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24 de abril de 2018
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Ráfagas

No. 68

Hallazgo volcánico en el mar

Volcanes de asfalto en el subsuelo marino de la región sur del Golfo de México, en la que subsisten organismos muy diversos, y lo que parece ser evidencia de enormes reservas de petróleo, son los resultados de una investigación realizada en conjunto por científicos de México, los Estados Unidos y Alemania. Elva Escobar Briones y Paul Blanchon, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, y Carlos Mortera, del Instituto de Geofísica, ambos de la UNAM, participa ron en este hallazgo, que se dio a conocer el 14 de mayo en la revista Science.

Los investigadores realizaban una exploración del fondo marino a más de 3 000 metros de profundidad en el barco alemán RV Sonne, cuando descubrieron numerosas elevaciones o domos de depósitos de asfalto solidificado, parecidos a emisiones de lava de un volcán, en una extensión de más de un kilómetro cuadrado. Los depósitos de asfalto son resultado de una expulsión violenta de hidrocarburos y son evidencia de reservas de petróleo a grandes profundidades. Hasta ahora, la industria petrolera mexicana se ha limitado a extraer petróleo, gas metano y cristales de metano en yacimientos localizados en la superficie o en el mar, pero a poca profundidad. Esta investigación abre la posibilidad de aprovechar este recurso, del que no teníamos noticia, desarrollando nuevas tecnologías que permitan su extracción.

La comunidad biológica descubierta en la zona, a la que nombraron Chapopote, es extensa y muy diversa. En algunas regiones los depósitos de asfalto estaban cubiertos por una capa de microorganismos, y a su alrededor se halló una comunidad de organismos que incluye gusanos de tubo y diversas especies de moluscos bivalvos, mejillones, cangrejos, camarones y peces, los cuales se desarrollan en un ambiente de gases tóxicos originados por el flujo de asfalto, a presiones muy elevadas. Esto es una muestra, una más, de la increíble adaptabilidad que han desarrollado a través de millones de años los organismos marinos. Antes de este hallazgo, no se sabía que el vulcanismo de asfalto existía a esas profundidades y demuestra qué tan activo y geológicamente diverso es nuestro planeta.

En opinión de Ian MacDonald, investigador de la Universidad Chorpus Christi de Tejas y participante en el proyecto, “Chapopote es una prueba de que nuestro planeta está vivo en toda su extensión. No existe un lugar de la Tierra ausente de vida; donde sea que encuentre la menor posibilidad, la vida se adaptará y florecerá”.

El rectángulo rojo

Quienes buscan imágenes de nuestros vecinos cósmicos, los próximos y los lejanos, se han acostumbrado a ver objetos únicos, de formas, tamaños y colores diferentes. Pero la imagen de una nebulosa que recientemente envió el Telescopio Espacial Hubble es la más extraña y atípica que hayamos visto: una especie de pirámide, de base rectangular, de un color rojo intenso.

La nebulosa se conoce como Rectángulo Rojo y está catalogada como HD 44179; fue descubierta durante una misión espacial en los años setenta, pero la información que teníamos de ella era muy pobre, ya que la atmósfera terrestre nos impide registrarla nítidamente con telescopios terrestres. De hecho, gracias a la increíble resolución y nitidez de las imágenes del Hubble, los astrónomos han descubierto que lo que se pensaba era una sola estrella en el centro de la pirámide, en realidad son un par de estrellas muy próximas entre sí, que giran alrededor una de la otra, en periodos de cerca de 10.5 meses. Las interacciones entre las dos estrellas probablemente producen la eyección de un disco de polvo muy compacto que nos impide distinguirlas.

