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16 de octubre de 2018
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Aquí estamos

No. 102 ¿Cine o droga?

El viernes pasado fui al cine a averiguar por qué hablaban tanto de la película 300, como si nunca antes se hubiera filmado una guerra. Este filme trata de la Batalla de las Termópilas, en la que los espartanos se enfrentaron a los persas. Debía tener algo extraordinario, para que le hayan hecho tanto revuelo. ¿Habría más sangre de lo normal? ¿Mujeres más sensuales, o armas más mortíferas, hombres más poderosos de los que se habían mostrado hasta ahora?

¡Pues claro que los había! Pero el verdadero atractivo de la película reside en otra cosa. Aunque me dé un poco de pena confesarlo, tengo que admitir que, mientras la veía, me descubrí pensando: "¡Oh sí! ¡qué poderosa me siento en este momento!" No se burlen, ¡no era la única! La prueba está en las caras que ponían mis vecinos espectadores, revelando la misma emoción. Era tan fuerte, que habría jurado que estaban bajo el efecto de alguna sustancia psicotrópica. Fue muy chistoso ver cómo la misma marabunta de chicos que habían entrado a la sala cabizbajos y jorobados, como somos la mayoría de los adolescentes, salían con el pecho en alto y caminando de manera heroica, como diciendo: " Y ahora, compañeros, tiraré el refresco en la basura, aunque sea lo último que haga. ¡Y nadie podrá detenerme!"

¿Cómo logra el cine semejante transformación? Aquí va la explicación científica: estímulos diversos, como la velocidad con la que transcurren las imágenes, la intensidad de la luz, los colores, o la música (sobre todo su ritmo) llegan al hipotálamo, la parte del cerebro en la que se desencadenan las emociones y sentimientos. Éste puede liberar (entre muchas otras cosas) unas hormonas llamadas endorfinas, que te provocan una sensación de bienestar, u ordenar una mayor producción de adrenalina, la hormona que te hace sentir vivo o pone alerta frente a los peligros.

Pero ¿de dónde viene esa sensación de poder?: de las trompetas en crescendo, de las caras de los actores, de la posición de la cámara. La adrenalina en la sangre puede producir miedo, poder, angustia, agresividad o euforia, eso ya depende de la destreza del director. El problema está, sobre todo, en el abuso de estas técnicas. Creo que el arte siempre ha sido un poco así, te transmite sensaciones, te hace viajar a otros mundos; sí, el arte es una especie de droga. Pero creo que últimamente una corriente de cineastas ha decidido explotar sus creaciones mucho más en ese sentido. Antes, las películas eran sobre todo una historia, y a través de ella se iban deslizando varias emociones. Ahora es un poco al revés: vas al cine para que te bombardeen de estímulos, para que llores, rías y sufras; y hay una historia detrás de todas esas sensaciones, que le da cierta lógica a tanto zarandeo.

¿Sufres de baja autoestima? ¿Quieres sentir cómo es tener el mundo entre tus manos? Vé a ver 300. Es menos dañino que tomarse un psicotrópico. O tal vez no tanto... Físicamente sí; pero, entre todo ese alboroto, hay que ser conscientes de que existen muchos mensajes no tan "saludables". Es fácil que te den un par de bofetadas, que te dejen medio atolondra- do, y hacer que te tragues cualquier cosa que te digan. O qué, ¿realmente te parece que los musculosos e invencibles espartanos de 300 no tienen nada que ver con los gringos?

Julia Piastro García
Estudiante, Liceo Franco-Mexicano

 

Julia Plastro García

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