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15 de diciembre de 2018
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¿Cómo ves?
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De entrada

No. 78

A Albert Einstein, el físico más famoso del mundo, no le gustaba la fama. Cuando estaba de buen humor, se reía de las atenciones que se le prodigaban. Cuando estaba de malas, las deploraba. ¿Qué hubiera pensado Einstein de las celebraciones del Año Internacional de la Física, que lo tienen a él como origen y como símbolo? Posiblemente se sentiría abrumado. Así pues, es con cierto sentimiento de culpa —pero mucha satisfacción— que dedicamos el número 78 de ¿Cómo ves? a la física y a las aportaciones de Einstein. Perdónanos, tío Albert.

En lo que va del año ya se ha gastado un mar de tinta en este asunto. Muchas revistas han publicado artículos para explicar las contribuciones que hizo Einstein en 1905, a los 26 años, además de la teoría general de la relatividad, de 1915. En ¿Cómo ves? no podíamos ser menos. Algunos de nuestros autores más asiduos nos llevan de la mano por los vericuetos de las teorías de la relatividad, la explicación del movimiento browniano, las objeciones de Einstein a la mecánica cuántica y su vida más allá de la física. Pero al mismo tiempo queríamos ofrecer a nuestros lectores algo más: un atisbo de la vida y motivos de un físico de hoy.

En el artículo que abre este número Miguel Alcubierre nos cuenta cómo decidió que quería ser físico. En un texto muy emotivo, él narra sus años de formación, su trabajo diario y hasta las reacciones que obtiene cuando confiesa su profesión en una fiesta. La vida de un físico, como muestra Miguel, puede estar llena de satisfacciones. Sin duda su artículo despertará más de una vocación científica.

El año 1905 se conoce entre los físicos como “año milagroso” de Einstein. Es una exageración. Einstein hubiera sido el primero en rechazar semejante exceso, y no por modestia, sino porque en ciencia las cosas no se explican con milagros. En este Año Internacional de la Física quizá no deberíamos celebrar un milagro único e irrepetible. Tal vez sería mejor celebrar la muestra que dio Einstein de las alturas que es posible alcanzar y alegrarnos con la buena noticia de que —con empeño e imaginación— otros pueden alcanzarlas.

 

Estrella Burgos

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