18 de julio de 2024 18 / 07 / 2024

Secuelas del COVID: lo que (aún no) sabemos

Carol Perelman

Imagen de Secuelas del COVID: lo que (aún no) sabemos

Ilustración: Adrián Pérez Acosta

No ha pasado tiempo suficiente para caracterizar y entender los trastornos que padecen algunas personas después del COVID-19. He aquí el panorama que empieza a perfilarse

En el segundo acto de Romeo y Julieta, cuando la joven enamorada argumenta que poco importa que su amado Romeo sea de una familia rival, William Shakespeare pone en su boca una de las frases más famosas de esa obra de teatro: “¿Qué hay en un nombre? Lo que llamamos rosa por cualquier otro nombre olería igual.”

Esta célebre frase generalmente se interpreta así: la esencia de una cosa no cambia, independientemente del nombre que elijamos para identificarla. En la metáfora de Julieta, el nombre arbitrario es “rosa”, y la esencia —lo verdaderamente importante— es su aroma. Este artículo se trata de un trastorno de la salud que, sorprendentemente, todavía carece de nombre oficial, y cuya esencia es una amplia gama de síntomas que quedan como secuela de una infección. Sin duda es urgente asignarle nombre a la condición que aquí llamaré “covid largo”, pero también se la conoce como “covid persistente”, “síndrome postcovid” y “secuelas agudas postcovid”, entre otros. Igual que la metáfora de Julieta, el covid largo también aparece en el segundo acto, y la condición que describe, por cualquier otro nombre, dolería igual.

#¡aiura!

La primera en alzar la voz y ponerle nombre a lo desconocido fue la arqueóloga inglesa Elisa Perego, quien usó el hashtag #Longcovid para designar esas molestias que no desaparecían luego de la supuesta recuperación. Esto fue el 20 de mayo de 2020, cuando el mundo estaba hipnotizado por las dramáticas escenas de hospitales saturados y de personal de salud preocupado por la escasez de insumos médicos y la incertidumbre en medio del caos. Con una situación tan apremiante, se prestó poca atención a quienes se habían recuperado de la enfermedad. Estas personas trataban de decirnos algo: no estaban bien. Pero no parecía urgente. Aparentemente su vida ya no corría peligro, así que pocos les hacían algo de caso. Estos pacientes empezaron a formar grupos y a compartir experiencias y recomendaciones en redes sociales. A partir del tuit de Perego, que en menos de 280 caracteres expuso el silencioso sufrimiento de tantos, la avalancha de súplicas comenzó a emerger. Ese año sólo en el Reino Unido se contabilizaron 1.4 millones de posts que usaron el nuevo hashtag en múltiples redes sociales.

Tuvieron que pasar algunos meses para que instancias como la Organización Mundial de la Salud (oms) y el Centro para Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (cdc) prestaran atención, abrieran foros de personas con covid largo y escucharan y por fin reconocieran la existencia del problema. Desde entonces han pasado tres años. Los casos se han sumado, pero también el interés, los apoyos y la urgencia de abordarlos desde distintos ángulos. Ya existen esfuerzos concretos, que van desde guías médicas preliminares y centros de rehabilitación para el manejo del covid largo hasta estudios en distintas fases clínicas y grupos de científicos que lo investigan. Si bien la mayoría de las preguntas siguen sin respuestas, tenemos mayor claridad sobre lo que falta por dilucidar. Como dijo el filósofo chino Confucio, “el verdadero conocimiento es saber lo que sabemos y también lo que no sabemos”. Ya es un avance. Tenemos listas las preguntas. En este momento frente al covid largo estamos como al principio de un juego de timbiriche: sabemos dónde están los puntos, tenemos la voluntad de comenzar los trazos, pero aún no tenemos ni idea de cómo unirlos.

