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15 de diciembre de 2018
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Ráfagas

No. 55

Honor a quien honor merece

En sesión solemne y nopal en mano, la astrónoma y divulgadora Julieta Fierro Gossman, titular de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la UNAM, recibió la Medalla al Mérito Ciudadano que otorga cada año la Asamblea Legislativa del D.F. a personajes destacados de esta enorme Ciudad de México. Lo del nopal en alusión a “su amor a esta ciudad, fruto del nopal, de la comida rica y de las tradiciones ancestrales”. Durante su discurso de aceptación del premio, Julieta también exhibió dos globos, una jaula y un libro del que salieron una docena de mariposas de papel. Seguramente buena parte de los legisladores que asistieron al evento se sorprendieron de esta manera tan singular de dar un discurso, pero los que, también seguramente, no se sorprendieron para nada fueron los científicos y divulgadores de la ciencia que estaban en el salón, acostumbrados desde hace años a que así es como Julieta Fierro realiza sus labores de divulgación: con imaginación y un sentido lúdico, lo que le ha permitido pasar a muchísima gente el mensaje de que la ciencia es interesante, divertida y necesaria.

Hemos visto a Julieta patinar por los pasillos de la Feria Internacional del Libro Infantil, con una varita mágica en la mano, invitando a niños y niñas a participar en talleres con el tema del Universo; asolearse en una silla de playa frente a una alberquita de plástico —en la presentación del libro Las orejas de Saturno de Sergio de Régules—, en un teatro lleno de gente que se reía a carcajadas; y explicar con una serie de artilugios diseñados por ella misma la historia de cómo se logró medir la distancia a las estrellas, de manera tan gozosa, clara y profunda que a uno se le antojaba ser astrónomo, entre otros momentos memorables. Julieta ha publicado 30 libros de divulgación de la ciencia y decenas de artículos en un buen número de periódicos y revistas; también conduce programas de radio y es una de las más destacadas impulsoras de la divulgación de la ciencia como una actividad profesional, indispensable para el país.

Mandamos un abrazo a Julieta, primera mujer que recibe esta medalla, reconocimiento a su trayectoria y a la UNAM.

Un paso en la lucha contra la esclerosis

La esclerosis múltiple (MS por sus siglas en inglés) es una enfermedad del sistema nervioso central que aqueja actualmente a cerca de un millón de personas en el mundo. Se diagnostica generalmente entre los 20 y los 50 años de edad y afecta a dos veces más mujeres que a hombres.

En un cuerpo sano, las células nerviosas están cubiertas por una capa aislante de mielina, lo que permite que los impulsos nerviosos se transmitan rápidamente de una célula a otra. Pero en la MS, esta capa de mielina se destruye, ocasionando que los mensajes que llegan al cerebro, por ejemplo para interpretar una sensación o mover una parte del cuerpo, no sean transmitidos de una forma eficiente. Los síntomas de esta enfermedad pueden incluir debilidad muscular, visión borrosa, sensaciones anormales en la piel, pérdida de equilibrio y falta de coordinación. Las personas que sufren de MS pueden tomar medicinas que detienen el avance de la enfermedad, pero aún no existe una cura definitiva.

Los médicos Gianvito Martino y Angelo L. Vescovi del Instituto Científico San Rafael en Milán, Italia, publicaron recientemente en la revista Nature los resultados de sus investigaciones en torno a la MS y difícilmente éstos podrían ser más alentadores. Los investigadores inyectaron células nerviosas troncales de ratones adultos en ratones a los que se les había provocado esclerosis múltiple. Ya sabemos que en los cerebros adultos existen estas células troncales, que son células inmaduras con la capacidad de desarrollarse y transformarse en una serie de células nerviosas diferentes. Treinta días después de la inyección, una parte importante de las células troncales se había alojado en las áreas dañadas del cerebro de los ratones con MS y habían empezado a producir mielina. Los investigadores dicen que las células troncales cuentan con ciertas moléculas en su superficie que les permiten reconocer las señales de peligro que emiten las células de las áreas dañadas y pueden dirigirse a ellas. Cuatro de los 15 ratones inyectados que tenían las patas traseras paralizadas, pudieron moverse normalmente después del tratamiento y los otros 11 mejoraron notablemente, quedando sólo con parte de la cola paralizada. Todos los ratones volvieron a tener una actividad normal 10 días después de recibir la inyección intravenosa de un millón de células nerviosas troncales.

