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17 de julio de 2018
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Ráfagas

No. 53

Más casas, menos biodiversidad

El aumento del número de viviendas disminuye la biodiversidad, aunque el crecimiento poblacional sea menor, afirman Jianguo Liu y sus colegas de la Universidad Estatal de Michigan en un artículo publicado por la revista Nature el pasado mes de enero. El grupo analizó datos de 141 países, de los cuales 76 se consideran como megadiversos por la gran cantidad de animales y plantas diferentes que habitan en ellos. De éstos, seleccionaron seis con alta densidad de especies de plantas y animales: Estados Unidos, Brasil, Italia, Kenia, China y Australia, para tener un representante en Norteamérica, Sudamérica, Europa, África, Asia y Australia, respectivamente.

En el pasado, las viviendas eran multigeneracionales, es decir que en una misma casa vivían abuelos, padres y nietos. Sin embargo, debido a la necesidad de independizarse, a la gran cantidad de divorcios y a que ha aumentado la esperanza de vida, cada año viven menos personas en una casa. Con ello el gasto de energía aumenta, ya que los aparatos electrodomésticos como el refrigerador gastan la misma energía en un lugar donde habitan cuatro personas que donde sólo hay una. Además, para la construcción de las viviendas se necesitan más recursos naturales y más espacio, por lo que se están invadiendo zonas en las que habitan animales como los cocodrilos, en Florida, o los osos panda, en Wolong.

Aun en los países en donde el crecimiento poblacional ha disminuido, como Italia, Portugal, Grecia y España, la cantidad de nuevos hogares se ha incrementado. Los investigadores calculan que de 2003 a 2015, cada país tendrá entre 400 000 y 2.4 millones de nuevas viviendas, no obstante que la población disminuye 0.3 % cada año. Los investigadores calcularon que, en todos los países estudiados, en el año 2000 había 155 millones más viviendas que en 1985 y estiman que para 2015 esta cifra habrá aumentado a 233 millones.

Jessica Hellmann, de la Universidad de la Columbia Británica, en Vancouver, cree que el estudio debería hacerse a menor escala, seleccionando regiones pequeñas, para ver cuáles son verdaderamente los casos en donde las regiones megadiversas, como Wolong, se traslapan con los asentamientos humanos y conocer el impacto real que esto tiene. Por lo pronto la investigación de Jianguo Liu y su grupo muestra que no sólo la emisión de gases de invernadero y la producción de grandes cantidades de basura disminuyen la biodiversidad, sino que también la lucha por los espacios para vivir tiene este efecto.

Protegen zonas áridas

Cuando hablamos de la necesidad de conservar algún ecosistema, seguramente la mayor parte de la gente piensa en selvas tropicales, bosques de pinos o quizá en arrecifes. Difícilmente alguien pensaría en una zona árida, que se ve amarilla y seca buena parte del año. Sin embargo, el ecosistema conocido por los biólogos como selva baja caducifolia es de una enorme importancia tanto en relación a las especies de plantas y animales que ahí habitan, como a la cantidad de ellas que son endémicas, es decir, que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta.

En el sur del estado de Morelos, en la cuenca del río Balsas, se decretó en 1999 una extensión de 59 000 hectáreas como Reserva de la Biósfera Sierra de Huautla y es una de las áreas naturales protegidas con mayor extensión territorial del país. Dentro de la reserva, varios investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y del Centro de Educación Ambiental e Investigación Sierra de Huautla, el CEAMISH, han realizado una serie de estudios encaminados a conocer y conservar este tipo de ecosistemas. Recientemente, los investigadores encontraron nueve especies de plantas con flores que parecen ser nuevas para la ciencia, es decir, que no se habían reportado nunca antes, así como 343 especies que sí se conocían pero no en esta zona. También han registrado una enorme cantidad de insectos como son 230 especies de abejas, 14 de avispas y 325 mariposas, de las cuales 74 son endémicas. En relación a los vertebrados, tienen registradas 11 especies de anfibios, una de tortugas, 24 de lagartijas, 27 de serpientes, 180 de aves y 62 de mamíferos, entre ellos cinco felinos y cinco de las 16 especies de murciélagos endémicos con las que cuenta México. No está nada mal para tratarse de una zona seca y pelona. Y eso no es todo.

