24 de abril de 2024 24 / 04 / 2024

Ojo de mosca 305

El sarampión y la confianza en la ciencia

Martín Bonfil

Shutterstock

El uso de vacunas y su aplicación a nivel mundial es uno de los éxitos más indiscutibles de la ciencia médica. Los programas de vacunación infantil evitan alrededor de cuatro millones de muertes cada año en el mundo. Pero por increíble que parezca sigue habiendo quien presta oídos a las teorías conspirativas que afirman que las vacunas dañan la salud. El caso del sarampión ilustra claramente el daño que pueden causar estas ideas anticientíficas.

El sarampión, a diferencia de lo que mucha gente piensa, no es una enfermedad trivial. Además de la erupción cutánea o salpullido que la caracteriza causa fiebre, tos, moqueo e irritación ocular. Pero en pacientes no vacunados estos síntomas pueden empeorar considerablemente y provocar sordera, ceguera y hasta neumonía e inflamación del cerebro que pueden llevar a la muerte. Todavía hoy, el sarampión causa alrededor de 130 mil muertes anuales a nivel mundial.

El 30 de enero de 2024 la Organización Panamericana de la Salud lanzó una alerta epidemiológica debido al aumento de casos de sarampión en el mundo, la detección de casos importados en el continente americano y el riesgo de que surjan brotes epidémicos en la región. Por ello recomendó intensificar la vacunación y la vigilancia epidemiológica en todos los países, para prevenir y detectar posibles casos que pudieran producir brotes, y mantener la preparación para ofrecer una respuesta rápida en caso de que surgieran.

Lo más triste es que no hace mucho, en septiembre de 2016, el continente americano había sido declarado por las organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud la primera región del mundo libre de sarampión, después de un esfuerzo continuo de 22 años, desde que en 1994 los países de América se comprometieron a terminar con esta enfermedad para comienzos del siglo xxi.

¿Cómo lo lograron? Por medio de programas intensos de vacunación para proteger al menos a 95 % de los niños, campañas permanentes de concientización y mecanismos de vigilancia para detectar casos aislados y brotes epidémicos. Desde luego, no bastaba con la declaración: había que mantener a las Américas libres de sarampión, evitando que llegaran casos importados y que, de llegar, el virus se propagara. Pero entonces, por desgracia, llegó el movimiento antivacunas.

En 1998 un artículo fraudulento, publicado por error en una prestigiosa revista médica, afirmó falsamente que la vacuna contra el sarampión podía causar autismo. Aunque fue retirado, el artículo detonó el actual movimiento antivacunas, que pese a carecer totalmente de pruebas sigue provocando que mucha gente, por un temor infundado, deje de vacunar a sus hijos. Hoy, las muertes por sarampión han aumentado en más de 40 % a nivel global, y ha habido brotes de sarampión en Estados Unidos y otros países de América debido a la falta de vacunación.

La triste lección es que la confianza que tenemos en la ciencia, ganada tras años de arduo trabajo, puede ser socavada gravemente en poco tiempo por la desinformación y los miedos conspirativos.

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