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02 de julio de 2022
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Ráfagas

No. 283

Las mayores amenazas a la biodiversidad

Sabemos que cerca de 27 % de las especies del mundo están en peligro de extinción. En un estudio realizado por el Foro Mundial para la Naturaleza (World Wildlife Fund) se midió el tamaño y distribución de 21000 poblaciones de vertebrados y se encontró que en medio siglo estas habían decrecido casi 68 % en promedio. Para planear las acciones de conservación más eficaces, unos investigadores de la Universidad de Salisbury en Maryland, Estados Unidos, analizaron bases de datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y la Lista Roja de Especies Amenazadas a fin de determinar la magnitud de las mayores amenazas a la biodiversidad del planeta. Eligieron 20748 especies sobre las cuales había suficiente información en la base de datos para evaluar la principal amenaza que las había puesto en peligro de extinción. El resultado fue que la destrucción del hábitat es la causa principal en 71.3 % de los casos, la sobreexplotación en 7.4 %, las especies invasoras en 6.8%, la contaminación en 4.7%, los cambios en el clima en 1.8 %. y otras causas en 8%. Es decir que la destrucción del hábitat es la principal causa de extinción de especies, mayor que las otras causas combinadas.

Pero no se trata solamente de que desaparezcan especies, también debe considerarse el impacto que esto tiene para el equilibrio, la productividad y el funcionamiento del ecosistema al que pertenecen y los genes que poseen. La pérdida pone en peligro el desarrollo sustentable del planeta y sus poblaciones humanas. Dada la gravedad de esta situación y el hecho de que contamos con recursos limitados, es necesario priorizar las causas y entender la mejor forma de enfrentarlas.

Un problema enorme es la explosión demográfica humana: la población se duplicó en los últimos 40 años y hoy ronda los 8000 millones, lo que significa una gigantesca presión en los ecosistemas naturales. El cambio en uso de suelo, en especial para la producción de alimentos, ha tenido el impacto negativo más grande en la pérdida de biodiversidad. Es necesario encontrar formas de aumentar el rendimiento de los cultivos y minimizar los impactos ambientales adversos.

El estudio, publicado en la revista Conservation Science and Practice en marzo pasado, ofrece varias soluciones posibles. Una es que, dado que la demanda de carne contribuye en gran medida a la tala de enormes extensiones de terreno, las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación del agua y la extracción de agua en los ecosistemas acuáticos, hay que considerar la posibilidad de sustituir la carne por proteínas de origen vegetal. Los autores también mencionan que algunas de las medidas que se están tomando para enfrentar el cambio climático pueden aumentar la destrucción de ecosistemas. Por ejemplo, la producción de biocombustibles puede requerir más espacio que otras formas de generación de energía, es menos eficiente y muchas veces utiliza espacios usados previamente en la producción de cultivos para consumo humano.

Estudiar los efectos secundarios de las vacunas

Científicos de 18 países de los cinco continentes emprendieron el proyecto Global Vaccine Data Network, una colaboración para estudiar la seguridad y efificacia de las vacunas utilizando datos epidemiológicos de poblaciones de todo el mundo. Los efectos adversos son extremadamente raros, por lo que se requiere información de poblaciones muy grandes para evaluarlos.

La idea de este proyecto surgió en 2009 con la pandemia ocasionada por el virus de la gripe AH1N1. Cuando la Organización Mundial de la Salud declaró una emergencia internacional de salud pública se inició una campaña de vacunación masiva. Fue entonces cuando Steven Black, del Hospital Pediátrico de Cincinatti, Estados Unidos, y Helen Petousis-Harris, de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, decidieron estudiar las respuestas inmunitarias que produjeron las vacunas. Pero necesitaban datos suficientes para llegar a conclusiones válidas acerca de la seguridad de las mismas.

Ha sido difícil conseguir fondos para el proyecto. Fue hasta abril de 2021, cuando ya se distribuían vacunas contra el virus SARS-CoV-2, que los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos aceptaron financiarlo.

Con la información de millones de personas vacunadas resguardada en los sistemas de salud de varios países se siguieron diversas líneas de investigación sobre los efectos secundarios de las vacunas. Uno de los objetivos principales es entender quién está en riesgo de padecerlos: qué enfermedades tienen o cuáles medicamentos toman. Una excelente noticia para tomar medidas preventivas en esta pandemia y otras que podrían surgir en el futuro.

Estrellas de mar en el Templo Mayor

Como parte del Proyecto Templo Mayor, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dieron a conocer el hallazgo de una de las más grandes y elaboradas ofrendas encontradas en el sitio, con elementos terrestres como un jaguar con un atlatl, arma usada para lanzar dardos, y cientos de organismos marinos: pedazos de coral, peces globo, conchas, caracoles y estrellas de mar.

