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21 de agosto de 2014
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Células troncales: la controversia*
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Células troncales: la controversia*

Verónica Guerrero Mothelet

Imaginemos que los humanos descubriéramos cómo vivir 150 años sin el obstáculo de padecimientos como el mal de Parkinson o la diabetes, y con la posibilidad de que se nos reemplazara cualquier órgano deteriorado. ¿Ciencia ficción? Tal vez no.

Algunos investigadores afirman que prolongar la vida a más de 100 años sería posible si se permitiera ampliar las investigaciones sobre las células madre o troncales provenientes de embriones humanos, o incluso aprobar su clonación. Desafortunadamente, la propagación de algunos rumores sin sustento científico ha producido un gran daño al futuro de estas investigaciones, al colocar, por ejemplo, el término clonación como equivalente de la maquiavélica intención de revivir monstruos o crear en serie copias idénticas de cualquier individuo. Un conjunto de fantasías y una buena dosis de amarillismo se han integrado en el imaginario popular, haciéndonos perder de vista la realidad de los hechos científicos y, lo que es peor, enturbiando una discusión seria y rigurosa sobre las ventajas e inconvenientes de una poderosa herramienta médica, que podría hacer realidad el sueño de longevidad y salud. Pero, ¿quiénes son las protagonistas de todo este alboroto?

Células moldeables

Todo ser humano parte de un óvulo fecundado (cigoto), en el que, paulatinamente, las células que van dando forma al embrión se organizan de manera correcta para convertirse en piel, músculos, nervios o cualquiera de los variados tejidos que se requieren para construir un organismo. Estas primeras células indiferenciadas, surgidas entre el momento de la fecundación y el tercer día de desarrollo, se conocen como células troncales embrionarias totipotenciales, y son el material que dará origen y forma a un ser humano completo.

Si después del cuarto día se extrajeran y separaran las poco más de 30 células troncales embrionarias que forman la masa interna del blastocito, éstas ya no podrían dar lugar a un individuo completo, puesto que, en sucesivas divisiones, han comenzado a diferenciarse y especializarse. Sin embargo, en esta etapa, aproximadamente entre el cuarto y décimo día de desarrollo, las células troncales todavía son capaces de generar cualquier tipo de célula, por lo que se conocen como pluripotenciales.

Durante las siguientes semanas de desarrollo en el camino del embrión para convertirse en feto, se producen más divisiones celulares y continúa la diferenciación. Así, al avanzar el periodo de gestación y, más tarde, tras el nacimiento, prácticamente todos los tejidos conservan una reducida cantidad de células troncales, como una especie de material de reserva para renovar o reparar el tejido en cuestión. Sin embargo, estas células, llamadas también multipotenciales, solamente pueden transformarse en los órganos o tejidos determinados donde están colocadas, por lo que algunos especialistas las denominan órgano específicas. Por ejemplo, en el corazón tenemos cuando menos tres tipos de tejidos, formados por células musculares, endoteliales y nerviosas. Existen células troncales cardiacas que tienen la capacidad de convertirse en cualquiera de los tres tipos celulares mencionados. De esta forma, si se produce un infarto menor, esas células pueden reparar la zona dañada, diferenciándose para convertirse en tejido muscular, endotelial o nervioso, pero sólo del corazón.

Tanto la velocidad de multiplicación de las células multipotenciales, como su cantidad, son reducidas, por lo que ellas solas no pueden regenerar grandes zonas dañadas.

Entre las células multipotenciales de nuestro organismo, las más promisorias por sus posibilidades médicas viven en lo profundo de los huesos: exactamente, en la médula ósea, o lo que todos conocemos como el tuétano. Es allí donde se producen, a partir de células troncales de adulto, las distintas líneas celulares que forman la sangre, como glóbulos rojos, blancos y plaquetas. Inicialmente, estas células se han utilizado para reparar el sistema inmunológico de personas tratadas con quimioterapia, y se han obtenido muchos logros en niños con algunos tipos de leucemia o padecimientos sanguíneos congénitos.

Otra estirpe de células troncales multipotenciales son las que pueden aislarse del cordón umbilical, que sirve de intermediario entre el bebé y la placenta mientras éste se encuentra dentro del útero, y que por lo general se desecha una vez que nace la criatura. Actualmente se recurre a estas células como una alternativa para el trasplante de médula ósea.

