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02 de julio de 2022
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Ojo de mosca

No. 283 Sexo y género, biología y sociedad

Uno de los enigmas más persistentes sobre la naturaleza humana es qué tanto somos producto de la biología, o bien de la cultura en que nos desarrollamos.

Nos lo hemos preguntado respecto a la inteligencia, la propensión a la violencia, la creatividad. Y, por supuesto, respecto a las preferencias sexuales. Mucho se ha investigado si existen elementos biológicos que expliquen la orientación sexual, o si se trata más bien de una cuestión psicosocial. La respuesta, claro, es que se trata de una mezcla compleja de ambos factores.

Pero, sobre todo, nos hemos dado cuenta de que más que buscar “explicaciones”, lo que importa es reconocer la existencia y los derechos plenos, como ciudadanos, de todas las personas, independientemente de que sean homo, hetero o bisexuales, y combatir toda discriminación en su contra.

Actualmente la polémica no es sobre la diversidad sexual, sino la de género: la existencia de personas que, habiendo nacido como hembras o varones, se reconocen como pertenecientes al género opuesto al que parecería dictar su biología.

El género es un concepto complejo y abstracto. En español nos parece natural que las personas y hasta los objetos tengan género masculino o femenino (hecho incomprensible para los anglohablantes, que no entienden por qué una mesa es femenina pero un sillón masculino... y no hablemos del alemán, donde hay tres géneros para las cosas, masculino, femenino y neutro).

En las personas, el género se refiere no a sus genes, gónadas, órganos sexuales, hormonas o características sexuales secundarias (y mucho menos a su capacidad de gestar). Todo ello corresponde al sexo, y es de naturaleza biológica.

El género, en cambio, tiene que ver con la manera en que una persona se percibe a sí misma (su identidad de género) y cómo actúa en sociedad, respondiendo a los patrones de conducta aceptados para uno u otro sexo (su expresión de género), lo cual no está impuesto ni limitado por la biología.

Hoy reconocemos que hay personas transexuales, cuya identidad y expresión de género no coincide con su sexo biológico (y ni siquiera necesariamente con su orientación sexual). Mujeres y hombres trans que, independientemente de su biología, y a través de su comportamiento, vestuario, y de tratamientos hormonales o quirúrgicos, buscan adaptar su comportamiento y su cuerpo al género con el que se sienten identificados. En ambos casos, hoy sabemos que lo ético y legalmente correcto es respetar su género elegido, sin pretexto alguno.

Y aunque existe en este momento una enorme reacción de gente que —como siempre que se lucha por los derechos de minorías discriminadas—, se opone a reconocer incluso la existencia de las personas trans y utilizan los argumentos más forzados y absurdos para negarles derechos, la historia nos muestra que la ciencia, junto con la ética y el derecho, nos van ayudando siempre a formar sociedades cada vez más justas, más libres, diversas y democráticas, donde todas y todos, sin excepción, podamos gozar de absolutamente todos los derechos.

 

Martín Bonfil

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