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18 de junio de 2018
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Ráfagas

No. 49

El cerebro de los adolescentes

La adolescencia es una etapa complicada, tanto para sus protagonistas como para quienes conviven con ellos. Una investigación reciente, realizada por Robert McGivern y sus colaboradores de la Universidad Estatal de San Diego, Estados Unidos, intenta explicar algunas de las causas de la conducta de los adolescentes. No es que se vuelvan todos locos en el momento en que dejan de ser niños; de acuerdo con los resultados de los estudios, entre los 11 y los 18 años disminuye la capacidad que tenemos para reconocer las emociones de las personas que nos rodean y con esto, la vida efectivamente tiende a complicarse.

Desde la niñez hasta el final de la adolescencia se dan cambios en el cerebro, por ejemplo, nuestra capacidad de abstracción aumenta durante este periodo, lo que parece estar relacionado con el desarrollo del lóbulo frontal. Poco se ha estudiado de los efectos en nuestra percepción del mundo que tienen estos cambios estructurales en el cerebro. Los investigadores examinaron a 295 niños, niñas y adolescentes de entre 10 y 22 años prode edad y les practicaron una serie de pruebas. Una de ellas consistió en medir el tiempo que les tomó identificar la emoción que expresaban una serie de imágenes de rostros y posteriormente relacionarlas con la palabra que mejor las definiera: alegre, triste, enojada, neutral, etc. Se les presentó la imagen de la cara con una palabra escrita en la parte inferior; se les pidió que contestaran si ambas correspondían al mismo estado de ánimo y se registró el tiempo que les tomó contestar. Los resultados demostraron que el tiempo que los muchachos tardaron en identificar la emoción dada, fue significativamente mayor desde el inicio de la adolescencia (11 años en las niñas y 12 en los niños) hasta los 18 años, comparado con el tiempo que les tomó hacerlo a las personas menores o mayores a éstas. Es decir, la actividad neuronal en el cerebro de los adolescentes es tan intensa que tienen problemas para procesar información básica, como es el interpretar correctamente las emociones de las personas con las que conviven o las distintas situaciones sociales a las que se enfrentan. Y ambas desempeñan un papel fundamental en las relaciones emocionales, así como en la capacidad de planear y controlar el comportamiento social.

Justo en el periodo de la vida en el que los adolescentes se exponen a una mayor variedad de situaciones sociales, sus cerebros están pasando por una “remodelación temporal”, lo que resulta en que las relaciones emocionales son más confusas que antes y después de estos años. Entender esto puede servirnos para intentar llevar la fiesta en paz.

Depresión y nicotina

De acuerdo con Salvador González Gutiérrez, director del Centro Nacional de Atención a la Salud Mental, la depresión se considera la enfermedad mental número uno a nivel nacional y afecta a más de cuatro millones de mexicanos. Existen varias investigaciones en torno a este importante problema de salud y una de ellas está dando muy buenos resultados. Se trata de la que lleva a cabo el doctor René Drucker Colín, del Instituto de Fisiología Celular y fundador de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Facultad de Medicina, ambos de la UNAM, que demuestran que la nicotina ejerce un efecto benéfico en pacientes que padecen de depresión.

Los pacientes deprimidos sufren de una serie de alteraciones en el estado de ánimo, que frecuentemente incluyen problemas para dormir. Las personas que duermen bien entran en lo que se denomina sueño MOR o de movimientos oculares rápidos (periodo en el cual los músculos se relajan), cerca de 100 minutos después de haber conciliado el sueño. Las personas deprimidas tienen periodos MOR, pero de manera muy temprana, aproximadamente a los 30 minutos de haberse dormido; al poco tiempo se despiertan y se les dificulta enormemente volver a dormir. Durante esta investigación, a un grupo de personas con depresión se les administraron parches de nicotina de 17.5 mg., cinco días a la semana, por un periodo de seis meses. A partir del cuarto mes, los pacientes mejoraron considerablemente, regularizando los periodos MOR y la duración del tiempo en que permanecieron dormidos. El séptimo mes se les administró nicotina sólo tres días a la semana, sin que esto causara alteraciones en el sueño de los pacientes. Al octavo mes sólo usaron los parches un día a la semana y al noveno ninguno. Los pacientes continuaron durmiendo bien, presentaron una duración del sueño MOR normal y además mostraron una notable mejoría en su estado de ánimo.

Se sabe que la acetilcolina, un neurotransmisor que regula el sueño, se encuentra en niveles bajos en personas que sufren depresión. También se sabe que en una parte del cerebro llamada tallo cerebral, se produce la mayor cantidad de serotonina con la que cuenta el cerebro, y este neurotransmisor también interviene en el correcto funcionamiento del ciclo sueño-vigilia. Al estudiar los cerebros de ratas, René Drucker encontró que la nicotina mimetiza el efecto de la acetilcolina y produce un incremento importante en la liberación de serotonina. El Prozac es un fármaco que se utiliza para controlar algunos tipos de depresión y funciona permitiendo que la serotonina permanezca más tiempo en los sitios en donde es liberada y al parecer la nicotina produce un efecto similar. El investigador, Premio Nacional de Ciencias 1987, opina que es probable que la nicotina pueda usarse como una alternativa más para tratar a personas que sufren de depresión.

¿Papas fritas?