Además de la investigación, en el CEAMISH y la Universidad se han interesado en desarrollar, con las personas que viven en la zona, formas de producción sustentables, como son un taller de cerámica y cinco módulos de producción de hongos comestibles “orejas de casahate”, los cuales se han convertido en una importante fuente de ingresos para los pobladores. Pero el proyecto más importante y el que más ingresos ha generado es el de ecoturismo.

La riqueza biológica de las zonas áridas y los investigadores de las distintas universidades de nuestro país: ambos son recursos invaluables.

Muere Dolly

Es poco probable que al leer el encabezado de esta noticia, alguien no sepa de cuál Dolly hablamos. Así de famoso se hizo el primer mamífero clonado de una célula adulta. Su nacimiento hace seis años y medio causó una sensación enorme y seguramente pocos animales compiten con ella como los más fotografiados. Pero debido a que las ovejas como Dolly viven casi el doble, su muerte ha reiniciado el acalorado debate sobre temas de medicina y ética que se ha dado alrededor de la clonación.

Dolly tenía una enfermedad pulmonar progresiva, común en animales de más edad, y los investigadores que la cuidaban decidieron sacrificarla para evitarle un mayor sufrimiento. En enero de 2002 Dolly había desarrollado artritis también prematuramente, de acuerdo con los especialistas.

Algunos animales clonados, incluida Dolly, tienen los telómeros más cortos que los de animales de la misma especie y edad. Los telómeros son secciones del ADN que protegen las partes terminales de los cromosomas y que se van haciendo más pequeños con el paso del tiempo, por lo que se consideran como una medida de la edad del animal, algo así como un calendario integrado a cada célula. Dolly fue clonada usando células de una oveja sana de seis años de edad, el 5 de julio de 1996, en el Instituto Roslin de Edimburgo, Escocia. Otras investigaciones también sugieren que existe una relación entre la clonación y el envejecimiento y la muerte prematuras, pero no son concluyentes. Por ejemplo, la investigación realizada en el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas de Tokio, Japón, que en febrero de 2002 reveló que ratones clonados en el instituto murieron prematuramente. Pero otros animales clonados parecen gozar de perfecta salud, como los 24 becerros clonados en los Estados Unidos en la compañía Advanced Cell Technology, aunque éstos todavía son muy jóvenes.

El investigador Ian Wilmut, del instituto Roslin, señaló que el hecho de que Dolly tuviera artritis y desarrollara la enfermedad pulmonar sugiere que sí existen problemas, pero es muy pronto para saber si se trata de coincidencias o son resultado directo de la clonación. Por lo pronto, los investigadores continúan estudiando los tejidos de Dolly y luego la donarán al Museo Nacional de Escocia en Edimburgo, donde exhibirán a la oveja más famosa del mundo.

El Universo primitivo

Para todos los que no somos físicos ni astrónomos, la noticia pudo parecer un parlamento de alguna película de ciencia ficción: “Joe, saca una foto de la infancia del Universo y tráela para que la estudiemos”. Increíble, pero eso es exactamente lo que lograron científicos utilizando el satélite Wilkinson Microwave Anisotropy Probe (WMAP) de la NASA, quienes obtuvieron el mapa más detallado y preciso que se tiene a la fecha del Universo primitivo.

El WMAP fue puesto en órbita el 30 de junio de 2001 y desde entonces ha estado orbitando la Tierra y grabando emisiones cósmicas, desde un punto que se encuentra del otro lado de la Luna. Lo que registra el WMAP es la luz más antigua que quedó “impresa” en el Universo 380 000 años después de la Gran Explosión, en el momento en que el Universo se había enfriado hasta llegar a una temperatura que permitió que se formaran los átomos. Así, la Gran Explosión dejó una luz fósil, que puede registrarse con este aparato. De acuerdo con los investigadores, esto es equivalente a tomar una foto de una persona de 80 años, el día en que nació.

