1 de enero de 2026 1 / 01 / 2026

Ráfagas 326

Ráfagas

María Luisa Santillán

Ilustración: revista ¿Cómo ves?

Celular y excusado, una mala combinación

Traer el teléfono celular siempre con nosotros se ha vuelto una costumbre tan arraigada que hasta lo llevamos al baño, con posibles consecuencias perjudiciales para nuestra salud. Un estudio reciente, publicado en la revista plos One, destaca que permanecer mucho tiempo sentado en el excusado por mirar el celular puede asociarse con la aparición de hemorroides. Para este estudio se analizaron pacientes adultos que se sometieron a una colonoscopía en el Centro Médico Beth Israel Deaconess de Boston, Estados Unidos. Los participantes respondieron una encuesta sobre sus hábitos de baño y uso de celular, su ingesta de fibra, actividad física, esfuerzo y otras variables. El estudio encontró que la principal actividad que realiza una persona en su celular mientras está en el baño es ver noticias o redes sociales.

Esta práctica se asoció con un aumento de 46 % en el riesgo de padecer hemorroides; los usuarios de teléfonos tuvieron el quíntuple de probabilidades de sentarse más de cinco minutos en el sanitario. En el estudio también se encontró que las personas más jóvenes eran más propensas a tener este hábito, que los hombres pasan más minutos en el inodoro que las mujeres y que los usuarios de teléfonos inteligentes en el baño hacen menos ejercicio por semana que quienes no tienen uno.

Celular y excusado, una mala combinaciónBurhan Bunardi/Shutterstock

Estudian relación entre salud mental y desigualdad económica

La desigualdad económica en una sociedad está relacionada con cambios estructurales en el cerebro de los niños y con problemas de salud mental durante su adolescencia, según un estudio encabezado por la Escuela de Medicina de Harvard y el Instituto de Psicología, Psiquiatría y Neurociencia del King’s College de Londres. Para realizar esta investigación se usaron datos del Estudio sobre el Desarrollo Cognitivo del Cerebro Adolescente, cuyo objetivo es explorar, a través de técnicas de neuroimagen, el desarrollo psicológico y neurobiológico de los niños en Estados Unidos. Se analizó un banco de neuroimágenes de más de 10 mil niños de entre 9 y 10 años, en las cuales se estudió el grosor de la corteza, el área total del cerebro y la conectividad funcional entre redes cerebrales.

La investigación, publicada en la revista Nature Mental Health, destaca que los jóvenes que viven en sitios con mayor desigualdad de ingresos tienen menor superficie y grosor en grandes regiones de los lóbulos frontal, parietal, temporal y occipital. Estas áreas están relacionadas con la función ejecutiva, la regulación de las emociones, el procesamiento de la recompensa, la atención y la integración sensorial, el procesamiento socioemocional y el procesamiento visual. Además, encontraron que hay alteraciones en las conexiones entre múltiples redes cerebrales. El estudio sugiere que la desigualdad, por su parte, altera el entorno social: produce bajos niveles de confianza y altos niveles de comparación social, y puede ocasionar altos niveles de estrés. Los investigadores subrayan la necesidad de crear políticas enfocadas en reducir la desigualdad y fortalecer la cohesión social con el fin de disminuir sus impactos neurobiológicos y en la salud mental.

Estudian relación entre salud mental y desigualdad económicastephen reich/Shutterstock

Primeros animales en la Tierra pudieron haber sido las esponjas marinas

Un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (mit) ha descubierto fósiles químicos en rocas de más de 541 millones de años de antigüedad que sugieren que los antepasados de las esponjas marinas modernas podrían haber sido los primeros animales en habitar la Tierra. Un fósil químico —como el que analizaron en este estudio— está conformado por moléculas de organismos vivos que quedaron enterradas bajo sedimentos y se transformaron a lo largo de millones de años. Los investigadores buscaron estos fósiles en rocas extraídas de núcleos de perforación y afloramientos en Omán, el oeste de la India y Siberia, y encontraron en ellos compuestos conocidos como esteranos, cuya presencia indica la existencia de los esteroles que se encuentran en todos los eucariontes (como plantas y animales).

En 2009 este mismo equipo de investigación ya había reportado la existencia de esteroles formados por 30 átomos de carbono (C30) en rocas antiguas y destacó que quizá derivaban de antiguas esponjas marinas, aunque otras investigaciones sugerían que podrían haberse formado por procesos geológicos. La reciente investigación, publicada en la revista pnas, identificó un nuevo fósil químico en las rocas, esta vez con 31 átomos de carbono (C31). Buscaron estos mismos compuestos en las esponjas marinas actuales y los encontraron; en añadidura, sus simulaciones en laboratorio demostraron que los esteranos encontrados en las rocas antiguas sí fueron producidos por organismos vivos y no por procesos geológicos.

Primeros animales en la Tierra pudieron haber sido las esponjas marinasJohn A. Anderson/Shutterstock

Mordida en riesgo

Las emisiones de dióxido de carbono producto de la actividad humana disminuyen el pH del agua marina, que en la actualidad es de 8.1 y que para 2300 podría bajar a 7.3, con graves consecuencias para los organismos marinos, entre ellos los tiburones. Una investigación reciente destaca que entornos más ácidos debilitarían sus dientes y los harían propensos a romperse, con la consiguiente pérdida en su eficacia como depredadores. Este trabajo fue encabezado por la Universidad Heinrich Heine de Düsseldorf, en Alemania, y publicado en la revista Frontiers in Marine Science.

El estudio destaca que todos los tiburones mudan los dientes continuamente, de modo que analizaron dientes que perdieron de forma natural tiburones de arrecife de punta negra (Carcharhinus melanopterus) en cautiverio en el acuario Sealife Oberhausen. Los dientes recolectados fueron colocados en recipientes con agua de pH igual al de los océanos actuales y al del esperado en 2300. Al cabo de ocho semanas los analizaron con microscopía electrónica de barrido y notaron que los que estuvieron sometidos al pH menor sufrieron daño en las raíces y las coronas, aparición de grietas o agujeros y cambios en la morfología de la superficie, que se volvió más irregular. Todo esto debilita los dientes y los hace susceptibles de romperse.

Mordida en riesgoTanapipat Wongpinkaew/Shutterstock

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