El salto

El avance en el estudio de las células troncales se ha efectuado en gran medida gracias a los animales de laboratorio, particularmente ratones. Aunque en términos genéticos, un ratón no es lo mismo que un humano, con frecuencia su biología es muy similar, ventaja que ha convertido a este animalito en un importante punto de inicio para comprender los detalles de la diferenciación celular. Y fue gracias a los estudios en ratones, algunos de los cuales se remontan a hace 40 años, que se llegó a un momento crucial en esta historia: en noviembre de 1998, el biólogo James A. Thomson, de la Universidad de Wisconsin, publicó en la revista Science que había cultivado en el laboratorio células troncales embrionarias humanas.

Aunque otros investigadores ya lo habían intentado, Thompson logró que estas células continuaran viviendo sin diferenciarse, con lo que dio un salto en dirección al ideal médico de crear una reserva de células humanas no diferenciadas que pudieran utilizarse como materia prima, mediante la diferenciación dirigida, para crear órganos y tejidos de repuesto.

La búsqueda de opciones para aplicar estas células precursoras fue adquiriendo trascendencia luego del descubrimiento de sus posibilidades, a tal grado que los especialistas han comenzado a vislumbrar esperanzas para el tratamiento de un sinfín de padecimientos. Ahora muchos científicos afirman que es posible, al comprender la manera de orientar el proceso de diferenciación celular, su uso en el desarrollo de nuevos tejidos, con lo que se permitiría la cura de enfermedades como infartos, esclerosis múltiple, Alzheimer, cáncer o daño en médula espinal; crear en cultivos de labo-ratorio nuevas células productoras de piel para injertos, en caso de quemaduras graves, así como de insulina, que podrían vencer la diabetes, o de neuronas dopaminérgicas (que producen dopamina) para tratar el mal de Parkinson; es más, hasta de órganos completos para su trasplante.

Sólo existe un inconveniente... Por ahora, la fuente más adecuada de células troncales son los embriones humanos, y la forma como los científicos las obtienen ha provocado una gran polémica, puesto que su extracción implica la destrucción del blastocito. En la actualidad, en los países donde está permitido, los investigadores recurren tanto al producto de abortos espontáneos o terapéuticos (que se llevan a cabo cuando el médico lo recomienda para proteger la vida de la madre), o bien a los embriones creados por medio de fertilización in vitro en las clínicas de reproducción asistida, mismos que si no son utilizados enfrentan cuatro destinos posibles: permanecer congelados por tiempo indefinido, ser desechados, concedidos a otras parejas o donados para la investigación. Ya que son pocos los embriones aceptados por parejas que no son los padres biológicos, muchas personas piensan que su uso para la investigación no es peor que dejarlos congelados o que terminen en la basura.

Otra dificultad es que, no obstante que en las clínicas de fertilidad de todo el mundo se encuentran miles de embriones, una reserva de la que ya se han extraído numerosas líneas de células troncales, éstos son poco útiles en los trasplantes, ya que los órganos fabricados con sus células pueden ser rechazados por el sistema inmunológico del receptor.

Clonación sin ficción

La clonación terapéutica, sin fines reproductivos, tiene el potencial de resolver este problema, al ofrecer células con una conformación genética exacta para el paciente, algo así como un traje (es decir, un órgano) hecho a la medida. Este tipo de clonación, al contrario de la reproductiva, no tiene como objetivo la formación de un ser clonado completo, sino que se limita a las primeras etapas de desarrollo y multiplicación celular para extraer las células troncales pluripotenciales. Así, la distinción entre ambos procesos es de gran importancia para comprender el debate científico, ético y jurídico que se realiza hoy día en muchas partes del mundo.

El procedimiento inicial, tanto de la clonación terapéutica como de la reproductiva, es el mismo, y se conoce como transferencia nuclear. Como primer paso, se toma un óvulo no fertilizado, y se le retira el núcleo (que es donde se encuentra toda la información genética). Después, se le agrega el material nuclear de una célula somática (que es cualquier tipo de célula del organismo, excepto las germinales o reproductoras), donada por el paciente a clonar. Existen dos métodos para transferir el material nuclear (genético) de esta célula somática al óvulo: en el primero, se fusiona completa la célula somática con el óvulo, lo que reprograma el óvulo con el material genético del donante de la célula. En el otro, se retira el núcleo, con todo el ADN, de la célula somática y se inyecta en el óvulo sin núcleo. Así, éste contendrá la información genética del donante.

En ambos sistemas se aplica electricidad o una mezcla de sustancias químicas que estimulan al huevo (el óvulo más la información de la célula somática) para que comience a dividirse hasta formar un blastocito, constituido por entre 30 y 150 células. Las células exteriores del blastocito están destinadas a convertirse en placenta; dentro de él hay otro grupo de células (masa celular interna) que contiene las células troncales.

