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18 de octubre de 2018
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Retos

No. 118 El niño migraña

De pelos

Estaba un día el famosísimo Niño Migraña caminando por el no menos famoso Mercado de Sonora, en la Ciudad de México, buscando algún amuleto, collar, hechizo o elixir que le quitara de una vez por todas su mega dolor de cabeza. De repente, le salió al paso un curandero, que le dijo: “El collar hechizado que te quitará el dolor de cabeza sólo lo puedes encontrar en el puesto de doña Lupe que está al final del pasillo donde venden los muñecos vudú y las máscaras rituales de Catemaco. En ese puesto verás que de un escapulario del Santo Niño de Atocha están colgados 3 collares; uno es de ojos de venado, otro es de dientes de tiburón de Sumatra, y uno más de pelos de elefante. Sólo uno de ellos te puede curar la migraña; doña Lupe no te dirá para qué sirve cada uno de ellos, y solamente te venderá uno de sus collares. Para saber cuál collar debes comprar, te voy a dar 3 consejos; el primero es que el de ojos de venado no te curará la migraña, el segundo es que el collar de pelos de elefante te hará lo mismo que el de ojos de venado y, por último, el collar de dientes de tiburón no te curará la migraña”. Justo cuando el Niño Migraña se estaba encaminando al puesto de doña Lupe, el curandero lo detuvo para añadir: “Algo que también te debo decir es que al menos 2 de los consejos que te di son falsos”.

El Niño Migraña se dirigió al puesto de doña Lupe donde decidió comprar el collar de pelos de elefante.

¿Consiguió el Niño Migraña terminar con su insoportable dolor de cabeza?

De dientes

Además del collar de pelos de elefante que le vendió doña Lupe, el Niño Migraña decidió comprar otros collares, por si acaso. Así, compró 63 collares de dientes de tiburón de Sumatra, algunos de 8 dientes y otros de 6 dientes. Pero, al llegar a la entrada del metro se encontró con la también famosísima y bellísima Niña Migraña que le pidió que le regalara algunos de los collares que traía para ver si se le quitaba su también insoportable dolor de cabeza. Nada tonto, a pesar de que el dolor de cabeza apenas le permitía pensar, el Niño Migraña le propuso a la Niña Migraña regalarle las dos terceras partes de los collares de 8 dientes de tiburón de Sumatra y la quinta parte de los collares de 6 dientes que traía a cambio de un beso por cada diente de los collares con que se quedara ella. La Niña Migraña no lo pensó 2 veces y aceptó el trato.

Si la Niña Migraña besó 150 veces al Niño Migraña, ¿con cuántos collares de dientes de tiburón de Sumatra se quedó el Niño Migraña?

De oferta

Aún con dolor de cabeza, el Niño Migraña abordó uno de los vagones del metro. Al cerrarse las puertas y observar la manera en la que se jalaban los pelos de la cabeza 5 de los 6 pasajeros que se encontraban a bordo, de inmediato comprendió que ellos también eran presa de un fuerte ataque de migraña. En la siguiente estación, sin que nadie bajara del vagón, únicamente subió un vendedor ambulante de discos de cumbias. Cuando el vendedor terminó de recitar los títulos incluidos en el disco compacto que traía de oferta, preguntó a los pasajeros si alguno sabía qué día de la semana era. Éstas fueron sus respuestas:

Pasajero 1: Pasado mañana es miércoles.

Niño Migraña: Mañana es miércoles.

Pasajero 3: Hoy ni es lunes, ni martes,
ni miércoles.

Pasajero 4: Ayer fue jueves.

Pasajero 5: Ayer fue martes.

Pasajero 6: Ayer no fue sábado.

Si únicamente el pasajero que no sufría de migraña estaba diciendo la verdad, ¿qué día de la semana era?

Soluciones al número anterior

La respuesta está en el viento. Al abrir el casillero de los guantes azules, Dylan observó el letrero, que únicamente podría ser “guantes rojos” o “guantes rojos y azules”; por lo que los guantes rojos se encontrarían forzosamente en el casillero con el letrero “guantes rojos y azules”, en el primer caso, y “guantes azules” en el segundo.

Corazón solitario. El número sugerido por Kalimán era el 125: si se le quita el 1, queda el resultado de dividirlo entre 5 y, al quitársele el 2 queda el resultado de dividirlo nuevamente entre 5.

Pinta tu raya.

 

 

Antonio Ortiz

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