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21 de enero de 2018
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Ráfagas

No. 96

La UNAM, entre las 100 mejores del mundo

Cada año el diario británico The Times da a conocer una lista de las 200 mejores universidades del mundo. En la de 2006, publicada recientemente, la Universidad Nacional Autónoma de México aparece en el numero 74, arriba de otras reconocidas instituciones de educación superior como el Trinity College de Dublín, la Universidad de Munich, en Alemania, y las de Wisconsin, Illinois, y Washington, en los Estados Unidos. Así, la UNAM subió 21 lugares respecto a la lista del año pasado, donde quedó en la posición 95 y está clasificada como la mejor universidad de Iberoamérica. Entre las 100 mejores no se encuentra ninguna otra de Latinoamérica, España ni Portugal.

Para elaborar este catálogo el Times consultó a 3 703 académicos de todo el mundo. A cada participante se le pidió identificar las 30 mejores universidades en su área de investigación. También se consideró la información aportada por 736 empleadores de profesionistas con presencia mundial, así como el cociente del número de profesores entre el número de estudiantes, la capacidad de la universidad de atraer estudiantes extranjeros y la cantidad de académicos internacionalmente reconocidos con los que cuenta. A la universidad que obtuvo el primer lugar (este año y el pasado fue la Universidad Harvard, de los Estados Unidos) se le asignó un valor de 100 puntos y se clasificó al resto de las universidades de acuerdo con este puntaje.

En los primeros 10 lugares se encuentran tres universidades del Reino Unido y siete de los Estados Unidos. John O´Leary, editor del suplemento de educación superior del Times, explicó que la preponderancia de instituciones inglesas y estadounidenses puede deberse a que el inglés es el idioma dominante tanto en la vida académica como en la de los negocios. Otro factor que seguramente influye es el apoyo financiero con el que cuentan algunas de estas instituciones; por ejemplo, el presupuesto anual de la Universidad Harvard es de 26 000 millones de dólares, cifra que excede lo que reciben decenas de universidades latinoamericanas en conjunto.

Cuando se enteró de la noticia, el rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, dio un dato que resaltó la importancia del lugar obtenido por la universidad: en 2006 esta casa de estudios matriculó entre bachillerato, licenciatura y posgrado a 290 000 estudiantes, mientras las que están a la cabeza de la lista tienen entre 20 000 y 25 000 alumnos. Y concluyó diciendo: “Pero ésta es la realidad nuestra, la realidad de México: una universidad de masas, orgullosamente laica y pública; y que una vez más muestra que tiene calidad de clase mundial”.

Pérdida récord de la capa de ozono

Según datos enviados por la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), 2006 ha sido el año en que se ha registrado la mayor pérdida de ozono sobre la Antártida, en la región de la estratosfera conocida como agujero de ozono. Éste no es técnicamente un agujero donde no existe ozono, sino una zona donde la concentración de ozono ha disminuido drásticamente.

La concentración normal de ozono en la atmósfera es de aproximadamente 300 unidades Dobson (una medida que describe el grosor de la capa de ozono) y cualquier región de la atmósfera donde sea menor que 220 unidades Dobson se considera anormal.

El ozono es un gas incoloro muy activo químicamente que forma una capa a 25 kilómetros sobre la superficie de la Tierra. Esta capa impide el paso de los rayos ultravioleta del Sol, dañinos para los seres vivos. Su adelgazamiento se debe a la presencia de gases que hemos liberado en la atmósfera, en especial los clorofluorocarbonos CFC, que se usan como refrigerantes y propul sores para aerosoles. Al llegar a la estratosfera y entrar en contacto con los rayos u l - travioleta, estos gases sufren una reacción química donde se libera un átomo de cloro. Un solo átomo de cloro puede destruir muchas moléculas de ozono. La reacción es extremadamente rápida a temperaturas menores que 78º C.

Este año el agujero de ozono mide 28 millones de kilómetros cuadrados (similar al tamaño récord registrado en el año 2000), y tiene 100 unidades Dobson de profundidad. Y es que las condiciones meteorológicas actuales son parecidas a las del invierno de 1999-2000. Los investigadores de la ESA aseguran que la pérdida de ozono que registramos este año puede deberse a que las temperaturas sobre la Antártida también han sido las más bajas en décadas.