Hans Van Winckel, de la Universidad Católica de Leuven, Bélgica, y principal investigador de las recientes imágenes del Hubble, a segur a que la estructura del Rectángulo Rojo es e x t r ema - dame n t e compleja. Su forma no es en realidad un rectángulo, sino más bien se trata de una estructura en forma de X, que los astrónomos interpretan como expulsiones de gas y polvo del par de estrellas en su centro. Lo que parecen peldaños de las escaleras de una pirámide vista desde el aire, podrían ser distintos episodios de eyecciones de masa de las estrellas, que posiblemente ocurren cada cientos de años y que formarían una especie de anillos de humo.

El gobierno de los Estados Unidos había decidido jubi lar en pocos años al Telescopio Espacial Hubble, a fin de otorgar más recursos a otros proyectos espaciales. Puede ser que los últimos hallazgos realizados por este poderoso instrumento, logren aumentar el lapso de su vida útil y nos siga enviando sorprendentes imágenes.

Cadenas de veneno

Las famosas ranas venenosas, de vistosos y contrastantes colores, no buscan confundirse con el medio donde habitan para evitar ser detectadas y acabar en la panza de algún depredador. Más bien son como un anuncio luminoso que avisa sobre su presencia a todo aquel que se aproxime, como diciendo: “No te equivoques y me confundas, acuérdate quien soy”. La razón es que estos anfibios poseen, según la especie, un gran número de sustancias tóxicas; algunas sólo dan un mal sabor, pero otras pueden matar a un mamífero de tamaño mediano en cuestión de segundos.

Tras más de 30 años de estudios, un grupo de investigadores dirigido por John Daly, del Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales en Bethesda, Maryland, encontró la fuente de las toxinas que poseen estas ranas, llamadas pumilitoxinas: ésta se localiza nada menos que en su dieta. ¿Cuántas veces hemos oído eso de que eres lo que comes? Pues en este caso es literal, las ranas comen un tipo de hormigas que son las que tienen la capacidad de producir estas toxinas.

Los investigadores pensaban que las ranas elaboraban sus toxinas, y para probarlo criaron algunas en el laboratorio, controlando que su alimento estuviera libre de ellas. El inesperado resultado fue que estas ranas no eran venenosas. No obstante, el origen de las casi 80 pumilitoxinas que conocemos hasta ahora, que son un grupo de alcaloides que se encuentran en casi todos los anfibios que se defienen de sus depredadores con sustancias químicas, seguía siendo un misterio. Entonces Daly y sus colaboradores se dirigieron a Panamá, donde habitan varias especies de ranas venenosas, y colectaron 500 pequeños artrópodos, de menos de un centímetro de longitud. Al analizarlos químicamente, detectaron las pumilitoxinas en algunas especies de hormigas: las hormigas de madera y las carpinteras. Después colectaron ranas, y en sus estómagos encontraron hormigas de estas especies. Habían entendido finalmente el origen y la razón principal del éxito adap-tativo de las ranas venenosas: el veneno que les aporta otra especie y sin el cual difícilmente hubieran podido sobrevivir.

Este hallazgo es importante para la farmacología, ya que el estudio de toxinas naturales frecuentemente lleva al desarrollo de nuevos fármacos. Pero además son un ejemplo de lo delicado y complejo de las relaciones entre las diferentes especies que pueblan un ecosistema, es decir, cómo unas dependen de otras de maneras no siempre claras en una primera mirada.

Un ojo en Centroamérica

Investigadores de la NASA han desarrollado un sitio en internet en el que será posible realizar vuelos virtuales sobre América Central y constatar sus condiciones ambientales.

Con este programa se podrá “viajar” sobre paisajes en tercera dimensión generados en computadora, como si se tratara de un video juego. Sólo que las imágenes serán reales, ya que se producirán con información geográfica enviada vía satélite. De alguna forma será mejor que un vuelo real, en el sentido de que en este programa uno podrá elegir la información que desee revisar; por ejemplo, ver los límites de ciertas áreas protegidas, la localización exacta de asentamientos humanos, los diferentes ecosistemas, o los hábitats de alguna especie en peligro de extinción.