En el mapa se ven distintos colores, que representan pequeñas diferencias de temperatura en estas microondas que bañan todo el Universo. Los investigadores aseguran que el mapa es una prueba más de que el Universo se originó por la Gran Explosión. Una de las sorpresas que dieron los cálculos realizados a partir de las imágenes del WMAP, es que la primera generación de estrellas que brillaron en el Universo apareció sólo 200 millones de años después de la Gran Explosión, mucho antes de lo que se había supuesto. La edad del Universo se precisó en 13.7 mil millones de años, con un margen de error muy pequeño.

El grupo del WMAP también calculó el contenido del Universo de la siguiente forma: 4% átomos, es decir, la materia como la conocemos; 23% de lo que llaman materia oscura (aún desconocida) y 73% de una misteriosa energía oscura. Todos estos datos concuerdan con la teoría estándar que actualmente tienen los astrónomos acerca de distintos aspectos del Universo, como son su origen, composición, edad y geometría. El investigador John Bahcall, astrofísico del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton, opinó que el resultado más revolucionario de todos es… ¡que no hubo muchos resultados revolucionarios! Es decir, la astronomía ha ido avanzando por el camino correcto. Baccall dijo “La mezcla de elementos y conocimientos diferentes que los astrónomos han unido en las últimas dos décadas, ha sido confirmada con una increíble precisión”. Y Charles Bennett, del Goddard Space Flight Center y uno de los investigadores del WMAP, concluyó asegurando que los datos son una verdadera mina de oro.

Imágenes del pasado remoto, luz fósil, materia y energía oscuras: entre más lo conocemos, más fascinante resulta el Universo.

Gracias al cerdo

En el Hospital Infantil de México, el científico Rafael Valdés González- Salas y un grupo de colaboradores han logrado trasplantar células pancreáticas de cerdos a humanos, reduciendo así de un 80 a un 100% la necesidad de insulina que tienen los diabéticos. En cualquier enfermedad, resultados como éstos son muy esperanzadores, pero tomando en cuenta que la diabetes afecta a 150 millones de personas en el planeta —12 millones sólo en nuestro país—, es clara la importancia de esta investigación.

En México la diabetes es la primera causa de muerte, ceguera, amputaciones e insuficiencia renal en adultos, y 50 mil menores de 15 años la padecen. El doctor Valdés asegura que la población mexicana tiene una predisposición genética a la diabetes y que otra razón de su alta incidencia es el inmenso consumo que se da aquí de comida chatarra, que muchos estudios relacionan con esta enfermedad.

Los cerdos producen una insulina que es casi idéntica a la humana y obviamente es más sencillo conseguir tejidos pancreáticos de estos animalitos que de personas. Los investigadores extraen el páncreas de cerdos de raza pura de cuatro días de nacidos, que se han criado bajo medidas de higiene y salud muy estrictas. Este tejido se somete a un proceso en el que se separan las células que producen insulina, llamadas islotes de Langerhans, y se colocan en medios de cultivo. Después se mezclan con células de Sertoli, obtenidas de los testículos del cerdo, que son responsables de generar un proceso de inmunomodulación, el cual reduce la probabilidad de que el cultivo celular sea reconocido como ajeno por el cuerpo del paciente diabético, y por lo tanto lo rechace. Esta mezcla de dos tipos de células ha permitido que los pacientes no tengan la necesidad de tomar de por vida las medicinas que evitan el rechazo al trasplante. Las células se trasplantan a una cápsula de entre cinco y 10 centímetros de largo, de acero inoxidable y teflón, colocada dos meses antes en la piel del brazo, muslo o abdomen del paciente diabético.

Cuando se anunciaron los resultados de estos trasplantes, varios miembros de la comunidad científica internacional publicaron fuertes críticas en las revistas Lancet y Nature, cuestionando la seguridad de este tipo de trabajos. Sin embargo, poco después Nature publicó una nota donde reconoce la importancia de la investigación. De acuerdo con Rafael Valdés, no existe evidencia de contaminación de ningún tipo y las críticas pueden deberse a que la investigación podría afectar intereses económicos enormes, de miles de millones de dólares, y señala que “en el extranjero, y en especial en algunas universidades de los Estados Unidos, no les cae en gracia que trabajemos en nuestro país con esta tecnología de punta”.

 

Martha Duhne

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