La cantidad de ozono a nivel global ha disminuido 0.3% cada año durante el último decenio. La producción de CFC está controlada desde que se firmó un tratado internacional, el Protocolo de Montreal, el 16 de septiembre de 1987. Pero su concentración en la atmósfera era tan alta que sabemos que el agujero de ozono se mantendrá todavía por mucho tiempo. Los investigadores calculan que el agujero de ozono que existe sobre la Antártida desaparecerá completamente alrededor del año 2065.

Una piedra tallada descubierta en Veracruz podría ser evidencia de que los olmecas desarrollaron un sistema de escritura 1 000 años antes de nuestra era, de acuerdo con un artículo publicado el 15 de septiembre en la revista Science. La pieza no proviene de un yacimiento arqueológico, sino de una cantera de grava donde la encontraron unos peones que trabajaban en la construcción de una carretera en Cascajal, Veracruz, a finales de los años 90.

Los arqueólogos mexicanos María del Carmen Rodríguez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia de Veracruz, y Ponciano Ortiz, del Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana, fueron los primeros en darse cuenta de la importancia del hallazgo. A principios de este año, Rodríguez y Ortiz reunieron a un equipo internacional de arqueólogos para estudiar la pieza. Los investigadores concluyeron que reúne todas las características de un sistema de escritura: cuenta con signos o símbolos diferentes colocados según un patrón, y algunos de ellos (mazorcas de maíz, conchas, puntas de dardo, un pez, insectos) se repiten, como sucede en cualquier texto.

La piedra tallada pesa 12 kg y mide 36 cm de largo, 21 de ancho y 13 de espesor. Es de un tipo de roca conocido como serpentina, o serpentinita, que no existe en la región, por lo que los arqueólogos piensan que fue traída desde Oaxaca. Otra característica única de esta pieza es que fue utilizada como pizarrón, es decir, los usuarios tallaron signos en la superficie y los eliminaron varias veces, por lo que la piedra es ligeramente cóncava.

Los arqueólogos fecharon esta piedra con piezas de cerámica y barro encontradas en el mismo lugar y concluyeron que data de cerca de 1 000 años antes de nuestra era.

Actualmente es imposible conocer el significado del texto, ya que no contamos con ninguna otra pieza que tenga estos signos. Con todo, nos permite maravillarnos ante la posibilidad de que hace 3 000 años los olmecas ya comunicaran sus ideas por escrito.

Adictos a la comida

Investigadores del Laboratorio Nacional de Brookhaven, del Departamento de Energía de los Estados Unidos, descubrieron que los circuitos cerebrales relacionados con el ansia de comer en exceso en personas obesas son los mismos que llevan a los adictos a consumir drogas.

El equipo, dirigido por Gene-Jack Wang, estudió el metabolismo de siete personas obesas a las que habían implantado un estimulador gástrico, aparato muy parecido a un marcapasos, que manda señales eléctricas al nervio vago. Estas señales hacen que el estómago se expanda y envíe mensajes de saciedad al cerebro, que es lo que sucede de manera natural después de haber comido abundantemente.

A los participantes del estudio les realizaron dos tomografías de emisión de positrones. Sin que ellos lo supieran, en la primera tomografía el estimulador gástrico estaba encendido y en la segunda apagado. Estudiando la actividad cerebral de estas siete personas, los investigadores descubrieron que el estimulador gástrico indujo cambios significativos en el metabolismo de ciertas regiones del cerebro, en especial el hipocampo. Este último desempeña un papel importante en las emociones, en el proceso de aprendizaje y en la memoria, además de procesar impulsos motores y sensoriales. Esta región del cerebro es la misma que se activa cuando los adictos a drogas sienten la necesidad de consumirlas. Los estimuladores gástricos también enviaron mensajes a circuitos neuronales que se localizan en la corteza orbitofrontal y en el estriato, regiones cerebrales relacionadas con el deseo de consumir drogas en pacientes adictos.

