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20 de enero de 2018
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Aquí estamos

No. 107 Soñar no cuesta nada, pero no dormir puede salirte caro

Vivir sin dormir sería maravilloso. Seríamos felices si pudiésemos realizar nuestros deberes de noche sin sentirnos fatigados ni somnolientos, salir de reventón desde el jueves hasta el domingo y luego llegar el lunes a la escuela sin el menor síntoma de fatiga. Sin embargo, aunque soñar no cuesta nada, dejar de dormir sí cuesta, y mucho.

Hoy en día el sueño se considera más como una incómoda suspensión de actividades que un mecanismo fundamental y complejo que nos prepara para responder a los retos cotidianos. Si bien es un estado de reposo físico, también lo es de intensa actividad neuronal, la cual podemos estudiar como patrones de actividad eléctrica. De este modo, se ha caracterizado al sueño en dos estados: el sueño de movimientos oculares rápidos (MOR), con una actividad eléctrica intensa, y el sueño de ondas lentas (SOL). Estos dos estados se alternan mientras dormimos (hasta cinco ciclos SOL-MOR cada noche) y cada uno, al parecer, cumple funciones distintas.

Se sabe que el sueño lo regulan dos mecanismos complejos que se encuentran en oposición. El primero es el circadiano (vocablo que proviene de una palabra que significa cercano al día), que se encarga de decirnos cuándo despertar. Este mecanismo es un reloj interno que ajusta nuestras actividades fisiológicas y conductuales al ciclo de luz y oscuridad. El reloj principal en seres humanos se compone físicamente de un grupo de neuronas del hipotálamo, conocidas como núcleo supraquiasmático (NSQ). Estas neuronas coordinan distintas funciones cíclicas del cuerpo, además de preparar al organismo para realizar adecuadamente sus funciones durante el día.

El segundo mecanismo de regulación del sueño es el homeostático, que se encarga de generar un aumento en el deseo de dormir, de acuerdo con el tiempo que lleva despierta una persona. Este mecanismo se localiza en una región del cerebro, situada en el hipotálamo, llamada área preóptica ventrolateral, la cual libera neurotransmisores causantes del sueño SOL.

Cuando una persona lleva un buen rato dormida, el mecanismo circadiano anticipa la llegada de un nuevo día e incita el despertar. La melatonina es una sustancia que participa en la regulación del sueño. La liberación de esta hormona se encuentra regulada por el NSQ, que la utiliza para ajustar el proceso de dormir. La melatonina se libera cuando la luz del día comienza a disminuir y se acumula durante la noche; al llegar el día siguiente, la melatonina, que es muy sensible a la luz, desaparece.

Desde el punto de vista fisiológico, el sueño es un proceso complejo. Una de sus funciones es consolidar la memoria y el aprendizaje. Por eso una persona que no duerme lo suficiente es incapaz de recordar tareas simples. Su estado de alerta se reduce. También se ve comprometida su integridad emocional, ya que es más propensa a conductas depresivas. Otro factor relacionado con el sueño es la función inmunitaria. Cuando duermes poco también bajan las defensas de tu organismo. Por si fuera poco, la falta de sueño provoca un estado de estrés que acarrea problemas gastrointestinales, de pérdida de peso y del sistema nervioso.

La próxima vez que quieras salir de fiesta, procura primero consultarlo con la almohada.

Diego Hernández Muciño
Pasante de la carrera de biología
Facultad de Ciencias, UNAM

 

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