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15 de diciembre de 2017
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Suicidio: jóvenes en riesgo
Ilustraciones: Gina Reyes Coria / Fotos: Shutterstock

Suicidio: jóvenes en riesgo

Guillermo Cárdenas Guzmán

En México este problema de salud pública es más frecuente entre personas de 15 a 29 años y ha ido en aumento. ¿Qué se puede hacer para prevenirlo?

La idea de quitarse la vida rondó la mente de José Luis desde que comenzó su carrera en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional. Un día, en un receso entre clases y asomado desde el barandal del segundo piso en uno de los edificios, preguntó a otro estudiante si arrojándose desde ahí moriría.

“¡Seguro que sí, pero te romperías los huesos y te dolería mucho!”, le respondió su compañero. A José Luis le habían diagnosticado previamente esquizofrenia y depresión, pero gracias a los fármacos que le recetó el psiquiatra pudo hacer una vida relativamente normal y proseguir con sus estudios de licenciatura en biología.

Sin embargo, constantemente enfrentaba situaciones de gran tensión, pues por ese tiempo sus padres comenzaron el proceso de divorcio, mientras en la escuela lo acosaban por su carácter reservado y su falta de interés por tener novia o amigos.

No pudo soportar la presión y hacia el tercer semestre desertó de la carrera y consiguió un trabajo como dependiente en un mini súper. Aunque aportaba dinero a su hogar, sus papás estaban muy disgustados y le pedían que regresara a la escuela. José Luis se sentía incomprendido. Un día, en medio de una larga discusión con ellos, amenazó con arrojarse por la ventana desde su recámara en el primer piso, aunque al final lograron detenerlo.

En el siguiente intento no avisó a nadie y casi logró matarse tras ingerir de un solo golpe tres envases de sus medicamentos. Al ver que no salía de su habitación, sus padres entraron y lo hallaron tendido sobre la cama, prácticamente en estado de coma. Conmocionados por la amarga sorpresa, lo llevaron en el asiento trasero del auto hasta el hospital más cercano.

La intervención médica de emergencia le salvó la vida. Los enfermeros y sus padres le preguntaron por qué lo hizo. Le hicieron ver que muchos suicidas no consiguen su objetivo, pero quedan gravemente incapacitados y con una dependencia absoluta de otras personas. José Luis, que sólo buscaba escapar del sufrimiento, comprendió que era muy afortunado de conservar la vida y el apoyo de sus seres queridos. Muchos jóvenes en situaciones de crisis similares no han tenido la misma suerte.

SUICIDIO: CIFRAS Y DATOS

Mito Realidad
Quien desea matarse no lo expresa, simplemente actúa. 9 de cada 10 suicidas manifiestan sus intenciones mortales a través de gestos, palabras o cambios de conducta.
Muchas personas sólo pretenden chantajear al revelar sus intenciones suicidas. Por lo regular han buscado formas de adaptarse a su entorno, pero atraviesan momentos de crisis cuando sienten que fallaron.
Quienes se suicidan o lo intentan padecen trastornos mentales. No todos los suicidas tienen transtornos mentales, ni todos aquellos que los sufren optarán por quitarse la vida.
Quien realmente desea quitarse la vida no se anda por las ramas y usa métodos efectivos. Es difícil determinar la intencionalidad del acto, por eso se considera como suicida toda conducta autodestructiva.
Cuando interviene una persona sin preparación médica o psicológica sólo agrava la situación. En la prevención del riesgo pueden participar amigos, familiares y conocidos para brindar apoyo emocional.
Hablar sobre suicidio puede incitar a algunas personas a cometerlo. El silencio no ayuda. Dialogar sobre el tema puede reducir el riesgo y motivar al individuo a buscar otras alternativas
  • 2a causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años de edad a nivel mundial.
  • Alrededor de 800 000 personas cometen suicidio cada año. 1 muerte cada 40 segundos.
  • Muertes violentas en el mundo 57% son suicidios, 43% guerras y homicidios.
  • Tasa media mundial 11.4 suicidios* En 2014, en México 6.5 suicidios* *Por cada 100 000 habitantes.
  • 40% de los suicidios que se registraron en México en 2014 fueron de jóvenes de15 a 29 años.

Fuentes: Organización Mundial de la Salud (OMS); Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI); Consejo Nacional de Población (CONAPO); Asociación Mexicana de Suicidología.