La ofrenda tiene forma rectangular de 140 centímetros de largo por 90 de ancho, con paredes de tezontle. Se localiza en el Cuauhxicalco, una plataforma circular de 16 metros de diámetro y más de dos de altura en el costado sur del Templo Mayor. La plataforma está dedicada a Huitzilopochtli. Se construyó alrededor de 1500, época de transición entre los reinados de Ahuízotl y Moctezuma Xocoyotzin.

Los organismos marinos proceden de las dos costas: del Pacífico las estrellas de mar y del Atlántico los corales. El jaguar pudo provenir de la región maya, lo que ahora es Chiapas y Guatemala.

Se han contado 164 estrellas de mar. Para identificarlas los arqueólogos trabajaron con expertos del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, que las identificaron con la especie Nidorellia armata, conocida como cuerpo amarillo y manchas negras parecidas a los colores del jaguar. Esta especie vive en los arrecifes de coral de las costas cálidas del Pacífico, del Golfo de California hasta Perú.

En los años en que los mexicas elaboraban esta ofrenda, Hernán Cortés desembarcaba en las costas de Veracruz.

Las tasas de demencia más bajas del mundo

El mayor factor de riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer u otros tipos de demencia senil es la vejez, y la población mundial está envejeciendo. Se estima que para 2050 la cantidad de personas con estas demencias se va a triplicar hasta más de 150 millones. En Estados Unidos, la población mayor de 65 años que vive con algún tipo de demencia senil es de 11 %, de acuerdo con la Asociación Alzheimer.

Un estudio reciente reveló que cerca de 1 % de los humanos con menor incidencia de estas enfermedades pertenecen a los grupos tsimané y mosetenes, nativos de la Amazonia Boliviana. Los investigadores utilizaron imágenes de tomografía computarizada del cerebro, evaluaciones cognitivas y neurológicas y cuestionarios elaborados por un equipo local de traductores y médicos que trabajaban en la región, para diagnosticar la demencia o el deterioro cognitivo. Encontraron solo cinco personas entre los tsimanés y una en los mosetenes de más de 60 años. ¿Qué protege a los adultos mayores de estas comunidades?

Los 17000 tsimanés son una comunidad que vive de la pesca, la caza y la agricultura, así como de plantas que colectan del bosque. Los mosetenes también hacen trabajo agrícola de subsistencia, pero viven más cerca de poblaciones, los niños van a la escuela y tienen mayor acceso a servicios médicos. Pero las personas de ambos grupos se mantienen físicamente activas durante toda su vida.

Modificar nuestro estilo de vida a uno parecido al de épocas remotas es imposible, pero sabemos que una vida sedentaria, la contaminación del aire y las dietas ricas en azúcares y grasas contribuyen tanto a la aparición de enfermedades cardiacas como al deterioro cognitivo. Los resultados de esta investigación, publicados en la revista Alzheimer’s & Dementia, parecen confirmarlo.

¿Podrá salvarse la vaquita marina?

La vaquita marina es una marsopa que solo habita en las aguas del norte del Mar de Córtes, o Alto Golfo de California. Es también el único mamífero marino mexicano de la familia Phocoenidae, o marsopas verdaderas, que son los cetáceos más pequeños del mundo.

Esta especie se encuentra en peligro crítico de extinción. La población total, que en 1997 se calculaba en 570 individuos, ha disminuido a 10; la causa principal es la pesca incidental. Las vaquitas marinas caen en las redes de pescadores que buscan otra especie, la totoaba, un pez que también está en riesgo de extinción debido a la sobrepesca. Desde hace años se prohibió la pesca de la totoaba para intentar salvar a ambas especies; no obstante, esta práctica no se ha eliminado.

Muchos científicos y ambientalistas trabajan para salvar a la vaquita marina, pero la incógnita era si con tan pocos ejemplares la genética no jugaba en su contra. En poblaciones tan pequeñas es altamente probable que los ejemplares que quedan estén emparentados, lo que aumenta las probabilidades de transmitir mutaciones dañinas a la descendencia.

Un equipo de científicos de la Universidad de California realizó estudios genéticos en muestras de tejido de 20 vaquitas marinas que vivieron entre 1987 y 2017, y que se conservaban en condiciones de laboratorio. Descubrieron que de 12 especies de mamíferos marinos que analizaron genéticamente, las vaquitas tenían el menor número de mutaciones potencialmente dañinas. La razón es que la baja abundancia natural de las vaquitas les permitió eliminar gradualmente las variantes genéticas dañinas y han sobrevivido cientos de miles de años con una escasa diversidad genética.

De acuerdo con los resultados de este estudio, publicado en la revista Science, la vaquita marina podría sobrevivir si la pesca de totoaba se frena por completo.

 

Martha Duhne

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