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26 de abril de 2018
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Ráfagas

No. 47

Encuentran el cráneo del primer migrante

Tres cráneos y algunos restos de mandíbulas cuya antigüedad se calcula en cerca de 1.75 millones de años, encontrados en Damnisi, Georgia (ex URSS), han venido a replantear lo que hasta ahora creíamos saber acerca de la historia evolutiva de los seres humanos. El origen del hombre puede rastrearse hasta el continente africano; la especie más antigua del género Homo, H. rudolfensis, se encontró en Kenya y ha sido fechada en más de dos millones de años. Grupos de infatigables caminantes salieron desde África, miles de años después, para poblar el resto del planeta. Los arqueólogos pensaban que, para poder realizar tales migraciones a través de climas y regiones geográficas muy diferentes, estos hombres y mujeres primitivos debieron desarrollar antes cuerpos más altos y fuertes, y tener un cerebro mayor. Los antropólogos suponían que los primeros migrantes debieron pertenecer a la especie Homo erectus, que corresponde a estas características. Pero el reciente hallazgo contradice esta hipótesis, ya que los homínidos encontrados en Georgia son pequeños, delgados, con brazos largos y piernas cortas, cráneos pequeños, narices cortas y grandes caninos, más parecidos a chimpancés que a los seres humanos modernos. El estudio fue dirigido por David Lordkipandize, del Museo Estatal de Georgia, y en él participaron investigadores de Georgia, Alemania, Francia y los Estados Unidos; fue patrocinado en parte por el National Geographic Society’s Comittee for Research and Explortation.

Damnisi se encuentra en la confluencia de dos ríos, entre el Mar Negro y el Caspio, a 80 kilómetros al sudoeste de Tbilisi, la capital de Georgia. Las excavaciones en este sitio datan de 1936 y se iniciaron buscando los restos de un castillo medieval de mil años de antigüedad.

Fue en 1983 que un arqueólogo encontró el diente de un rinoceronte, por lo que decidieron excavar en sedimentos más profundos. Un año después encontraron algunas herramientas muy primitivas y en 1999 el primero de los cráneos. Al fecharlos se dieron cuenta que su edad era de 1.75 millones de años, haciendo del sitio el más antiguo en restos de homínidos fuera del continente africano y un verdadero tesoro para los antropólogos interesados en la evolución humana.

Las herramientas encontradas en el sitio son muy poco elaboradas; se trata de hachas sencillas y piedras usadas para raspar, que son similares a las encontradas en un sitio arqueológico de Tanzania. Esto implica que los viajeros contaban con una tecnología muy primitiva, hecho que también desconcierta a los investigadores, quienes suponían que otra condición para que estos homínidos pudieran dejar el continente, fue haber poseído una tecnología más desarrollada.

Por otra parte, en el yacimiento se encontraron cientos de fósiles de plantas así como huesos de varios animales, conchas de caracoles y polen. Con estos fósiles, los investigadores podrán reconstruir la historia ambiental de la zona con más detalle y precisión del que ha sido posible en ningún otro sitio arqueológico de esa época.

Ésta ha sido una gran sorpresa, pero para conocer con toda precisión la historia evolutiva de los seres humanos aún nos hace falta descubrir muchos otros yacimientos.

Fábricas de relámpagos

Usando los datos recabados durante más de 12 años por la Red Nacional de Detección de Relámpagos (National Lightning Detection Network o NLDN), Scott Steiger, de la Universidad A&M de Texas, y un grupo de colaboradores, hicieron un mapa que muestra la incidencia de relámpagos en un área que incluye la ciudad de Houston y 300 kilómetros a la redonda, y encontraron que ese centro urbano recibe en promedio 40% más relámpagos que las zonas rurales circundantes.

Un relámpago es una descarga eléctrica luminosa y de mucha energía (varios cientos de millones de volts), que se da entre una nube y el suelo (rayo), dos nubes o entre dos niveles de una misma nube. Más de la mitad de los relámpagos se producen dentro de una misma nube; los menos frecuentes son los que se dan entre dos o más nubes.

Houston es la cuarta ciudad de los Estados Unidos por su tamaño y recibe en promedio siete relámpagos por kilómetro cuadrado por año, mientras que las zonas rurales cercanas reciben dos. Esta diferencia es más pronunciada a medio día durante el verano y el otoño, lapso durante el cual la ciudad recibe 70% más relámpagos que las zonas que la rodean.