Síntomas de Covid Persistente por Órganos y Sistemas
Síntomas Patología
Sistema Neurológico
Deterioro cognitivo
Fatiga
Trastornos de sueño
Pérdida de memoria
Tinnitus
Disautonomía
Encefalomielitis miálgica/Síndrome de fatiga crónica (Em/sFc) Neuroinflamación
Reducción en el flujo sanguíneo al cerebro
Neuropatía de fibras pequeñas
Corazón
Dolor de pecho
Palpitaciones
Disfunción cardiaca
Inflamación del miocardio
Síndrome de taquicardia postural ortostática (PoTs)
Pulmones
Tos
Disnea (dificultad para respirar)
Intercambio anormal de gases
Sistema Inmunitario
  Enfermedades autoinmunitarias
Síndrome de activación mastocitaria
Páncreas
  Diabetes
Lesiones del páncreas
Sistema Gastrointestinal
Dolor abdominal
Náuseas
Disbiosis
Persistencia viral y reservorios virales
Riñones, Bazo e Hígado
  Lesiones a los órganos
Vasos Sanguíneos
Fatiga Coagulopatía
Trombosis venosa profunda
Disfunción endotelial
Microangiopatía
Microcoágulos
Embolia pulmonar
Infartos
Sistema Reproductivo
Disfunción eréctil
Aumento en la severidad y la cantidad de síntomas premenstruales Menstruación irregular
Reducción en el conteo de esperma

El tamaño del problema

En el cuarto año de pandemia, cuando las cifras oficiales reportan que al menos 670 millones de terrícolas hemos tenido covid-19 y se estima que uno de cada 10 reporta al menos una secuela que aparece, persiste o fluctúa, estaríamos hablando de 67 millones de personas con covid largo. Y si seguimos la aritmética para entender la dimensión del reto, un análisis reciente encontró que, a un año de la infección, 18 % de las personas con secuelas seguían sin regresar a sus trabajos, es decir, al menos 12 millones de personas en el mundo están incapacitadas para retornar a la fuerza laboral, lo equivalente a la población de los estados de Guanajuato y Nuevo León juntos. Tal es la magnitud del problema, y sin embargo, las compañías de seguros e instancias laborales tienen al covid largo como un pendiente. Así, dejando un momento de lado las obvias implicaciones en la salud humana, el paraguas que comprende las múltiples secuelas es un asunto con importante impacto en salud pública y con consecuencias sociales y económicas. El covid largo es una amenaza evidente y peligrosa de ignorar.

Difícil diagnóstico

Al día de hoy, con más de 22 000 artículos científicos publicados con el término “long covid” en la plataforma PubMed (un depósito de artículos de investigación médica), sabemos que el covid largo abarca más de 200 signos y síntomas que afectan a prácticamente cualquier órgano y sistema del cuerpo; que, aunque es más frecuente en adultos de entre 36 y 50 años, puede presentarse en personas de cualquier edad, de bebés a adultos mayores; que las mujeres tenemos mayor riesgo de desarrollarla que los hombres; que ocurre en pacientes que tuvieron covid-19 de cualquier nivel de gravedad, incluso asintomático; que la vacunación puede interrumpirlo y reduce la probabilidad de tenerlo. Todos éstos son puntitos definidos en el tablero.

Pero falta trazar las líneas, y las dudas pendientes son demasiadas. Preguntas sobre factores de riesgo, la variabilidad entre las personas, la posible fisiopatología (es decir qué provoca la enfermedad y qué pasa en el cuerpo cuando la padece), las herramientas para establecer un diagnóstico y un estimado de pronóstico, la influencia de las variantes del virus… Así, mientras se aclaran las dudas, para disminuir el riesgo de desarrollar covid largo seguimos insistiendo en estar al día con la vacunación y evitar contagiarnos de covid-19. Por ahora no hay mucho más que hacer.

