UNAM
24 de septiembre de 2018
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¿Cómo ves?
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De entrada

No. 210

El pasado martes 12 de abril la comunidad de divulgadores de la ciencia de nuestro país amaneció con una tristísima noticia: el fallecimiento de Luis Estrada Martínez, querido amigo y mentor de una generación que con él aprendió y ensayó formas de acercar la ciencia a públicos muy diversos.

Esta revista le debe mucho a Luis Estrada; él apoyó con entusiasmo su creación y desde sus inicios fue miembro muy destacado de su Consejo Editorial. También escribió en sus páginas, y, sobre todo, fue el mejor de nuestros críticos, buscando siempre que hiciéramos una labor de excelencia.

¿Cómo ves? tiene su antecedente más importante en Naturaleza, revista que Luis Estrada dirigió desde la UNAM durante 15 años. Con ella y otros proyectos que encabezó o propició —charlas, exposiciones, libros, talleres, obras de teatro, programas de radio y televisión, entre otros—, Estrada fue el pionero de la divulgación de la ciencia en México.

Generoso, gran conversador y con mucho sentido del humor, a Luis Estrada le encantaba experimentar y su forma de enseñar era la de un maestro a un aprendiz, "como en un taller renacentista" decía con frecuencia a sus discípulos del Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia de la UNAM que él creó y luego se convertiría en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, donde hacemos ¿Cómo ves?

"Con la divulgación de la ciencia se busca acrecentar la cultura científica. Cultura con todas sus letras, es decir, algo vivo, orgánico, usual, con lo que las personas vivan y convivan. Científica también en un sentido profundo, que implique no sólo conocimiento sino una participación de la vida y la actitud, de la pasión y la crítica que las prácticas científicas conllevan", escribió para la Revista Digital Universitaria no hace mucho, y continuaba: "si algo proporciona la ciencia, más bien lo que he llamado la cultura científica, más allá de ese conocimiento, es una actitud, un cúmulo de herramientas críticas de pensamiento, que sirven para muchas situaciones. No es poca cosa aprender a apreciar de veras la posibilidad de dudar con fundamento, de enfrentar la verdadera ignorancia y de observar detalladamente la naturaleza, con la humildad del que suele equivocarse y lo sabe, y así logra valorar y utilizar lo que le ha servido para aprender a cometer cada vez menos errores".

Al final de ese texto, Luis recuerda a los lectores "que hay muchos ejemplos en los que la renovación, la creación y la innovación de una obra humana han sido producto de un sueño". Él era un soñador que supo alentar a muchos a perseguir sus propios sueños y dejó a la UNAM, y a México, un valiosísimo legado.

Le dedicamos con un gran cariño esta edición.

 

Estrella Burgos

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