Aquí terminan las semejanzas entre ambos tipos de clonación, ya que para continuar con la clonación reproductiva, el blastocito debe implantarse en el útero de una madre sustituta para convertirse en feto, lo que teóricamente daría como resultado un bebé casi genéticamente idéntico al donador de la célula somática, aunque nunca una réplica exacta, debido a que siempre se mezclaría un reducido porcentaje (4 o 5%) del ADN mitocondrial de la madre sustituta. No obstante, este proceso para “confeccionar” clones no es de ningún modo una tarea fácil de conseguir, e incluso quienes reconocen haberlo intentado, nunca han podido presentar ante la comunidad científica resultados auténticos y certificables.

En el caso de la clonación terapéutica, se extraen del blastocito las células troncales, que se colocan en una caja de petricon un caldo de proteínas y enzimas, para que se desarrollen en el tipo celular que necesita el donante de la célula somática, o bien con el fin de crear líneas celulares para su estudio. La gran ventaja de este procedimiento es que al producir células troncales que contienen la misma información genética del paciente que requiere el trasplante, pueden evitarse rechazos y complicaciones relacionadas con el control del sistema inmunológico.

Controversia embrionaria

Aunque algunas personas piensan que este procedimiento implica la creación de un embrión, clon del paciente, y luego su destrucción para obtener las células troncales, muchos especialistas insisten en que la clonación terapéutica no representa la destrucción de un ser humano, ya que cuando se toma la masa celular del blastocito, alrededor del quinto día de desarrollo, éste es apenas un conjunto de células. Si este blastocito estuviera en un medio natural (dentro del cuerpo de una mujer), todavía no estaría implantado en el útero, ni físicamente conectado con la pared uterina, que es cuando médicamente se considera que es viable como embrión. Asimismo, los embriones humanos desarrollan la placenta hasta el décimo o undécimo días, y es hasta pasado el día 14 cuando comienza la formación de un incipiente sistema nervioso.

Algo similar sucede con la otra fuente de células embrionarias: los embriones sobrantes de fertilizaciones in vitro o productos de abortos, a pesar de que a éstos no les espere un final más “feliz”.

De cualquier forma, obtener resultados mediante la clonación terapéutica tampoco es una tarea fácil. Pocos investigadores han dedicado tanto esfuerzo a esta técnica como los doctores Jose B. Cibelli, profesor de biotecnología animal en la Universidad de Michigan, y Robert P. Lanza, de la empresa biotecnológica Advanced Cell Technology, ambas en los Estados Unidos. En 2001, estos autores inquietaron a la comunidad científica con sus primeros intentos para conseguir el objetivo de la clonación terapéutica. No obstante, los resultados no pasaron de la fase preliminar, puesto que sus blastocitos no llegaron a dividirse en más de seis células. Asimismo, en ese momento el gobierno estadounidense prohibió temporalmente los experimentos de clonación y limitó el financiamiento federal para las investigaciones en células troncales embrionarias.

Otra opción terapéutica es el uso de células multipotenciales u órgano específicas que continúan presentes en el organismo adulto, aunque para ello primero deben desentrañar el misterio de su desdiferenciación; es decir, el truco para desprogramar una célula ya diferenciada. Empero, ya que todavía está lejos el conocimiento de las señales adecuadas para obligar a las células a retroceder en el tiempo, otros investigadores han optado por tomar un atajo y, aprovechando su plasticidad, inducirlas a transformarse directamente en otros tipos celulares, fenómeno que se conoce como transdiferenciación. Así, en los últimos años ha aparecido una serie de documentos científicos afirmando que puede guiarse en el laboratorio, e incluso in vivo, la diferenciación de las células troncales de médula ósea hasta formar otros tipos de tejidos, como el muscular, y en países como China se realizan ensayos que intentan convertirlas en neuronas.

También se explora la posibilidad de modificar genéticamente células troncales embrionarias de animales para su aplicación en humanos, eliminándoles genes que provocan el rechazo del tejido, y aprovecharlas para xenotrasplantes, de manera similar a lo que ya se hace con algunos órganos, como las válvulas cardiacas de cerdos. Empero, además del obstáculo inmunológico, existe la cuestión de una eventual transmisión de virus, que pueden ser inocuos para esas especies, pero potencialmente perjudiciales para los humanos, como el ya conocido retrovirus endógeno porcino (PERV).

¿Y en México?