Tener una buena figura no es la única razón para dejar de consumir sin control alimentos ricos en carbohidratos. En abril de este año se reportaron experimentos realizados por investigadores suizos que sugieren que ciertos compuestos de los alimentos, cuando son sometidos a altas temperaturas, y cuando se ingieren grandes cantidades durante largos periodos, podrían causar cáncer. A principios de octubre, la revista Nature publicó los resultados de estas investigaciones que apuntaban a una molécula como la causante de lo que ha sido un verdadero revuelo: la arcrilamida, un compuesto químico que, a altas concentraciones, causa cáncer en ratas. Aunque las ratas son más susceptibles a la acrilamida, la Organización Mundial de Salud (OMS) ha colocado a esta molécula en las listas de posibles carcinogénicos en humanos.

El problema que se presentó a los investigadores fue detectar de dónde salía la acrilamida, que no se encontraba en los alimentos antes de cocinarse, pero sí después. Y en este proceso hallaron la respuesta. Durante la cocción de alimentos que contienen moléculas de proteínas y de azúcar, éstos se exponen a temperaturas altas, lo que produce que los aminoácidos (que son los bloques que constituyen a las proteínas), se rompan, en una reacción química conocida como “Maillard”. Gracias a esta reacción, los alimentos adquieren un mejor sabor y el color dorado característico.

Richard Stadler, del Centro de Investigación de Nestlé, en Suiza, encontró que las papas y algunos cereales, como el trigo y el centeno, contienen gran cantidad de asparginina, un aminoácido que se parece a la acrilamida. Al calentar un alimento con asparginina y azúcar a 185°C, éstos reaccionan para formar acrilamida.

Aunque los alimentos ricos en carbohidratos, como las papas fritas, producen acrilamida cuando son sometidos a altas temperaturas o a tiempos muy prolongados, al hervirlos no hay tal producción, quizá debido a que la temperatura que se requiere es menor.

Los investigadores continúan trabajando para conocer el efecto real en humanos, ya que nuestra dieta es diferente a la de las ratas y las concentraciones de acrilamida que toleramos son muy distintas. Los científicos recomiendan no sólo moderar el consumo de alimentos fritos, sino llevar una dieta balanceada, consumir alimentos hervidos, así como frutas y verduras frescas, para que nuestra calidad de vida sea la adecuada.

Se transforma el agujero de ozono

Científicos de la NASA y de la National Oceanic and Atmospheric Administration han confirmado que el agujero de ozono que existe en la estratósfera sobre la Antártida no sólo es menor al que se observó en los dos últimos años, sino que se ha dividido en dos agujeros separados.

La estratósfera es la capa de la atmósfera donde se localiza el ozono atmosférico, que actúa como un filtro e impide que la radiación ultravioleta del Sol llegue a la superficie de nuestro planeta. Sin la protección que nos brinda el ozono, no sería posible la vida.

El agujero de ozono ha sido monitoreado por satélites de la NASA desde 1979. Durante el mes de septiembre de 2000 se registró su mayor tamaño: 30 millones de kilómetros cuadrados, área más grande que todo el territorio de Norteamérica, desde Canadá hasta México. En 2001 cubrió 26.5 millones de kilómetros cuadrados y este año es 40% más pequeño, la menor área registrada desde 1988.

Esta noticia podría parecer muy positiva para el futuro de nuestro contaminado planeta, pero la disminución del agujero podría deberse a los patrones del clima que se han dado este año y no a que se esté reduciendo su tamaño. Los científicos piensan que la condición que se presentó este año probablemente sea temporal y no esté relacionada con la reducción paulatina de la producción de sustancias —que forma parte de los acuerdos internacionales de Montreal— que están destruyendo esta capa, sino con una serie de eventos poco frecuentes que coincidieron este año. En especial, se refieren a las altas temperaturas que se dieron a altitudes elevadas cerca del polo sur, que ocasionaron turbulencias en la estratósfera, las cuales a su vez dividieron la capa de ozono en dos: un fenómeno nunca antes observado.

El clima y sus efectos en las capas de la atmósfera son todavía poco entendidos. Lo que sí sabemos con toda seguridad es que el agujero de ozono que con tanto ahínco hemos producido a través de décadas, es increíblemente grande y no va a desaparecer por arte de magia ni por un verano cálido. Hecho elemental que algunos de los países que más participan en su destrucción pero no en su restablecimiento, parecen no entender, notablemente los Estados Unidos.

Desintegrar el unicel

El unicel, ese compuesto químico que se usa entre otras cosas en la industria de la construcción, para empacar distintos productos y elaborar envases, platos y tazas térmicas, se ha convertido en uno de los problemas ambientales más serios. En China, por ejemplo, se producen al año 10 mil millones de empaques de comida de plástico, la mayoría de unicel; 100 toneladas diarias sólo en Beijing y en Shangai. A principios de la década de los noventa, la increíble cantidad de estos envases que eran arrojados por las ventanas de los trenes fue bautizada como “La segunda muralla china”. Y por supuesto que este problema no es sólo asiático, ya que el unicel se produce en enormes cantidades en muchas partes del mundo y no es biodegradable. Por ello es una noticia excelente que Jesús Gracia Fadrique, investigador de la Facultad de Química de la UNAM, y un grupo de colaboradores, hayan logrado recuperar la materia prima con que se elabora el unicel, utilizando un solvente soluble en agua.

Ya existe una serie de sistemas de reciclado de estos materiales, la diferencia con el proceso elaborado en la UNAM es que en éste se da la recuperación de las esferas originales con las cuales se elaboran los objetos, es decir, se recupera la materia prima. El proceso consiste en tomar unicel de desecho, disolverlo en un solvente comercial para obtener una solución que se gotea en agua donde se forman las pequeñas esferas limpias y fáciles de separar. Posteriormente se moldean de acuerdo al producto que se vaya a elaborar.

Para poder comercializarlo, es necesario probar el proceso en una planta piloto y el investigador opina que la posibilidad de industrializarlo es totalmente viable.

 

Martha Duhne

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