Los investigadores empezarán en breve a experimentar con monos y células troncales embrionarias humanas, y prevéen que las posibles aplicaciones terapéuticas para seres humanos podrían tomar de cinco a 10 años. Es indispensable pensar en estos casos al enfrentarnos con la oposición tajante de muchos grupos a la investigación relacionada con las células troncales embrionarias.

Imagen del cráter Chixculub

Un transbordador especial de la NASA, puesto en órbita el 11 de febrero de 2000, el Shuttle Radar Topography Mission, realizó medidas en tres dimensiones de más del 80% de la superficie de la Tierra, en la región comprendida entre los 60 grados de latitud norte y los 56 de latitud sur, donde vive el 95% de la población humana. En febrero de este año, la NASA terminó de procesar los datos obtenidos por el transbordador y los envió a la National Imagery and Mapping Agency. Con más de 200 mil cemillones de medidas de la superficie de la Tierra, investigadores de esta institución construyeron y dieron a conocer durante el mes de marzo mapas topográficos de gran resolución que cubren desde Canadá hasta América Central. En ellos se puede leer la historia dinámica de un continente geológicamente complejo. Por ejemplo, se ven las deformaciones de la corteza terrestre que se han desarrollado en la frontera de las placas tectónicas del Pacífico y la de América del Norte. En Canadá y en el norte de los Estados Unidos abunda la evidencia de que ahí existieron glaciares durante la última edad de hielo. Pero la imagen que más asombro y admiración ha causado es del norte de la península de Yucatán, claramente se ve en ella una parte de un círculo casi perfecto: el borde exterior del famoso cráter de Chixculub.

La mayoría de los científicos que han trabajado en este campo están de acuerdo en que hace 65 millones de años cayó en la Tierra un gran asteroide y que el impacto desencadenó la muerte masiva de los dinosaurios y de más del 70% de las especies que la habitaban. La nítida imagen es la evidencia más clara que existe a la fecha de la huella que dejó este impacto.

Los investigadores piensan que el impacto alteró las rocas de la superficie, haciéndolas inestables. A través de millones de años, estas rocas se cubrieron con piedra caliza, la cual se erosiona fácilmente. La poca estabilidad del borde del cráter ocasionó que la piedra caliza se fracturara, formando una depresión de aproximadamente tres a cinco metros. Además se colapsaron varias cavernas de caliza a lo largo del borde exterior del cráter, lo que resultó en una cadena de agujeros o cenotes, que pueden verse en la imagen de la NASA como pequeñas depresiones circulares.

Los siguientes mapas que se darán a conocer corresponden a América del Sur y seguramente formarán también imágenes asombrosas. Si te interesa ver los mapas, visita la dirección electrónica http://photojournal. jpl.nasa.gov/catalog/PIA03379

Metáles contra el cáncer

En la Facultad de Química de la UNAM, Lena Ruiz Azuara y un equipo multidisciplinario trabajan hace más de 25 años en la elaboración de compuestos anticancerígenos de base metálica, llamados casiopeínas en honor a la constelación de Casiopea. La investigadora empezó a trabajar en este tema durante 1976, con la idea de que los metales podrían interactuar con moléculas orgánicas para interrumpir la reproducción descontrolada de las células cancerosas. Ese año empezó a usarse un compuesto metálico desarrollado a partir del platino, llamado cisplatino, que tuvo muy buenos resultados atacando las células cancerosas, pero su toxicidad era muy alta: provocaba caída de pelo, vómitos y daños graves a los riñones, entre otros efectos secundarios. Lena Ruiz trabajó diseñando moléculas de metales que tuvieran características tales que les permitieran atravesar las membranas celulares y ser solubles en agua, pera poder así difundirse por todo el organismo. Como base del compuesto metálico utilizó el cobre, que además de tener características químicas y estructurales que lo hacían apropiado, es muy abundante en la naturaleza y por ello su costo es menor al del platino. Veinticinco años y mucho trabajo después, los investigadores han patentado cerca de 100 fármacos, todos a base de cobre. De éstos, seleccionaron primero 24 y después cinco —los más activos y los menos tóxicos— para realizar con ellos pruebas preclínicas con animales, como gatos y ratones con distintos tipos de cáncer. Han elegido dos, llamados casiopeínas I y II, que debido a su efectividad para tratar leucemia y carcinomas serán llevados durante el mes de septiembre a lo que se conoce como Fase Clínica I, en el Instituto Nacional de Cancerología (INCAN). En esta fase las instancias y comités correspondientes decidirán si los fármacos se aprueban para ser administrados a enfermos terminales que sufren distintos tipos de cáncer. Actualmente en el laboratorio de Ruiz Azuara se producen diversos lotes de cinco gramos de casiopeínas I y II, para tenerlas listas cuando lo requiera el INCAN.