Vulnerabilidad peligrosa

La Organización Mundial de Salud (OMS) estima que alrededor de 800 000 personas cometen suicidio cada año: esto equivale a una muerte cada 40 segundos por esta causa. Las tasas más elevadas se dan en los países del sureste de Asia, donde se registran 17.7 suicidios por cada 100 000 habitantes, cifra muy por encima de la media mundial de 11.4.

Los suicidios representan el 57 % de las muertes violentas en el mundo, mientras el porcentaje restante, es decir, el 43 %, corresponde al total de decesos por guerras y homicidios en contextos no bélicos. Por estas razones y para enfatizar la necesidad de prevenirlo, la OMS conmemora el Día Internacional para la Prevención del Suicidio cada 10 de septiembre.

En México, el fenómeno ha tenido un crecimiento alarmante durante las últimas décadas, en especial entre los adolescentes. En este segmento de la población representa la tercera causa de mortalidad, sólo detrás de las defunciones por accidentes automovilísticos y lesiones con armas de fuego.

Aunque las tasas de suicidio en el país están por debajo de la media mundial, los especialistas advierten que mientras en la década de los 90 se registraban dos muertes por cada 100 000 habitantes por esta causa, hacia el año 2014 la cifra alcanzó 6.5 casos por cada 100 000 habitantes.

¿Por qué un joven cuya vida apenas comienza piensa en ponerle fin? ¿Qué situaciones hacen especialmente vulnerable a este sector de la población? No hay una respuesta general a estas preguntas, dada la diversidad de factores biológicos, sociales, demográficos, económicos y ambientales que intervienen.

Paulina Arenas Landgrave, catedrática e investigadora de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica que durante esta etapa vital los jóvenes enfrentan grandes retos que dificultan su adaptación al entorno familiar, escolar y social. En estas condiciones se exponen a circunstancias generadoras de estrés que al violencia, acoso o familias disfuncionales, pueden llevarlos a conductas suicidas.

Quetzalcóatl Hernández Cervantes, académico del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Iberoamericana Puebla, señala que la identidad se va forjando desde el nacimiento, pero en la adolescencia ésta se pone a prueba, pues el individuo comienza a interactuar con más personas de fuera de su entorno familiar. Al hacerlo se expone a situaciones de tensión, angustia o frustración que muchas veces no sabe cómo afrontar. “Justamente en esta etapa del desarrollo va probando cómo manejar sus relaciones interpersonales fuera de las que tiene con los hermanos, los papás o la familia extensa”, dice Hernández, quien es miembro fundador de la Asociación Mexicana de Suicidología.

Norma Coffin Cabrera, profesora de psicología clínica de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM, explica que la adolescencia, descrita por algunos autores como “remolino emocional”, es una etapa de transformaciones que implica experiencias nuevas; los jóvenes se debaten entre lo que imaginan como la libertad del mundo adulto y la protección parental: “Su afán de individualismo es tan grande, que a menudo confunden la independencia de pensamiento con la aceptación sin límites de ideas que pueden llegar a ser muy perjudiciales. Esto los hace sumamente vulnerables”.

13 Razones, una serie polémica

El éxito mundial de la serie de Netflix 13 razones, que se estrenó a principios de este año y cuya trama describe los motivos de una estudiante de preparatoria para suicidarse, ha provocado controversia.

Para contribuir al debate un equipo de científicos en Estados Unidos comparó la cantidad de búsquedas en internet relacionadas con el suicidio que se registraron en ese país después del estreno de la serie con las que se habrían esperado en caso no se hubiera difundido. El equipo, dirigido por John W. Ayers, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Estatal de San Diego, California, utilizó la herramienta Google Trends así como un algoritmo llamado ARIMA. Los científicos encontraron que en los 19 días posteriores al lanzamiento de la serie, las búsquedas sobre suicidio en la red mostraron un aumento acumulado de 19%, lo que representa de 900000 a 1.5 millones más de lo esperado. Y en 12 de esos 19 días, el aumento fue de 15 a 44%. Si bien parte de esas búsquedas eran sobre información para prevenir conductas suicidas, la mayoría se enfocaron en cómo quitarse la vida.

Por otra parte, varios psiquiatras entrevistados por el diario The Washington Post, dijeron haber tenido casos de adolescentes en riesgo de suicidarse que mencionaron la serie 13 razones. El mismo diario reporta que la Asociación Nacional de Psicólogos Escolares de ese país emitió una alerta para que los niños y jóvenes de los que se sabe tienen pensamientos suicidas no vean la serie.