Vale la pena subrayar la definición que propuso la oms. Para este organismo, la “condición postcovid-19” consiste en “los signos y síntomas que aparecen o continúan después de tres meses desde la infección aguda, confirmada o probable por sars-CoV-2, que duran al menos dos meses y no se explican por ninguna otra razón”. Así pues, en una infección por covid, el primer acto y el segundo acto están separados por un lapso de tres meses. Pero la definición también estipula que no se requiere la certeza de una prueba positiva como evidencia para establecer el covid largo. Y el diagnóstico se complica porque, con esta definición, los médicos tienen que descartar cualquier otro motivo como explicación de los síntomas: sólo así se pueden atribuir éstos a covid largo. El primer punto da mucha flexibilidad, pero el segundo hace el diagnóstico arduo, costoso y largo, una odisea. Además, como aún no hay tratamientos autorizados y específicos para covid largo, las recetas generalmente contienen recomendaciones para aliviar síntomas y mejorar la calidad de vida, quizá algo de fisioterapia y rehabilitación, mucha paciencia. Eso sí: vigilancia médica. También es útil llevar un diario de la evolución del trastorno para identificar qué nos hace mejorar y qué empeorar. Ante esta situación, pacientes y personal de salud a veces se ven reducidos a la frustración.

Enfermedad multisistémica

Uno de los principales malentendidos en torno al covid-19 fue pensar que era una enfermedad respiratoria. Nada más alejado de la realidad. El virus que causa el covid-19 se propaga por vía aérea, quizá de ahí la confusión. Pero la enfermedad en sí es multisistémica: es decir, puede afectar cualquier parte del cuerpo, debido a que el virus sars-CoV-2 infecta nuestras células usando los llamados receptores acE2, unas proteínas que están presentes en prácticamente todos los tejidos. Por eso en las autopsias a personas que fallecieron por covid-19 se han hallado restos virales por todo el organismo. En consecuencia, no debería ser sorpresa que las secuelas sigan un patrón similar y se presenten también en muchos órganos, lo que exige la colaboración de equipos multidisciplinarios para tratarlas. Sin embargo, aún no es fácil que una persona con síntomas compatibles con covid largo acuda a centros especializados que consideren la complejidad del trastorno de manera integral.

Algunos de los síntomas reportados, enumerados de mayor a menor frecuencia, son: cansancio, dolor de cabeza, trastornos de la atención, pérdida de cabello, dificultad para respirar, falta de sentido del gusto y del olfato, dolor en las articulaciones, tos, sudoración, mareo y náuseas. También se reportan pérdida de la memoria, contracturas musculares, pérdida del oído, ansiedad, depresión y trastornos digestivos. La lista sigue. Llama la atención el hecho de que, aunque los niños y adolescentes tienen menos probabilidades de padecer covid largo, en estas poblaciones predominan los síntomas psiquiátricos y neurológicos: pérdida de memoria, falta de concentración, trastornos del sueño, cambios del estado de ánimo y pérdidas cognitivas. Cada caso de covid largo es diferente, un rompecabezas conformado por múltiples piezas de distintas formas, gravedades y tamaños, que hoy está lejos de poderse ensamblar.

Afortunadamente, para resolver estos enigmas no partimos de cero. Algunos de los síntomas de covid largo se parecen a trastornos como la encefalomielitis miálgica, el síndrome de fatiga crónica, el malestar postesfuerzo y otros que se han descrito como secuelas de infecciones virales como Zika, chikungunya, ébola, sars, mErs, así como de algunas no virales, tales como giardiasis, coxiella y borelia (Lyme). Quizá estudiando el covid largo entenderemos mejor otros trastornos que antes de la pandemia pasaban casi inadvertidos, un posible efecto positivo de esta tupida maraña.

Más incógnitas

Uno de los vacíos a entender es la causa de estas secuelas: qué sucede durante la invasión del virus que detona (o no) la kilométrica y heterogénea compilación de síntomas y signos. Los expertos han propuesto varias hipótesis sobre la posible fisiopatología del covid largo y sugieren que no necesariamente hay una sola causa, sino que quizá se empalman varios mecanismos. Por lo pronto, se sugieren como causas: que el virus sars-CoV-2, o sus remanentes, permanece en ciertas zonas del organismo, causando infl amación crónica; un desequilibrio inmunitario, que incluye hiperinmunidad (una reacción exagerada del sistema inmunitario) e autoinmunidad (cuando el sistema inmunitario ataca nuestro propio cuerpo); la reactivación de patógenos que ya estaban en el cuerpo, como varios virus de la familia del herpes; cambios metabólicos; desregulación de la microbiota; disrupción de la señal nerviosa, y microcoágulos. Los estudios aún están en fases tempranas, por lo que lo único seguro es que todavía no hay veredicto.