Este hallazgo es importante porque la obesidad es un grave problema de salud a nivel mundial; afecta a más de 1 000 millones de personas. El resultado podría servir para diseñar terapias, tomando en cuenta no sólo el régimen alimenticio que es necesario modificar, sino que existe en las personas obesas un comportamiento adictivo que debe atenderse.

Los premios Ig Nobel 2006

La 16ª Primera Entrega Anual de los Premios Ig Nobel tuvo lugar el pasado 5 de octubre en la Universidad de Harvard, Estados Unidos. Allí se reconocieron logros científicos que primero lo hacen a uno reír... y luego pensar (véase “El codiciado premio Ig Nobel”, ¿Cómo ves? No. 94).

• Ornitología. El premio se otorgó a los biólogos estadounidenses Ivan Schwab y al finado Philip May por su sesudo análisis de cómo evita el pájaro carpintero acabar con dolor de cabeza después de pasar el día golpeando troncos. Resulta que la estructura del cráneo de estas aves permite que la fuerza del picotazo se distribuya por el hueso sin alcanzar al cerebro; además, justo antes del impacto, protegen sus ojos con unas membranas que no sólo evitan que entren astillas, sino que fungen como cinturones de seguridad para que los ojos no salgan volando con la inercia.

• Acústica. Los ganadores fueron los estadounidenses Lynn Halpern, Randolph Blake y James Hillenbrand, quienes describieron por qué a la gente le desagrada tanto el chirrido que hacen las uñas al rasgar un pizarrón. Los científicos especularon que el nefasto sonido se asemeja a las señales de alarma de algunos primates no humanos, y que estas señales activan en nosotros una respuesta de miedo vestigial (inconsciente).

• Matemáticas. En esta categoría ganaron los físicos australianos Nic Svenson y Piers Barnes. Ellos calcularon el número de fotos que hay que tomar de un grupo de personas para que (casi) todos salgan con los ojos abiertos. Tras considerar la frecuencia de un parpadeo, la velocidad promedio de cierre del obturador de la cámara y otras variables, llegaron a un número mágico basado en probabilidades estadísticas: si el grupo es menor a 20 personas, se divide el tamaño del grupo entre tres y se toma ese número de fotos; si son unas 50 personas, hay que olvidar la idea de que nadie salga con los ojos cerrados.

• Física. El premio fue para los franceses Basile Audoly y Sebastien Neukirch, quienes descifraron por qué cuando uno parte espagueti seco, casi siempre se rompe en más de dos pedazos.

• Nutrición. Obtuvieron este galardón un par de científicos de Kuwait, Wasmia Al-Houty y Faten Al-Mussalam, por demostrar que unos escarabajos coprófagos (que comen excremento) del desierto tienen claras preferencias cuando en el menú hay boñiga de caballo, camello, borrego, perro y zorro; el bocadillo más apreciado es el equino, y el canino no resultó de su agrado.

• Biología. Los holandeses Bart Knols y Ruurd de Jong ganaron por su hallazgo de que las hembras de mosquito anófeles, a la hora de buscar a quién picar, se sienten igualmente atraídas por el olor del aromático queso limburger que por el de los pies humanos; ya decían las abuelitas que los pies apestosos olían a queso.

• Paz. Este premio fue para el británico Howard Stapleton por inventar un repelente electroacústico de adolescentes: un aparatejo que produce un desagradable sonido diseñado para que lo escuchen los jóvenes pero no los adultos.

• Literatura. El ganador fue el psicólogo estadounidense Daniel Oppenheimer por su trabajo “Consecuencias del vernacular erudito utilizado sin relación a la necesidad: problemas de utilizar palabras largas sin necesidad”. Queda clarísimo que el Dr. Oppenheimer se esforzó por lograr un título diáfano como el agua.

Siguiendo la tradición, la ceremonia se llevó a cabo en un auditorio lleno de gente que lanzaba avioncitos de papel al escenario. Como desde hace 10 años, el premio Nobel Roy Glauber se dedicó a barrerlos.

Miguel Rubio Godoy

 

Martha Duhne

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