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25 de junio de 2018
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De entrada

No. 64

Conocí a Marion Nestle brevemente, apenas las dos horas que duró su presentación en el Foro Nacional de Investigación en Salud, celebrado en Veracruz en noviembre pasado. Marion es muy delgada y bajita, pero su vigor y la fuerza de sus argumentos explican por qué esta nutrióloga estadounidense se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para la industria alimentaria multinacional. Apenas pasa un día sin que la entreviste un periodista en sus oficinas de la Universidad de Nueva York y sus planteamientos se comentan tanto en el ámbito académico como en publicaciones de amplia circulación. En la presentación a la que tuve oportunidad de asistir, Marion mostró numerosos datos en tablas y esquemas, aderezados con caricaturas satíricas y fotos de alimentos chatarra, de productos light y de otros alimentos procesados cuyas etiquetas anuncian que no tienen colesterol, o que están adicionados con tales y cuales vitaminas, o bien que los recomienda alguna asociación médica.

Toda la información que ella presentó puede consultarse en su libro Food Politics (University of California Press, 2002). ¿La idea central? Que la industria alimentaria es en gran parte responsable del alarmante aumento de la obesidad en el mundo y sus secuelas: diversas enfermedades, algunas muy graves, y lo que quizá es más preocupante: el fomento de pésimos hábitos alimenticios en las nuevas generaciones. En la danza de cifras que se refieren a la industria alimentaria, las relativas a gastos en publicidad son astronómicas. Y además se trata de una publicidad que confunde al consumidor, lo desorienta y a menudo lo lleva a creer que se está alimentando adecuadamente cuando no es así.

En el artículo de portada de esta edición, Agustín López Munguía, experto en tecnología de alimentos y recientemente galardonado con el Premio Nacional de Ciencias, nos conduce por el trabajo de Marion y otros investigadores, con un recorrido obligado por los anaqueles del supermercado y una visita a una isla del Pacífico, Kosrae, en Micronesia, donde en vez de pescado fresco y exquisitas frutas los habitantes viven de alimentos procesados, con abundancia de comida chatarra: la imagen del que podría ser nuestro futuro. ¿Tú gustas?

 

Estrella Burgos

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