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14 de diciembre de 2018
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Aquí estamos

No. 7 ¿Quién se equivocó?

Tengo 18 años y he vivido prácticamente toda mi vida con la televisión; para mí no fue sorprendente el uso de la computadora, ni de la realidad virtual y tampoco todo lo digital. No me sorprende grandemente que se haga una clonación (me han contado el escándalo que generó el primer bebé de probeta) o que mañana nos dijeran que sí hay vida en Marte. Supongo que en esa falta de sorpresa tiene mucho que ver lo que vemos en el cine y la televisión: no sólo que cada vez nos acostumbramos más a la violencia, a la impunidad, sino a muchas otras cosas que pueden ser positivas. Yo puedo ya conocer lugares que seguramente jamás visitaré, a través del cable o de un satélite que no sé qué país ni cómo puso en órbita; puedo enterarme del clima que hay en ciudades inalcanzables y hasta aprender sobre formas de vida totalmente ajenas a la mía. Pero, ¿cuántos chavos pueden hacerlo? Por supuesto, seguramente somos muy distintos a los jóvenes que esperaban ansiosos, hace un siglo, la llegada del siglo XX, pero quizás con todo y ciencia y tecnología, clonación, comunicación planetaria y carrera nuclear nuestro futuro sea igual de incierto.

¿Qué va a pasar en el año 2000?, y más que en el 2000, ¿en los próximos años? ¿Se puede planear un poco, aunque sea un poco, el futuro para que no ocurra lo que imaginaron los escritores de ciencia ficción o los guionistas de muchas películas?

Hace muchos años, bueno no muchos, imaginaba la llegada del año 2000 en una forma totalmente diferente a como lo estoy viendo ahora, a sólo un año del “fatal” suceso. Si mi memoria no falla, los cuentos de ciencia ficción y las películas que se ubicaban en el año 2000 pintaban un panorama muy diferente al que estamos viviendo ahora. Algunos extremistas imaginaban desde enormes y organizadas ciudades en las que viviríamos rodeados de robots, hasta lugares desolados en donde reinaba la deshumanización (niños producidos en serie); o que había ya estallado la última y más moderna bomba atómica.

Otras películas y textos eran menos dramáticos y hasta divertidos: autos provistos de propulsores que se desplazarían de un lugar a otro (tipo los Supersónicos) compartiendo el espacio con pequeñas y acondicionadas naves, que harían viajes cotidianos a la Luna y a Marte. Algunos, muy pocos, presentaban sociedades estables en las que todos tendríamos satisfechas nuestras necesidades: no habría lanzallamas en las calles, ni niños limpiando parabrisas y haciendo acrobacias para poder comer.

¿Se equivocaron quienes escribieron esas historias?, ¿se olvidaron de que los seres humanos avanzamos lentamente aunque la ciencia y la tecnología lo hagan rápidamente?, ¿que el desarrollo científico y tecnológico no implica necesariamente, y por desgracia, que todos vivamos mejor?

María Jiménez Arellano
Guadalajara, Jalisco

 

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