climático va a afectar drásticamente a nuesta fauna, y la segunda, que el acercamiento interdisciplinario que utilizaron en la investigación apunta a otra forma de hacer ciencia. Ambas son de una enorme trascendencia para el futuro de nuestro cada vez más cálido planeta.

Eclipse anular en Puerto Vallarta

El 10 de junio podremos ver en México y en algunos otros afortunados países uno de los fenómenos más bellos que ofrece la naturaleza, gratis y a todo color: un eclipse anular de Sol. Podrá ser observado en una franja que empezará al norte de Indonesia, cruzará el Pacífico al norte de las islas Midway y finalizará en la costa de México, al sur de Puerto Vallarta.

Existen tres tipos de eclipses de sol: el total, en el cual la Luna cubre por completo el diámetro solar, una franja de la Tierra se oscurece y de pronto en el cielo pueden verse es trellas; otro es el eclipse solar parcial, donde la Luna pasa frente al disco solar pero sin alcanzar a cubrirlo, en este caso se ve un círculo negro que cubre parte de la superficie del Sol; y el tercer tipo es el que va a ocurrir el 10 de junio, el anular. Este tipo de eclipse tiene características muy semejantes a las de un eclipse total, con la diferencia de que la Luna se encuentra a más distancia de nuestro planeta y su diámetro no resulta suficiente para ocultar por completo al Sol, por lo que mientras el disco solar es ocultado por la Luna, por los bordes de ésta se alcanza a ver la circunferencia del Sol, que forma un anillo de luz alrededor del disco lunar.

En Puerto Vallarta el eclipse dará inicio a las 19:31 horas y tendrá una magnitud de 0.974, lo que significa que el 97.4% del diámetro del Sol estará cubierto por la Luna. También podrá verse en la Ciudad de México, si las condiciones atmosféricas y la contaminación lo permiten, empezará a las 19.33 horas, y aquí tendrá una magnitud de 0.633, es decir que sólo el 63.3% de la superficie del Sol estará eclipsada por la Luna. No hay que olvidar que ver directamente al Sol durante un eclipse causa daños irreversibles en los ojos, por lo que es necesario tomar ciertas precauciones. Existen varias técnicas seguras para ver un eclipse. Una es el método de la proyección en dos superficies, que puede construirse de la siguiente forma: se hace una pequeña perforación en un cartón blanco y se deja pasar la luz del Sol a través de él, para que se proyecte en la superficie de un segundo cartón blanco. Aquí se formará una imagen invertida del Sol. Te tienes que colocar de espaldas al Sol, de manera que los rayos pasen por tu hombro, atraviesen la perforación del primer cartón, y lleguen al segundo cartón, que funciona como una pantalla. También se pueden comprar filtros especiales que suelen venderse en revistas especializadas de astronomía, tanto para verlo directamente, como a través de cámaras fotográficas, telescopios o binoculares. Asegúrate que sean filtros profesionales. Por último, se pueden usar rollos de fotografía que han sido expuestos a la luz (velados), pero tienen que ser de películas en blanco y negro, como las de Kodak Tri.X o la Pan-X. Hay que sacar el rollo de su cartucho y exponerlo al Sol por más de un minuto, después tienes que mandarlo revelar. Es más seguro usar dos capas del negativo. Las películas de color no sirven, ni los negativos en blanco y negro producidos con película de color, ya que no bloquean suficientemente los rayos solares. De cualquier manera, no es recomendable ver el eclipse durante más de algunos segundos.

Si te interesa saber cómo se verá el eclipse en la ciudad donde vives, consulta la página web: http://sunearth.gsfc.nasa.gov/eclipse/ ASE2002/ASE2002city3/ASE2002city3.html

Importante premio para Jaime Litvak, arqueólogo mexicano

Jaime Litvak King, investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, recibió a finales del pasado mes de abril el Lifetime Achievement Award, otorgado por la Society for American Archaeology, con lo cual se convierte en el primer mexicano al que se le otorga este importante reconocimiento. El premio reconoce las contribuciones del doctor Litvak en toda una vida dedicada a la arqueología mexicana, el conjunto de sus investigaciones, su labor en la enseñanza, así como la creación de técnicas en arqueología.

Actualmente, el investigador universitario desarrolla diversos proyectos, uno de los cuales se refiere a una mina del siglo XIX de Real del Monte, Hidalgo, y a varias haciendas de beneficio que se localizan en la zona. Jaime Litvak comentó que durante muchos años los que dirigían estas haciendas fueron ingleses metodistas, por lo que ha sido necesario realizar estudios históricos y etnográficos sobre ellos.

La revista ¿Cómo ves? felicita con mucho cariño a Jaime Litvak, miembro de nuestro Consejo Editorial.

 

Martha Duhne

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Escapar de la violencia

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Aire limpio, ¿un milagro?

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