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17 de julio de 2018
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Ráfagas

No. 99

Nueva fuente de células troncales

Un grupo de científicos estadounidenses descubrieron células troncales pluripotenciales en el líquido amniótico. Estas células tienen la capacidad de transformarse en células especializadas, como las nerviosas o las hepáticas.

La investigación, publicada en la revista Nature Biotechnology en su primer número de 2007, fue encabezada por Anthony Atala, director del Instituto de Medicina Regenerativa Wake Forest. También participaron científicos de la Escuela de Medicina de Harvard.

Desde hace décadas se sabe que el líquido amniótico, donde flota el feto durante su desarrollo, contiene una rica variedad de células, pero no estaba claro si también contenía células troncales (también conocidas como células madre). Los investigadores tomaron muestras de líquido amniótico tanto durante el parto como en un procedimiento llamado amniocentesis, al que se someten algunas futuras madres cerca de la semana 16 de gestación con el fin de saber si el bebé padecerá ciertos trastornos genéticos.

Los estudios revelaron que cerca del 1 % de las células encontradas en el líquido amniótico eran troncales.

Después de aislar estas células, Atala y su equipo lograron transformarlas en células de tejidos diferentes: hepático, muscular, conectivo, digestivo, pulmonar, nervioso y cerebral. Además, el equipo trasplantó las células cerebrales cultivadas en laboratorio a cerebros dañados de ratones y encontró que éstas crecían y repoblaban las áreas afectadas. Unas células hepáticas, también trasplantadas a ratones, fueron capaces de secretar urea.

Esto ya se había logrado con otros linajes de células troncales. ¿Dónde reside, pues, la importancia de la investigación de Atala y sus colaboradores? A diferencia de las células troncales que se extraen de embriones, para obtener las del líquido amniótico no se necesita utilizar un embrión en las primeras horas de su desarrollo, procedimiento que ha generado una acalorada polémica y ha conducido a que se restrinja e incluso prohiba en algunos países, como los Estados Unidos.

Los resultados de esta investigación abren una nueva posibilidad para lograr reparar tejidos y regenerar órganos sin las objeciones que han rodeado a la investigación en células troncales embrionarias.

Obesidad y sedentarismo

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 (ENSANUT 2006), los adolescentes de México pasan más tiempo del recomendable frente a la televisión y realizan muy poca actividad física, lo cual tiene como resultado un aumento en la incidencia de ciertos problemas de salud, como la obesidad, las enfermedades coronarias, la diabetes y varios tipos de cáncer.

La encuesta se realizó usando una adaptación abreviada del Internacional Physical Activity Questionnaire, que es un instrumento validado internacionalmente de medición de la actividad física para la población de entre 15 y 69 años. Además se incluyeron algunas variables del cuestionario desarrollado por Bernardo Hernández, del Instituto Nacional de Salud Pública, y sus colaboradores en el año 1999, que mide el tiempo que pasan los escolares frente a pantallas (de televisión o de videojuegos) y en actividades físicas y su relación con la obesidad infantil.

El ENSANUT fue aplicado a un total de 24 921 jóvenes de entre 10 y 19 años (12 520 mujeres y 12 401 varones). Se les cuestionó sobre las actividades físicas que realizaban, divididas en tres categorías: actividad vigorosa, es decir, que exige un gasto energético considerable como jugar futbol, básquetbol, voleibol, bailar o cualquier otra actividad en la que es necesario correr o agitarse; actividad moderada, que requiere menor gasto de energía, como limpiar o arreglar la casa y caminar; y actividades sedentarias como ver televisión o usar videojuegos. También se investigó sobre el tiempo que dedicaban los participantes a estas actividades.

Los adolescentes que realizan al menos siete horas a la semana de actividad moderada o vigorosa fueron clasificados como activos; los que realizan menos de siete horas y al menos cuatro, como moderadamente activos, y como inactivos los que realizan menos de cuatro horas a la semana de actividad vigorosa o moderada. Según la encuesta, 35.2% de los adolescentes de México son activos, 24.4% son moderadamente activos y 40.4% son inactivos.

En cuanto al tiempo que pasan frente a una pantalla, se consideró como adecuado hasta 12 horas a la semana en promedio (cerca de una hora y 20 minutos al día), entre 12 y 21 horas como poco adecuado (en promedio dos horas con 15 minutos diarios) y más de 21 horas semanales (tres horas o más al día), como inadecuado. El resultado es que más del 50% de los adolescentes supera dos horas diarias frente al televisor y de éstos, el 27.6% lo hacen más de tres horas al día en promedio.

Esto explica parcialmente el aumento del sobrepeso y la obesidad en este grupo de edad en México. El problema está relacionado también con una dieta rica en grasas y azúcares simples y muy baja en fibras; es decir, en buena medida con el desenfrenado consumo de comida chatarra.

