Soy 327
Dos químicos que juegan
Antonio y Miguel Reina Tapia
Fotos cortesía de la autora
Dos químicos que juegan
Crecimos en un núcleo familiar pequeño pero muy fuerte. Siempre hicimos deporte y nos gustaba la escuela. Tuvimos la gran suerte de que la abuela vivera en el mismo edificio que nosotros y que la escuela y el club estaban a pie. Crecimos en un ambiente muy tranquilo y muy arropados por la familia. Siempre fuimos muy unidos; nos enseñaron a jugar juntos desde chicos. Obvio, peleábamos como cualquier par de hermanos, pero igual de rápido nos contentábamos.
Fuimos al Liceo Franco Mexicano, y tal vez fue clave para generar espíritu crítico y capacidad de abstracción, y también para aprender a lidiar con la frustración. El sistema educativo francés es muy duro, pero también excelente. Esto fue esencial para llegar a la unam, pues ya sabíamos trabajar de manera autónoma y apreciábamos el hecho de aprender.
Antonio
Yo estudié la rama científica en la prepa. Siempre he sido muy ñoño. Me decidí por la química, pues incluye física y matemáticas, que me encantan. Los experimentos son lo más divertido, y bueno, Miguel ya estaba en química.
También me hubiera encantado ser astrónomo; en mi clase de química inorgánica me encanta contarles a los alumnos la breve historia del Universo y el origen de los elementos químicos. Si hubiera sabido dibujar, tal vez arquitectura, pero sólo puedo dibujar cubos.
Cuando éramos niños nos encantaba jugar Adivina quién. Echábamos torneos uno tras otro, Miguel contra mí, y era genial. En esa época también nos pasábamos horas dándonos pases de frisbi. En realidad siempre hemos jugado juntos.
Siempre he leído. Durante el semestre apenas tomo un libro y me quedo dormido, pero en las vacaciones leo dos o tres de sopetón. Ahora estoy leyendo la saga Fundación, de Asimov, pero en general me encantan las novelas policiacas. La saga del inspector Chen Cao en Shanghái o Wallander en Escandinavia son de mis preferidas. Disfruto mucho ir al cine; seguido vamos juntos a la Cineteca de Coyoacán los domingos en la tarde. No soy tanto de escuchar música en casa, pero sí me gusta ir a conciertos y festivales. Ahí se ve quiénes son buenos músicos de a de veras.
También me gusta nadar y jugar futbol y algunos videojuegos. Pero mi hobby preferido es pasear por la ciudad; de esos paseos con Miguel surgen algunas de nuestras mejores ideas.
En una de esas tardes pandémicas todas iguales, al dar un paseo por Coyoacán, se nos ocurrió hacer un juego de química en modo Adivina quién que daría lugar a una serie. Entonces no lo imaginamos, pero gracias a ese juego conocimos a Hervé This, profesor emérito de la Universidad de París-Saclay, con quien hemos colaborado en trabajos de educación química acerca de la terminología de las palabras y de nuevas formas de escribir las fórmulas químicas para entender mejor cómo se estructuran las sustancias.
Estudiar con mi hermano es lo máximo. Aún nos peleamos, pero rápido nos contentamos y volvemos a la carga. Nos titulamos de la licenciatura el mismo día, 16 de enero, con un año de diferencia. Luego seguimos los estudios, cada quien por su lado, pero ambos nos graduamos del doctorado en octubre de 2017. Coincidimos en el postdoc en Lyon, y ambos regresamos a la Facultad de Química. En febrero de 2021 Miguel fue nombrado profesor de carrera en el Departamento de Química Inorgánica y Nuclear, y un año después yo también me integré.
Tenemos personalidades completamente distintas, y esa es una de las razones por las que somos mejores amigos.
Antonio con Timmy
Miguel
Creo que a los 17 o 18 años, cuando uno tiene que elegir, es muy difícil atinar. Es quizá la primera decisión adulta, y elegir una cosa implica dejar otras. Siempre he tenido muchos intereses, así que creo que estudiar química tampoco define quién soy. Eso sí, me encantaba el ambiente frenético y de mucho estudio de la Facultad. Me enseñó muchas cosas de las que estoy muy agradecido.
Me hubiera gustado mucho estudiar arquitectura. La arquitectura concibe espacios para ser habitados, se preocupa por el diseño, las formas, los espacios, los entornos y los materiales. Me encanta pensar que la luz o el espacio vacío también son texturas interesantes, y creo que los grandes arquitectos son poetas.
Me encanta el cine; voy siempre que puedo. Se apaga la luz y entras a un mundo donde todo puede pasar; es mágico. Me gustan las películas de intrigas políticas y espías o cosas del espacio. Me encanta ir a la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario a ver danza contemporánea. Mi banda favorita es Depeche Mode y autores latinoamericanos como Borges.
También me encanta nadar. Lo hago desde niño, pero para competir se requiere mucha disciplina, sacrificio y resiliencia. Disfruto mucho de dormir la siesta. Todos los días trato de dormir media hora después de comer. Da mucha energía, claridad y buen humor.
De niño me maravillaba el juego ¿Quién es el culpable?, en particular por el tablero, los personajes y los objetos del juego, como el candelabro. Los juegos de lógica me divierten, como el sudoku o Mastermind, que requieren concentración y agilidad mental. Creo que lo que más influyó para hacer los juegos es que jugando siempre hemos competido mucho, en el mejor sentido de la palabra.
Dedicarme a lo mismo que mi hermano es lo máximo, como si nunca hubiéramos salido del recreo de la secundaria. Saber que Antonio está en algún lugar cerca me alegra mucho. De estudiantes era divertido; hicimos muchos amigos, algunos comunes. Siempre había risas y nos la pasábamos en el despapaye, aunque para estudiar éramos muy serios. Ahora me divierte tomar el café de la mañana en el laboratorio y platicar de cualquier cosa. A veces hay estudiantes y platicamos con ellos. Creo que preguntarles a los más jóvenes sus opiniones o escucharlos fortalece el sentido de comunidad, así que lo hago con interés.
Miguel en su cubículo en la unam