Los meteorólogos se preguntaron a qué podía deberse esta diferencia y llegaron a la conclusión de que la mayor temperatura de la ciudad en relación con la del medio que la rodea, es la causante del aumento en la cantidad de relámpagos, cuando menos de los que ocurren por la interacción entre las nubes y el suelo. Las ciudades grandes y muy pobladas son islas de aire caliente, producido por las grandes manchas de concreto que reflejan los rayos solares. Los meteorólogos proponen que el calor añade energía a las lluvias pasajeras convirtiéndolas en grandes tormentas, y que la contaminación atmosférica de las ciudades también debe contribuir al aumento de relámpagos, si bien aún no han elaborado una teoría definitiva al respecto.

Esta es una evidencia más de la influencia de las grandes ciudades en el clima.

¿Huevos con chorizo o tostada con mermelada y jugo de naranja?

Acerca de las dietas existe una enorme confusión y la ciencia no parece estar aportando conclusiones definitivas, pero dos cosas son seguras: en muchos países (incluido el nuestro) el número de obesos va en aumento y la industria que se ha desarrollado alrededor del deseo de bajar de peso, como son las clínicas, videos de rutinas de ejercicios, venta de aparatos de gimnasia y pomadas y chochos antigrasa, produce ganancias de millones de dólares anuales. De acuerdo con Katherine Flegal, una epidemióloga del Centro Nacional para Estadísticas en Salud de los Estados Unidos, durante las décadas de los años sesenta y setenta, el porcentaje de estadounidenses obesos se mantuvo constante, en un 13%, pero en los siguientes 20 años subió a casi el 25% de la población. Y durante estos años, la cantidad de menores de edad con sobrepeso se triplicó. Algunos nutriólogos piensan que este incremento de personas obesas en ese país está relacionado con la publicación, en 1977, de las “Metas dietéticas para los Estados Unidos” por parte del senado estadounidense. Ahí se recomendaba a los ciudadanos reducir drásticamente el consumo de grasas animales con el fin de controlar las enfermedades cardíacas, a las que llamaron asesinas por el alto número de muertes que causaban.

La industria alimentaria rápidamente empezó a elaborar productos bajos en grasas, como galletas, pastelitos, leches, quesos y yogurts.Y como éstos tenían que ser apetitosos, les agregaron algún tipo de edulcorante. Ya que debían competir con miles de productos muy bien establecidos en el mercado estadounidense, inundaron los medios con el mensaje de que la grasa era el mismísimo demonio.

Veinticinco años y muchos estudios después, varios investigadores apoyan la idea de que no son las grasas, sino los carbohidratos, los responsables del aumento de peso en la población. Pero debido a que las pastas, el arroz blanco, el azúcar refinada y los jarabes que endulzan los refrescos y jugos de fruta enlatados no tienen nada de grasa, muchas personas los consumen pensando que deben ser nutritivos y no engordan.

Walter Willett, director del Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de Harvard, realizó una investigación muy completa sobre la relación que existe entre la dieta y la salud; en ella involucró a más de 300 000 personas y se contó con un presupuesto de 100 millones de dólares. El investigador concluye que la tan difundida idea de que toda la grasa es dañina para la salud es incorrecta y que puede haber contribuido a la epidemia de obesidad que actualmente sufre un importante porcentaje de la población. Un hecho que apoya esta teoría es que la cantidad de grasa en la dieta estadounidense ha bajado progresivamente en las últimas dos décadas y la de obesos sigue incrementándose.

Kelly Brownell, psicóloga de Yale, opina que otro factor importante para explicar este fenómeno es que vivimos en lo que llama un medio alimenticio tóxico, de comida chatarra de pésima calidad nutricional, cuyos productores gastan en campañas de publicidad 10 mil millones de dólares al año (sólo en los Estados Unidos) y está reemplazando a muchos de los alimentos tradicionales, más nutritivos, en muchas partes del mundo. El demonio está cambiado de cara.

Nadie propone que hay que volver a atiborrarnos de grasas, sino procurar tener una dieta balanceada con algunos carbohidratos como cereales y arroz integrales, muchas frutas y verduras, y carnes y lácteos en menor proporción. Y desde luego, eliminar el azúcar y las harinas blancas, los refrescos y todo el resto de comida chatarra.