Dicho y hecho

En esa etapa turbulenta, en la que muchos jóvenes sienten frustración, angustia y desesperanza ante problemas con los que no pueden lidiar, algunas veces la “puerta falsa” es vista como alternativa: primero como una idea difusa (etapa de ideación suicida) y después como la única salida (plan y ejecución del suicidio). Esta problemática es expuesta en la controvertida serie 13 razones, uno de los últimos éxitos de Netflix. La trama, basada en una novela de Jay Asher, gira en torno a la estudiante Hannah Baker, quien decide quitarse la vida tras sufrir constantes acosos y fracasos en la preparatoria.

Antes de morir la joven deja testimonio de las 13 razones que la llevaron al suicidio en audiocassettes que coloca en una caja de zapatos, los cuales finalmente llegan a manos de su mejor amigo, Clay Hensen. En las grabaciones Hannah describe los conflictos personales que la hundieron en una crisis emocional de la que ya no pudo salir. En la vida real las causas del suicidio son más complejas, pues se entrelazan elementos de la historia personal y el entorno social del individuo.

Desde luego la presencia de trastornos mentales influye en la conducta de quien los padece y puede aumentar su riesgo de suicidio, como le ocurrió a José Luis. Sin embargo, dice Quetzalcóatl Hernández, la dificultad no es la enfermedad en sí, sino la manera en que la vive cada paciente.

Por su parte, Norma Coffin refiere que “algunos estudios han encontrado que los trastornos mentales y de adicción son los factores de riesgo más poderosos para la conducta e ideación suicida en todos los grupos de edad y están presentes en arriba del 90 % de los suicidios completados”.

La Asociación Canadiense de Salud Mental describe que las principales enfermedades ligadas al suicidio son la depresión, la esquizofrenia y el trastorno bipolar (véase ¿Cómo ves? Nos. 103 y 135), aunque también se relaciona con la depresión posparto, los desórdenes alimenticios, el estrés postraumático y el abuso del alcohol y otras drogas.

María Elena Medina Mora, directora del Instituto Nacional de Psiquiatría de la Secretaría de Salud, plantea que además de los factores genéticos y biológicos, problemas como el desempleo, las crisis económicas, el aislamiento y los periodos prolongados de duelo hacen a las personas más proclives a pensar en el suicidio. “Diferentes estudios nos hablan de que hay un efecto multiplicador [del intento suicida] ligado con el abuso de sustancias, los problemas de conducta y la depresión”, señaló la especialista durante la conferencia “Suicidio: ¿un problema de salud pública?”, que impartió en octubre de 2016 en el Colegio Nacional.

Otro factor asociado con el suicidio en sus diferentes etapas es la exposición a sucesos violentos. Una encuesta de epidemiología psiquiátrica publicada por Medina Mora en 2010 en colaboración con Gilherme Borges y Corina Benjet, muestra que cuando un joven ha sufrido abuso sexual su riesgo de intentar suicidarse aumenta en un 4.5 %. Esta tasa es de 4.8 % cuando ha sido golpeado por su pareja, atracado o amenazado con un arma.

LÍNEA DE ATENCIÓN PSICOLÓGICA (01 55) 5622 2288

La línea de Atención Psicológica Call Center UNAM es un servicio de atención psicológica por teléfono perteneciente al Programa de Intervención en Crisis, de la Facultad de Psicología de la UNAM. Este servicio es gratuito y para público en general. Da atención psicológica breve y de emergencia a personas en situación de crisis.

http://callcenterunam.com

Familias devastadas

Las dinámicas familiares desempeñan un papel preponderante en el origen de las conductas suicidas pues, como afirma Norma Coffin, los adolescentes con estas tendencias por lo general viven en un hogar desorganizado, con padres separados o ausentes, y con frecuencia padecen problemas emocionales. En tales situaciones se sienten rechazados y son a quienes suele culparse de los problemas.

Una vez consumado el acto suicida, el daño se hace extensivo a los amigos y familiares más cercanos de la víctima, quienes además de soportar las críticas y la estigmatización social (pues no se trata de una muerte común) deben batallar con el vacío y el dolor emocional por la pérdida, muchas veces sin recibir ninguna atención médica o psicológica.

José Antonio García India, psiquiatra de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, Colombia, dice que “la muerte de un ser querido es el precio que uno paga por amar, y es más alto el precio cuando la muerte es consecuencia de un acto suicida”.

