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18 de enero de 2018
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Retos

No. 212 El hijo del cohetero

Abducido

Hay un dicho que nunca nadie realmente ha dicho pero que es totalmente cierto: la gente rara siempre acaba conociendo a más gente rara y toda ella se junta. Una prueba irrefutable de este dicho no dicho es nada más y nada menos que Roberto, el hijo del cohetero. Tenía apenas unos 6 años y vivía en Tultitlán, donde su papá era dueño de un pequeño negocio de producción de cohetes para todas ocasiones y presupuestos. Allí nadie, pero absolutamente nadie, dejaba que Roberto se acercara a menos de 20 metros de cualquiera de las bodegas de pólvora, cohetes y cohetones porque siempre andaba jugando con cerillos. No importaba que su mamá o su papá se los confiscaran, minutos después andaba otra vez con al menos un par de cajitas de cerillos que quién sabe de dónde sacaba. Siempre traía cerillos en la bolsa del pantalón o los solía esconder en algún lugar de su casa. Y no es que anduviera prendiendo cerillos a cada rato, más bien lo que hacía era formar diversas figuras con ellos y luego apostaba a cualquiera que se le cruzaba a que no sabría cómo transformar esas figuras en otras moviendo un cierto número de cerillos. Roberto apostaba cualquier cosa y casi siempre ganaba.

En Tultitlán vivía Don Pepe, que tenía fama de siempre estar en las puertas de las iglesias repartiendo pequeños manuales sobre observación de ovnis, detección de mensajes extraterrestres y cómo averiguar en 12 pasos si una persona era realmente humana o un ser procedente del espacio exterior. Y es que dicen que a don Pepe, una noche que venía regresando a su casa en bicicleta, un platillo volador que pasó de repente lo abdujo por una semana; luego reapareció con todo y bicicleta en la azotea de su casa.

Un día que Roberto se encontró a Don Pepe afuera de la iglesia de San Martín le dijo:”Te apuesto unos chilaquiles de los de doña Lupita a que no puedes hacer que este alienígena esté parado de cabeza moviendo solamente 3 cerillos”.

¿Cómo podría Don Pepe mover los cerillos?

Diablero

Otro día, Roberto se encontró con Samuel, el “diablero” del mercado y famoso por ser el único de todo Tultitlan que podía apilar un refrigerador, una tele, una cama con todo y colchón y una sala de 3 piezas en su diablito y trasladarlas él solo las cuadras que hicieran falta. El hijo del cohetero le dijo: “Te apuesto una torta de tamal a que no puedes hacer que esta balanza esté en equilibrio moviendo solamente 5 cerillos”.

¿Cómo hay que mover los cerillos para equilibrar la balanza?

Geniuda

Una noche sin Luna, cuando estaba todo bien oscuro, Roberto se encontró con María, a la que apodaban “la Félix” porque ya a su corta edad —apenas 10 añitos— tenía un carácter de los mil demonios. En Tultitlán se decía que su carácter era incluso peor que el de la mismísima Doña porque un día en que el presidente municipal se equivocó al decir en un discurso que Benito Juárez había nacido en Ciudad Juárez, Chihuahua, María lo comenzó a regañar con su voz chillona y durante media hora no lo bajó de imbécil ante todo el pueblo. El presidente municipal quedó tan traumado que renunció a su cargo y no se le volvió a ver más por el pueblo. Pero como Roberto también tenía su carácter y además era muy lanzado le dijo a María: “Te apuesto un beso en la boca a que no puedes formar 3 cuadrados moviendo solamente 5 cerillos”.

“La Félix” aceptó y unos 15 minutos después de que intentó infructuosamente mover 5 cerillos para conseguir los 3 cuadrados, conoció el amor en los labios de Roberto.

¿Cómo debió mover los cerillos María?

Soluciones al número anterior

Acá las tortas.
En la que menos dejaba era en “Las Supremas”: 700 teleras.

Acá lo alternativo.
Para pagar los 19 tumines de la torta, el Califa le dio 7 billetes de 3 tumines a Nadia, ésta le regresó 1 billete de 5 tumines, y después el Califa le dio a ella 1 billete de 3 tumines.

Acá el paraíso.
Se subieron en el platillo gris porque así lo dicho en el negro sería mentira, en el gris sería mentira también y en el dorado sería verdadero.

 

Antonio Ortiz

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