UNAM
16 de enero de 2018
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Retos

No. 106 La historia de Candingas

Puras reinitas

Si había alguien que sabía tratar bien a las mujeres, era el Candingas. Tránsfuga de la Escuela de Artes Plásticas de la UNAM, en su obsesión por llevar el arte a las calles, el Candingas había abierto un taller de pintura artística automotriz de estilo psicodélico- surrealista, donde además tenía un jacuzzi.

Una tarde, mientras pintaba un selvático jaguar en un Mustang del año, se puso a hacer las cuentas de las novias que había tenido ese año. De entre todas ellas, había 2 que le habían dejado una profunda huella, ya que también lo habían tratado como rey: una francesa y una morenaza tapatía. Además de éstas el Candingas recordó que después de la morenaza, incluida la francesa, había colmado de placeres a 37 reinitas, y también recordaba que antes de la francesa, incluida la morena, había tenido entre sus brazos a 33, y que, entre la morena y la francesa, había hecho sentir el paraíso a 16. Y bueno, no es que el Candingas no supiera hacer cuentas, lo que sucedió es que en ese preciso instante sonó el teléfono…

¿Cuántas novias llevaba el Candingas?

Técnica infalible

El Candingas tenía dos técnicas secundarias que nunca le fallaban para hacer caer entre sus brazos hasta a la más reticente, además de la técnica fundamental, que consistía simplemente en saber escuchar a las mujeres. Lo que hacía era invitarlas a cenar y más que platicar de sí mismo, las provocaba para que ellas hablaran de su vida, de sus tristezas y de sus anhelos. Al terminar la cena, invariablemente las invitaba a bailar a un salón de música tropical o a escuchar mariachis en Garibaldi.

A lo largo de un tranquilo mes de agosto, fueron 21 las que sucumbieron a sus encantos y, aunque él no recordaba bien a cuántas había invitado a bailar o a escuchar mariachis, sí recordaba que con la cuarta parte del número de las que había llevado a Garibaldi, después de cenar se había ido directamente al jacuzzi, y que a Garibaldi había ido con la cuarta parte del número de las que había invitado al salón de música tropical. Justo estaba sumergido en estos pensamientos cuando llegó al taller una morenaza que quería que le pintara en su camioneta una gigantesca salamandra.

¿A cuántas mujeres invitó el Candigas a bailar; a cuántas a cenar, y a cuántas a Garibaldi?

¿Pecas?

La única vez que al Candingas casi le falla su técnica fue cuando intentó conquistar a su vecina, una pecosita que estudiaba el doctorado en probabilidad y estadística. La había invitado a cenar y luego a Garibaldi, donde, entre canciones de José Alfredo Jiménez y Vicente Fernández, le susurró al oído que quería besarle toda sus pecas, una por una, y a la luz de las velas. La pecosita, tal vez por aquello de la probabilidad y estadística, le dijo que a ella también le gustaría, siempre y cuando él adivinara exactamente cuántas monedas traía en su bolsa. El Candingas, picado, aceptó el reto pero le pidió una pista. La pecosita no le dio una pista, sino tres: para lograr sacar del fondo de su bolsa 2 monedas del mismo valor, a lo más tendría que sacar 3; si quería sacar 2 de distinto valor, a lo más tendría que sacar 8 monedas, y si quisiera sacar al menos 2 monedas de 5 pesos tendría que sacar a lo más 16 monedas.

¿Cuántas monedas traía la pecosita en su bolsa?

Soluciones al número anterior

Los jeques. SofiÅLa viviÅLa en el departamento 12; por lo tanto al oasis acudiÅLan 12 jeques. Se resuelve a partir de la ecuacioÅLn: x2 – 7 = 137.

La caravana. Primero entroÅL con 15 camellos y a la salida le donoÅL al dueno del oasis 71/2 + 1/2 = 8 camellos. Y luego entroÅL con los 5 restantes donaÅLndole a la salida 21/2 + 1/2 = 3 camellos, quedando asiÅL 9 camellos en la caravana.

Los siete velos. Dado que cada una de las 3 cajas teniÅLa un contenido de velos distintos al color de las piedras preciosas con los que estaba recubierta, con sacar un solo velo era maÅLs que suficiente: si de la caja de rubiÅLes saliÅLa un velo verde, esto querriÅLa decir que en la caja de esmeraldas y rubiÅLes estaban todos los panuelos rojos, y en la de esmeraldas los rojos y verdes; pero si de esta caja de rubiÅLes saliÅLa uno rojo, entonces contendriÅLa los rojos y verdes, la de esmeraldas y rubiÅLes los velos verdes, y la de esmeraldas los rojos.

 

Antonio Ortiz

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