En nuestro país también se han realizado avances en la investigación sobre células troncales multipotenciales. Por ejemplo, en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), especialistas del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre aislaron una célula troncal de médula ósea denominada CD34, que puede transformarse en células de algunos de los 200 tejidos que forman un organismo, aunque sin la capacidad de generar a un individuo completo. Con este tipo de célula realizan experimentos en dos regiones del cuerpo: angiogénesis (generación de vasos sanguíneos) en las piernas, para la restauración de venas, y en el miocardio, con el fin de devolver a un corazón infartado parte de sus funciones. Este último procedimiento, que ya se ha aplicado con éxito en tres pacientes del hospital, consiste en la inyección directa de células CD34 en la zona adyacente al tejido cicatrizado por un infarto.

En cuanto a las células de cordón umbilical, su aplicación principal en nuestro país se limita a trasplantes en determinados padecimientos. Para ello se obtienen células troncales de sangre placentaria, tomada del cordón umbilical. Éstas células se guardan en bancos (públicos o privados), dentro de tanques de nitrógeno líquido, a temperaturas de 196 grados centígrados bajo cero. La ventaja de utilizar este tipo de células es que, al ser más ancestrales (menos diferenciadas), toleran mayores incompatibilidades. No obstante, la cantidad de células que puede obtenerse es limitada, y su trasplante no está indicado para personas con un peso mayor de 40 kilos, por lo que su uso se restringe a niños y adolescentes, con quienes se han obtenido magníficos resultados en el tratamiento de leucemia, osteoporosis y anemias severas. Pero esta limitación podría vencerse en el futuro; muchos expertos afirman que, de continuar la investigación, podría encontrarse la forma de guiar la diferenciación de las células de cordón umbilical hacia otras líneas celulares.

Células autorizadas

Ya que se sabe poco sobre el extraño proceso mediante el cual las células adultas eligen determinada vía de desarrollo, y la manera de “convencerlas” para que desvíen o desanden su camino hasta convertirse en un tejido para el que no estaban programadas —principal impedimento en el empleo de células de médula ósea y cordón umbilical—, tal “conflicto de personalidad” celular ha dado más fuerza al debate sobre la legislación del uso de células embrionarias en diversos países.

Naciones como Israel, Suecia o Singapur, entre otras, han decidido permitir las investigaciones que involucran el uso de embriones congelados o desechados, aprovechando el vacío dejado por los Estados Unidos, donde las restricciones oficiales han impuesto excesivos límites al financiamiento de estos estudios con fondos públicos. El destino de la clonación terapéutica es aún más nebuloso, ya que la principal línea política, señalada por ese país y secundada por la mayoría de los restantes, apunta hacia su total prohibición, a pesar de una solicitud firmada por 40 premios Nobel en favor del “uso legítimo de la tecnología de trasplante nuclear con propósitos terapéuticos y de investigación”. Por lo pronto, en noviembre pasado y luego de una cerrada votación, el Parlamento de la Unión Europea ofreció su respaldo al financiamiento con fondos públicos de las investigaciones en células troncales tomadas de embriones humanos, así como en células pluripotenciales obtenidas por medio de clonación terapéutica. No obstante, estas investigaciones sólo podrán realizarse en los países europeos que localmente las permitan (Suecia e Inglaterra), y probablemente aquellos que se oponen (Irlanda, Austria y Portugal, entre otros) presentarán una ofensiva intentando echar por tierra esta propuesta durante la próxima reunión de ministros de investigación de la Unión Europea, cuando se espera su aprobación definitiva.

Mientras tanto, en nuestro país, en octubre de 2001 y por encargo del Presidente, un comité formado por el Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia, la Academia Mexicana de Ciencias y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, entregó un documento llamado “Recomendaciones para el empleo en México de células provenientes de tejidos embrionarios humanos para la investigación”. Allí se identifica a 20 grupos mexicanos de investigación con acceso a células troncales —principalmente sanguíneas—, entre ellos el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del IPN y la Universidad Nacional Autónoma de México. Asimismo, recomendó que dichos ensayos se regulen con firmes bases bioéticas, pero sin que México se rezague en esta área.

Actualmente, las Comisiones de Salud y de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados revisan dos iniciativas que les fueron turnadas por el pleno. En la primera, presentada por el diputado Francisco Salvador López Brito, se vinculan los aspectos jurídicos, éticos y técnicos de la reproducción asistida y el destino de los embriones que se generan mediante esta práctica. La segunda, turnada por el diputado Francisco Patiño Cardona, sugiere agregar una fracción a la Ley General de Salud en materia de investigación, con objeto de “prohibir la investigación y experimentación que tenga como fin la clonación reproductiva”, pero autorizarla en el caso de la terapéutica, “para la cura de enfermedades y el reestablecimiento de la salud”. El documento, enviado a las comisiones en abril pasado, especifica esta última como “la creación de líneas celulares troncales embrionarias” a partir de la transferencia del núcleo de una célula somática a un óvulo sin núcleo, para la generación de tejidos y órganos de uso terapéutico. Además, la iniciativa especifica que sólo podrían emplearse células de embrión preimplantatorio, al que define como “producto de la fecundación hasta su implantación en el útero”; es decir, un blastocito con menos de siete días de desarrollo. El futuro de ambas iniciativas está por decidirse en los primeros meses de 2004. Por ahora, la Ley General de Salud no prevé ningún control explícito y sólo hace referencia a las terapias con células troncales sanguíneas.

