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24 de septiembre de 2018
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De entrada

No. 44

A menudo la ciencia desafía el sentido común y nos transporta a escenarios totalmente ajenos a nuestra experiencia. Pero quizá lo más asombroso sea que el intelecto humano tenga la capacidad de explicar los fenómenos que ocurren en esos escenarios y más todavía, imaginar su existencia antes de haberlos observado.

Hace más de 200 años dos científicos concibieron un extraño objeto al que llamaron “estrella oscura”, de la cual se pensaba que no era más que un divertimento matemático. A partir de 1915, la aplicación de una nueva y revolucionaria teoría —la relatividad general de Einstein— a estos hipotéticos objetos mostró que debían tener propiedades aún más exóticas de lo que se había supuesto. En los años 60 se les dio el nombre con el que ahora los conocemos: agujeros negros. Pero ya no son tan hipotéticos. La astrofísica ha reunido evidencias de que en el centro de la mayoría de las galaxias se aloja un agujero negro. “Su realidad es inevitable si la teoría de la relatividad es correcta” señala Miguel Alcubierre, autor del artículo de portada que ahora presentamos. Paso a paso, él nos descubre la asombrosa naturaleza de los agujeros negros y nos lleva hasta uno de ellos en un viaje sin retorno, tan fascinante como aterrador.

 

Estrella Burgos

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