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21 de octubre de 2018
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Retos

No. 111 Las aventuras de Al Gore

El entremés

De visita en la Ciudad de México, un lunes por la mañana, estaba Al Gore con todo su equipo de asistentes en el bosque de Chapultepec, preparando su conferencia sobre el cambio climático. De pronto le dio hambre y comenzó a imaginar cielos surcados por hamburguesas y hot-dogs en lugar de huracanes y lluvias torrenciales. Aunque les faltaba mucho para tener la conferencia a punto, Al Gore decidió dar un paseo para ver si encontraba donde comerse una hamburguesa o unos hot-dogs.

Sin embargo, como en Chapultepec los lunes no trabajan ni los payasos, por más vueltas que dio Al Gore no encontró nada, hasta que vio que uno de los vigilantes del bosque iba pasando con 5 bolsas de plástico con algo parecido a unas hamburguesas. Gore se acercó y le preguntó si podría venderle aunque fuera una hamburguesa. El vigilante trató de explicarle que no eran hamburguesas; que algunas bolsas tenían tortas de huevo y otras tortas de salchicha, y que tenía que entregar cada bolsa en una de las 6 casetas de vigilancia del bosque; y como había 5 vigilantes en la primera caseta, tenía que dejar ahí la bolsa con 5 tortas, en la segunda la que tenía 29, en la tercera la que traía 14, en la cuarta la de 6, en la quinta la de 23 y en la sexta la de 12. Además, el vigilante le dijo a Gore que no podía venderle una torta suelta porque los otros vigilantes se darían cuenta, pero que sí podía venderle una bolsa completa y luego decir que “se le había perdido”.

Gore eligió una bolsa, sacó unos dólares y se los dio al vigilante quien dijo: “Qué curioso, como eligió esa bolsa, ahora me quedan el doble de tortas de huevo que de salchichas”. Al Gore se quedó unos momentos pensando en lo dicho por el vigilante para después comenzar a devorar las tortas.

¿Cuántas tortas se comió Al Gore?

La conferencia

Con la panza llena, Al Gore regresó con sus colaboradores, pero cuando vieron que se venía limpiando con una servilleta los restos de las migas en el traje, se enojaron porque no les había convidado ni una sola torta. La más enojada era su secretaria particular, y cuando Al se le acercó para preguntar a qué hora empezaría la conferencia, ella sólo contestó: “Comenzará exactamente a la hora en la que nada más quedará la tercera parte de las horas que hayan pasado del día”. Al Gore se quedó en ascuas, y como no pudo calcular a qué hora comenzaba su conferencia, no la dio y perdió los 500 000 dólares que pensaba cobrar.

¿A qué hora debía comenzar Al Gore su conferencia?

El origen

La afición de Al Gore por el estudio de los fenómenos y desastres naturales surgió cuando era pequeño y a raíz de su participación en un programa radiofónico de concursos. La anécdota cuenta que en los años 60, estaba Al Gore escuchando un programa de radio sobre Elvis Presley cuando el locutor mencionó que regalaría una camisa autografiada por el rey del rock al primero que llamara y contestara una pregunta de lógica. El niño Al se comunicó a la estación y su llamada pasó al aire. El locutor le dijo: “Suponte que de manera imprevista comienza en la Tierra una nueva glaciación y que, huyendo del frío, te internas en un bosque donde encuentras una cabaña de leñadores. Dentro de la cabaña hay una caja de cerillos, una vela, un montón de periódicos y una chimenea con leños secos. ¿Qué es lo primero que encenderías para calentar la cabaña?

Sin pensarlo dos veces, Al respondió que lo primero sería la vela, pero el locutor le dijo que no era la respuesta correcta. Fue tal la desilusión de Al que, a partir de entonces, se dedicó a estudiar todo lo relacionado con qué hacer en caso de una catástrofe natural.

¿Qué debió contestar Al Gore al locutor?

Soluciones al número anterior

Campanas. Cada 60 horas.

Los más listos. Una de las formas en las que se pudieron redistribuir los perros es la siguiente:
9 3 9
3 3
9 3 9

Pobre tío. Una manera de resolver este problema es establecer la ecuación: 1966 – (1 000 + 900 + 10x + y) = 1 + 9 + x + y, de donde se obtiene que y = (56 -11x)/2-. A partir de lo mencionado por la abuelita se concluye que x = 4. Entonces, Ramón nació en 1946 y tenía 20 años cuando le regalaron el Mustang.

 

Antonio Ortiz

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