“De todas las muertes el suicidio es la que con mayor intensidad pone en cuestión la funcionalidad de una familia e incrementa el riesgo de dificultades para la elaboración del duelo”, escribe el experto en el artículo “Familia, suicidio y duelo”, publicado en la Revista Colombiana de Psiquiatría.

Las familias que han estado expuestas a un dolor de ese tipo, dice García India, tienen más probabilidades de presentar desestructuración, desorganización y problemas emocionales como ansiedad y depresión, en tanto la muerte repentina del ser querido se vive como un ataque que afecta toda su estructura y organización.

Si bien el nivel de conmoción es diferente en cada núcleo familiar, en general el suicidio de un individuo afecta a un amplio número de personas cercanas a él, que alojan sentimientos de dolor, miedo, rechazo, enojo, abandono y culpa que los conducen a hacerse preguntas del tipo: ¿por qué nos hizo esto?, ¿cómo pudimos evitarlo?, ¿qué pensarán de nosotros los demás?

En tales circunstancias es importante que los afectados reciban orientación, asesoría o, si lo amerita el caso, la intervención de un terapeuta especializado para que puedan procesar el duelo, hablar del tema y liberarse de los sentimientos de culpa.

Tragedia prevenible

Medina Mora y sus colaboradores también encontraron que el tránsito de la ideación al plan suicida fue más frecuente entre quienes reportaron haber estado en una zona de terror o desastre.

La especialista destaca que el suicidio puede evitarse a través de medidas como control de armas, programas de prevención de adicciones —señaladamente el abuso del alcohol— y trabajo social con los adolescentes cuando empiezan a establecer sus relaciones interpersonales para brindarles herramientas contra el acoso.

Paulina Arenas apunta que a pesar de haber crecido en un entorno adverso y violento, con factores de riesgo como familias disfuncionales o padres con un trastorno mental, muchos jóvenes han logrado adaptarse y superar sus retos. Por ello hace énfasis en la necesidad de prevenir el suicidio mediante la construcción de redes afectivas a escala familiar y comunitaria en las que se fomente el diálogo y la cercanía física.

Quetzalcóatl Hernández menciona por su parte que en México existen instrumentos y programas para identificar de manera temprana a los adolescentes en riesgo de suicidio; el problema —advierte— es llevarlos a la práctica, pues tendrían que formar parte de una estrategia integral y permanente a nivel nacional, como ocurre en otros países. Cita los ejemplos del Reino Unido, Nueva Zelanda y Australia, donde se han formado redes de apoyo en las que participan los actores que tienen que ver con el tema: asociaciones civiles, padres de familia, especialistas e instituciones de salud. “Como ocurre con el cáncer, no es nada fácil, pero tenemos que detectar anticipadamente problemas escolares o con la familia, mal manejo del estrés o falta de habilidades de comunicación. En México tenemos la suficiente investigación para hacerlo, pero hace falta coordinar los esfuerzos”.

Paralelamente, estos esfuerzos deben completarse con medidas para eliminar las barreras de acceso al tratamiento (en el país sólo existe un hospital pediátrico con atención especializada para casos de suicidio) y luchar contra el estigma y la criminalización del tema.

“Los factores de riesgo suicida pueden estar presentes en los adolescentes, lo cual los hace una población vulnerable; sin embargo el desarrollo de mecanismos de protección permite disminuirlos”, señala Norma Coffin. Esto se logra ofreciéndoles oportunidades reales de crecimiento personal en las áreas laboral y educativa, y para un uso adecuado del tiempo libre, así como herramientas para la adquisición de habilidades sociales.

“Estimular al joven otorgando reconocimiento a sus logros, impulsar políticas que ofrezcan una sociedad incluyente, con alternativas posibles y reales, fomentar la comunicación entre ellos y capacitar a los maestros para identificar a tiempo sus problemas emocionales serían algunas estrategias de prevención”, resume Coffin.

MÁS INFORMACIÓN

  • Asociación Mexicana de Suicidología: www.suicidologia. org.mx
  • Organización Mundial de Salud: www. who.int/features/qa/24/es/index.htlm

 

Guillermo Cárdenas Guzmán es periodista especializado en temas de ciencia, tecnología y salud. Ha laborado en diversos medios de comunicación electrónicos e impresos, como los diarios Reforma y El Universal. Actualmente es reportero y editor de contenidos de ¿Cómo ves?
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