Otro de los elementos a esclarecer son los factores que pueden incrementar el riesgo de desarrollar covid largo. Hay estudios que sugieren que ciertas condiciones previas podrían predisponerte a desarrollarlo; por ejemplo, la diabetes tipo 2, la obesidad, los trastornos de hiperactividad y déficit de atención y la rinitis alérgica. Sin embargo, estas condiciones no bastan para desarrollar secuelas. Por si fuera poco, un tercio de las personas con covid largo no tiene ninguna precondición identificada. Así que debe haber algo más.

Cuando hablamos de tiempo, el covid largo nos demuestra que éste es relativo y que a cada quien le va distinto en esta feria. Los síntomas neurológicos pueden tardar un par de semanas en presentarse y pueden irse agravando con el tiempo, mientras que otros síntomas, como la falta de gusto o de olfato, persisten desde el covid-19 agudo y luego mejoran. Unos más, como los síntomas gastrointestinales y respiratorios y la caída de cabello, tienden a autolimitarse y a desaparecer a los pocos meses. En cambio, los dolores de articulaciones y musculares, el hormigueo y la visión borrosa son comunes incluso 12 y hasta 18 meses después de la infección. Aún no podemos saber si otros, como la diabetes, la fibrosis pulmonar y la insuficiencia renal, son para toda la vida. Y aunque sería irresponsable especular sobre las consecuencias de las secuelas a largo plazo, cabe señalar que los autores han encontrado daños celulares, y no descartan una futura asociación con cánceres o enfermedades neurodegenerativas. Llama la atención que a fines de 2022 el cdc reportó que se tenían confirmadas al menos 3500 muertes en Estados Unidos por covid largo. Los estudios retrospectivos concluyen que cada vez que te enfermas de covid se va mermando el estado de salud. Así que a cuidarnos.

Anhelos

Uno de los mayores anhelos de la investigación sobre covid largo y otras enfermedades complejas es encontrar moléculas, quizás en la sangre, llamadas biomarcadores, que pudieran servir como indicadores de covid largo fácilmente medibles. Se han detectado algunos indicios, como la disminución de una hormona llamada cortisol, la elevación de unas sustancias llamadas anticuerpos antinucleares y de otras conocidas como marcadores de inflamación, así como de moléculas que producen algunas células del sistema inmunitario llamadas citosinas. Pero aún no hay nada concluyente. Curiosamente, se ha reportado de perros que pueden identificar a pacientes con covid largo al oler su sudor. Los perros estaban entrenados para detectar la presencia del virus sars-CoV-2, lo que sugiere que el propio virus podría seguir presente en los pacientes de covid largo.

A pesar de todo esto, “la condición” aún no tiene un nombre reconocido universalmente. Aunque a mí me parece un triunfo que la mayoría de las personas nos refiramos a ella con el nombre propuesto por los propios pacientes: covid largo.

Finalmente el drama shakespeariano tiene un desenlace que quienes conocen la obra saben que emana de una tremenda falta de información entre los personajes principales: los sujetos confían en suposiciones y toman decisiones que acaban en tragedia. Esperemos que contrastando la turbulencia entre Capuletos y Montescos con la condición de covid largo que afecta a niños, jóvenes y adultos obtengamos oportunamente información útil y resolvamos pronto los vacíos aún pendientes para ayudar a las muchas personas que viven todos los días con las secuelas.

Carol Perelman es química farmacéutica bióloga por la UNAM, directora del jardín Weizmann de Ciencias, promotora de los jardines de ciencia, investigadora, conferencista y divulgadora y colaboradora de distintos medios de comunicación. Es miembro de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia y de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica.

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