Conductas de riesgo y adolescentes

Fuman y beben en exceso, tienen relaciones sexuales sin protección, manejan a altas velocidades (a veces alcoholizados), no duermen lo suficiente… Muchos jóvenes tienen la certeza de ser invulnerables y no perciben correctamente los riesgos a los que continuamente se exponen. Cuando menos eso es lo que piensan de ellos muchos adultos, entre otros, sus atribulados padres y madres.

Pero esta opinión ha sido refutada en un estudio reciente, publicado en la revista Psycological Science in the Public Interest, realizado por Valerie Reyna, de la Universidad Cornell, y por Frank Farley, de la Universidad Temple. Luego de revisar más de 300 estudios sobre conductas de riesgo en adolescentes, Reyna y Farley encontraron que los jóvenes, contrariamente a la opinión general, suelen sobreestimar los riesgos a los que están expuestos. Por ejemplo, la percepción que los adolescentes tenían del riesgo de morir asesinados, en un huracán o en un terremoto, en el lapso de un año o antes de cumplir los 20 años, resultó ser mucho más alta que la probabilidad real. En conclusión, los adolescentes no se perciben como invulnerables, sino más vulnerables de lo que se perciben los adultos. Entonces, ¿dónde está el problema?

Los investigadores concluyen que la aceptación social de sus compañeros pesa para los adolescentes mucho más que las posibles consecuencias de su conducta. Dicho de otro modo, que en su sistema de valores los beneficios inmediatos de la temeridad superan a los que obtendrían a largo plazo siendo prudentes.

Los jóvenes son especialmente incapaces de resistir la tentación de incurrir en conductas de riesgo cuando están con personas de su misma edad y tienen que tomar decisiones inmediatas. En palabras de Reyna, “En estos casos, el cerebro emocional secuestra al racional, por lo que no va a detenerlos conocer las estadísticas de accidentes al conducir a altas velocidades”.

Además, los lóbulos frontales del cerebro, responsables entre otras cosas de frenar los impulsos, no se acaban de desarrollar hasta pasados los 20 años.

Los investigadores encontraron que mientras que la mayoría de los adultos evitan conductas de riesgo sin meditarlo demasiado (intuitivamente miden los riesgos), los adolescentes sí se toman la molestia de evaluar los riegos y los beneficios de sus acciones, pero su sistema de evaluación es distinto al de los adultos. Estos resultados son importantes para lograr cambiar ciertos patrones de conducta que ponen en riesgo a los jóvenes. Ahora sabemos que el problema no se resuelve proporcionándoles más datos sobre las consecuencias de las conductas de riesgo, sino desarrollando en ellos la fortaleza de resistir a sus impulsos el tiempo suficiente para medir los riesgos a la salud.

Agua líquida en Marte

Imágenes de la superficie marciana parecen indicar que el agua en estado líquido no desapareció hace miles de millones de años, como se suponía, sino que existe hoy en día.

Michael Malin y sus colegas de la Malin Space Science Systems, compañía que construye instrumentos para sondas de exploración espacial, en California, aseguran que en imágenes de la superficie de Marte tomadas con varios años de diferencia claramente se pueden apreciar las huellas que dejó el agua líquida al fluir por las laderas de una barranca, semejantes a la figura de un árbol que estuviera colocado de cabeza.

La forma de los depósitos que se ven en las imágenes tomadas en los años 2004-2005 por el Mars Global Surveyor, de la NASA, es la que se esperaría si una corriente arrastrara material ladera abajo. En las imágenes de la misma zona, pero tomadas durante los años 1999 y 2000, no se aprecian estas huellas. Esta es la primera evidencia contemporánea de la presencia de agua líquida en Marte, lo cual nos permite pensar en la posibilidad de que exista vida marciana, posiblemente microscópica.

Sabemos que existe agua congelada en las regiones polares y se ha detectado vapor de agua en la atmósfera de Marte, sin embargo ésta es tan delgada y las temperaturas tan bajas que el agua líquida no puede permanecer por mucho tiempo en su superficie: rápidamente se evaporaría o se congelaría. Los investigadores proponen que el agua se mantuvo en estado líquido en la superficie sólo el tiempo suficiente para emerger de un depósito subterráneo y deslizarse por la ladera antes de congelarse totalmente. En las imágenes se ven dos escurrimientos separados por algunos cientos de metros en cráteres de las regiones llamadas Terra Sirenum y Montes Centauri, en el hemisferio sur de Marte.

El tono claro de los depósitos puede deberse a que se trata de hielo o a que el agua contenía una alta concentración de sales, ya que si se tratara de polvo marciano que fue acarreado por el agua el color debería ser más oscuro, como es el resto de la superficie de ese planeta.

Una incógnita que plantea este descubrimiento es cuál pudo ser la fuente del agua y cómo es posible que se encontrara en estado líquido en un planeta que tiene temperaturas superficiales entre los cinco y los —87 ºC. Una posible respuesta es que se trata de agua muy ácida, lo cual disminuiría el punto de congelación.

Como cualquier descubrimiento asombroso, abre muchas más interrogantes de las que responde.

 

Martha Duhne

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