El pelo puede ser una evidencia

En la escena de un crimen los detectives observan con detalle el lugar de los hechos y buscan y etiquetan cualquier cosa que pueda convertirse en evidencia para analizarla en un laboratorio. Así se ha identificado a miles de criminales y demostrado la inocencia de personas consideradas como sospechosas. Las evidencias pueden ser, entre otras, huellas dactilares, huesos, casquillos de balas, sangre, semen, restos de telas o cabel los. Recientemente un grupo de peritos del Laboratorio de Patología Forense de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, desarrollaron una técnica que permite identificar a una persona basándose en el color de su cabello. Desde hace años, el pelo se analiza describiendo sus características como grosor, pigmentos, longitud, forma, textura y diámetro. Con estos datos los peritos saben si se trata del pelo de un animal o de un ser humano y la región del cuerpo a la que pertenece. La diferencia con la nueva técnica radica en que su confiabilidad es mucho mayor y muy similar a la de huellas digitales.

La técnica consiste en tomar una imagen microscópica del pelo que se va a analizar y descomponer el color en sus tres componentes, los colores primarios azul, amarillo y rojo. Los investigadores han elaborado gráficas de 256 tonos diferentes de cada uno de estos colores, que van desde los más oscuros a los más claros. Localizan el tono de cada uno de los tres colores primarios del pelo que estudian y combinándolos, obtienen su color exacto y la gráfica que lo identifica. Si dos muestras de cabello corresponden a individuos diferentes, las gráficas serán distintas. Esta técnica se va a utilizar cuando, después de realizar una descripción de las características externas y de observaciones microscópicas, se encuentren similitudes entre el cabello encontrado en el lugar donde sucedieron los hechos delictivos y uno obtenido de un sospechoso.

Sebastián Castillo asegura que esta técnica surgió de una línea de investigación que no se está haciendo en ninguna otra parte del mundo y no ha sido reportada en la literatura especializada.

Nuevo brote del dengue

La enfermedad conocida como dengue, de la cual existen cuatro tipos, ha causado alarma en buena parte de América Latina por el elevado número de casos que se han presentado este año. Según datos de la Secretaría de Salud en México se han reportado, en 14 estados de la República Mexicana, 3 032 personas contagiadas de dengue hasta finales de agosto (2 638 con el dengue clásico y 394 con dengue hemorrágico, incluidas cuatro defunciones, una en Colima, una en Oaxaca y dos en Veracruz). Los estados más afectados son Veracruz, Colima, Guerrero, Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Chiapas, Michoacán y Oaxaca, que registran el 97% de los casos reportados.

El dengue produce fiebres altas, fuertes dolores de cabeza, pérdida de apetito, náuseas y vómitos, y una marcada debilidad. Este cuadro clínico dura entre dos y siete días, pero algunas veces pueden darse complicaciones hemorrágicas que llegan incluso a causar la muerte. Los cuatro tipos de dengue son producidos por cuatro virus del género Flavivirus y el ciclo de vida de todos ellos involucra a dos hospederos: el ser humano y un mosquito, el Aedes aegypti, que también puede transmitir la enfermedad de la fiebre amarilla. Los Aedes tienen hábitos diurnos: presentan mayor actividad dos horas después del atardecer y algunas horas antes del amanecer. Su origen posiblemente es africano, donde existen formas domésticas y selváticas. En el continente americano sólo se conocen las formas domésticas, es decir, los mosquitos viven a 100 metros o menos de las viviendas humanas. Solamente las hembras se alimentan de sangre (la cual necesitan para producir sus huevos); los machos se alimentan de néctar de flores. Aunque pueden obtenerla de cualquier vertebrado, las hembras prefieren la sangre humana.

El mosquito se infecta en el momento de picar a una persona infectada; con la sangre se lleva, como pilón, a los virus del dengue. Después de un periodo de incubación de cinco a 14 días, el mosquito transmitirá el virus cuando pique a otra persona. Como el dengue sólo se contagia a través de la picadura de un mosquito, una manera de controlar el desarrollo de la enfermedad es atacando a este animal. La Secretaría de Salud, el Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y los Servicios de Salud Estatales han realizado acciones de eliminación de larvas del mosco Aedes aegypti en 10 522 localidades en todo el país y se han fumigado 139 611 hectáreas. Para la prevención, se fomentan acciones como la campaña “Patio limpio”, que se basa en la destrucción y eliminación de los criaderos de huevecillos del mosco, que en el caso de esta especie, es cualquier recipiente donde haya agua limpia. Se busca destruir incluso las corcholatas tiradas en el piso, que contienen agua de lluvia, ya que Aedes puede depositar sus huevecillos en cantidades de agua mínimas, incluso con menos de un centímetro de profundidad. También se recomienda usar insecticidas y protegerse brazos y piernas, en especial durante el amanecer y el atardecer que es cuando los mosquitos presentan más actividad .

 

Martha Duhne

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Medicina espacial*

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El agente secreto de la evolución

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Experimentos con animales, ¿mal necesario?

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