El equipo que ha colaborado en este importante proyecto incluye a investigadores de la UNAM —del Instituto de Investigaciones Biomédicas y de las facultades de Medicina Veterinaria y Zootecnia y de Estudios Superiores de Zaragoza—, así como de la Universidad Autónoma Metropolitana, del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, del Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares, así como científicos de Italia, Inglaterra, Alemania y Uruguay, unidos todos para tratar de dar alivio a los enfermos de este cada vez más controlable mal.

Tortuga laúd

Emergen del mar en ciertas playas, siempre las mismas, y siempre durante la noche. Se desplazan con un gran esfuerzo debido a su tamaño (más de dos metros de largo por dos de ancho) y a su peso, que puede alcanzar casi una tonelada. Resoplando, lentamente llegan a un sitio en la arena en donde con sus aletas traseras cavarán un agujero y depositarán sus huevos, un tesoro invaluable ahora más que nunca, debido a que al parecer la extinción de esta tortuga es casi un hecho. Y es una gran tragedia que la tortuga laúd, la más grande, antigua y que tuvo el rango de distribución más amplio de todas las tortugas marinas, haya habitado nuestro planeta por más de 100 millones de años (cerca de 96 millones de años más que los seres humanos), para desaparecer en menos de dos décadas. Es decir, sobrevivió a la extinción masiva de los dinosaurios y muchas otras especies hace unos 65 millones de años, a enormes depredadores y a cambios drásticos en el clima, pero quizá no sobreviva a la acción del Homo sapiens. El número de hembras que llegan a desovar a las playas de cuatro países (México, Costa Rica, Indonesia y Malasia), ha disminuido en más del 95% en los últimos 22 años y se calcula que el número de hembras que desovaron en todas las playas del Océano Pacífico durante la última temporada no supera 1 500. Las poblaciones de México se han reducido 20% por año durante los últimos 10 años, para llegar en el 2002 a no más de 45 individuos.

La extinción es para siempre, por lo que debe evitarse a toda costa. Existen experiencias de especies que se salvaron de la desaparición mediante acciones claras y decididas. Un caso cercano al de la laúd es el de la tortuga lora, también marina, que estuvo muy cercana a extinguirse a mediados de los años 80 y gracias a una serie de medidas de protección su población aumenta entre 11 y 13% cada año.

La tortuga laúd es una especie migratoria y por ello para intentar salvarla es necesaria la cooperación internacional. Con este fin, durante la pasada reunión de la American Association for the Advancement of Science, científicos interesados en el destino de esta gran tortuga propusieron dos estrategias fundamentales: 1) desarrollar e implementar modificaciones al equipo de pesca que permita a las tortugas escapar de las redes donde caen y mueren como parte de la pesca incidental; 2) estudiar a fondo la distribución espacial y temporal tanto de las tortugas como de los barcos que pescan en aguas internacionales para poder determinar zonas y temporadas de veda. Estudios recientes sugieren que la captura incidental de tortuga laúd es 10 veces mayor en los barcos que pescan pez espada que en los atuneros, por lo que reducir el consumo de pez espada ayudaría a la conservación de las tortugas laúd. Si no tomamos en serio la protección de esta especie, la duda no será si desaparece o no de la faz de la Tierra, sino en que momento lo hará.

 

Martha Duhne

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