El programa, dirigido por Daniel Irwin, del Centro Espacial Marshall de la NASA, es sólo una de muchas herramientas desarrolladas como parte de un proyecto internacional llamado SIAM-SERVIR, por las siglas del Sistema Mesoamericano de Información Ambiental y Sistema Regional de Monitoreo y de Visualización. Y es el resultado de un esfuerzo coordinado por los siete países de Centroamérica, la NASA, el Banco Mundial y la Agencia para el Desarrollo Internacional, con el objetivo de que cualquier persona interesada pueda estudiar las condiciones ambientales de la región, por ejemplo la localización en tiempo real de incendios y tormentas tropicales, de zonas taladas y regiones dedicadas a la ganadería o de cultivos o derrames de sustancias tóxicas en los ríos.

Aunque aún está en construcción, este sitio de Internet ya funciona y puede visitarse; cuenta con muchas imágenes que seguramente serán de utilidad para estudiantes, investigadores o simplemente para personas interesadas en la salud ambiental de una región del mundo, que a pesar de cubrir sólo el 1% de la superficie del planeta, es el hogar del 7% de todas sus especies vegetales y animales.

http://servir.nsstc.nasa.gov

Nuestro país es mega diverso, lo que significa que alberga una parte importante de la vida que se ha desarrollado en el planeta y, por lo tanto, es responsable de su conservación. Recientemente México dio un paso más para proteger uno de los ecosistemas más productivos y con más especies del planeta, al inscribir 33 humedales mexicanos en la Convención de Humedales de Importancia Internacional, el primer tratado internacional sobre medio ambiente que concentra su atención en este tipo de ecosistemas y en la biodiversidad que albergan.

El tratado se originó en la ciudad de Ramsar, Irán, el 2 de febrero de 1971 y México participó por primera vez el 4 de julio de 1986, fecha en que incorporó a esta lista —llamada desde entonces lista de Ramsar— la Reserva de la Biósfera Ría Lagartos. Ésta se localiza en el estado de Yucatán, y fue reconocida como un humedal de importancia internacional, especialmente como hábitat de aves acuáticas, ya que aquí se ubica el principal sitio de anidación en el mundo del flamenco rosado Phoenicopterus ruber. De 1986 a 2003 México incorporó 16 humedales más y este año se añadieron a la lista Ramsar otros 33. El que un país incorpore sus humedales a la Convención Ramsar implica el compromiso de promover el uso racional en su manejo y procurar su conservación.

Los humedales son terrenos inundados por aguas dulces, salobres o saladas, temporal o permanentemente. Pueden ser regiones naturales o artificiales, es decir, creadas por el hombre. Entre los humedales naturales están las lagunas costeras, esteros, barras, manglares, pantanos y lagos de agua dulce; entre los artificiales se encuentran las presas, lagos artificiales, estanques acuícolas, salinas y pozos. Son ecosistemas muy productivos. Éste es el caso de las lagunas costeras y marismas en las costas mexicanas, donde se reproducen moluscos, peces y crustáceos de importancia económica. También sirven de refugio y alimento a aves acuáticas residentes y migratorias, como patos y gansos. Y son áreas de anidación de varias especies amenazadas de tortuga marina, hábitat del manatí y el cocodrilo, y de otras especies como los tapires, jaguares, monos, rapaces, pelícanos y flamencos. Además son importantes zonas de almacenamiento de agua dulce.

Los 33 humedales incluidos recientemente en la lista Ramsar son, entre otros, Laguna Ojo de Liebre y Laguna San Ignacio, ambos en Baja California Sur; Laguna de Términos, en Campeche; Cañón del Sumidero en Chiapas; Ejidos de Xochimilco y San Gregorio Atlapulco, en el Distrito Federal, y Ría Celestún en Yucatán. En total, los humedales cubren más de cinco millones de hectáreas.

Se trata de un pequeño paso en el inmenso recorrido que es necesario realizar para proteger a las especies que habitan en el territorio mexicano.

 

Martha Duhne

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