Paradójicamente, en diciembre pasado, el Pleno de la Cámara de Diputados aprobó una tercera iniciativa —ésta de la diputada María Eugenia Galván Antillón— que se encontraba en su poder desde la Legislatura anterior y estaba destinada originalmente a establecer la creación del Instituto Nacional de Medicina Genómica. En ella se pretende incluir un artículo a la Ley de los Institutos Nacionales de Salud (7 bis, Fracción I), en el que se les prohíbe la investigación en células troncales humanas de embriones vivos o generadas por trasplante nuclear. De ser ratificada esta resolución por el Senado, prácticamente liquidaría cualquier posibilidad de aprobación para la otra iniciativa que busca permitir la investigación de líneas celulares troncales embrionarias y la clonación terapéutica.

Desde el nombre empieza la controversia

Debido a la vertiginosa carrera de la ciencia —cuyo idioma oficial es el inglés—, constantemente surgen neologismos y traducciones con cuyos usos y opciones la comunidad científica tarda un poco en ponerse de acuerdo. Algo así sucede actualmente con los términos aplicados a las células troncales.
Originalmente conocidas como células madre, progenitoras, precursoras o, en el peor de los casos, células estaminales (por una lamentable castellanización de su nombre en inglés, stem cells), estas células indiferenciadas finalmente se popularizaron también con el nombre de células tallo, tronco, o troncales. Para muchos investigadores, estos apelativos son más correctos porque ilustran de manera sencilla el proceso de diferenciación, en el que podemos imaginar que la célula madre es el tronco del que brotan, como ramificaciones, las células que van a diferenciarse.

 

Disyuntiva difícil

Se piensa que los mamíferos adultos contienen 20 tipos principales de células madre o troncales somáticas. Ya se han identificado y estudiado células que pueden generar hígado, páncreas, hueso y cartílago, así que sería posible obtener una amplia variedad de células troncales de fuentes diferentes a los embriones. Por ello, algunos especialistas argumentan que sería probable atender a pacientes manipulando las células troncales adultas de nuestro organismo. Otros colaboran con inmunólogos en el desarrollo de estrategias que permitan el trasplante de células exógenas (de una persona a otra), evadiendo el sistema inmunológico como se hace en la actualidad en los alotrasplantes de órganos. Unos más piensan que, en el largo plazo, sería posible alcanzar los objetivos de la clonación terapéutica pero sin una clonación real, “reprogramando” las células con el fin de revertir su proceso de especialización y convirtiéndolas en células similares a las embrionarias, con la capacidad de transformarse en cualquier tejido. Estas soluciones evitarían el dilema ético, aunque su inconveniente es que todavía no se conoce lo suficiente sobre los procesos de duplicación y diferenciación celular, mientras que las células embrionarias ya están allí, y prometen ventajas técnicas que tal vez nunca ofrezcan otras fuentes de células troncales.

Por tal razón, continuarán los debates sobre las células derivadas de embriones o fetos, por no hablar de la clonación terapéutica. La pregunta entonces es si la esperanza de los investigadores, que buscan una alternativa para aliviar toda una gama de enfermedades debilitantes o mortales, y el humano anhelo de curación para millones de pacientes, justifican la aplicación de estas controvertidas técnicas. Difícil disyuntiva, ¿no? Sin embargo, esencialmente la solución está en informarse de manera reflexiva y sin prejuicios. El conocimiento nos ofrece un gran poder; por ello la decisión de aplicarlo, o rechazarlo, también debe partir del conocimiento, nunca del miedo exaltado.

Para nuestros suscriptores

La presente edición va acompañada por una guía didáctica, en forma de separata, para abordar en el salón de clases el tema de este artículo.

Verónica Guerrero es periodista, divulgadora y traductora; publica artículos e imparte talleres sobre los “nuevos paradigmas de la ciencia”. En 2002 fue invitada por el gobierno de Suecia para conocer los avances en la investigación de células troncales.

 
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