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23 de abril de 2018
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De letras

No. 207 Fósiles en peligro de extinción

He visto recientemente películas y series televisivas en las que adultos, jóvenes, mujeres, y hasta embarazadas, fuman a más no poder sin hipocresías ni preocupaciones pulmonares o ambientales de ningún tipo. ¡Oh, épocas sin enfermedad pulmonar obstructiva crónica! Hoy atrévase alguien, no digo encender, a mencionar la palabra cigarro, y hasta los niños de preescolar pondrán cara de crimen y castigo mientras le exigen al pecador apagar la antorcha mortífera. Eso está muy bien, pues es señal de que la educación mejora. Otro tanto sucede con la ecología: todos aman a los animalitos y las plantitas y se preocupan por la posibilidad de que se extingan. Por eso los niños ya no tiran basura en la calle (una cuestión de lógica compleja, lo confieso). Para chantajear sentimentalmente a los infantes, se suele invocar el recuerdo del buen Dodo (aunque gracias a Disney, ya nadie lo iba a olvidar). Los niños de hoy tienen razón: el humano es injustificable depredador, ensuciador del paisaje, extinguidor de especies...

Es que no han oído hablar de la extinción masiva del Cretácico-Terciario, y en aquel entonces ni señales de los homínidos. Refraseo: sí han oído hablar de los dinosaurios, estupendas mascotas siempre y cuando sean de peluche. ¿A quién no le producen ternura los desaparecidos velocirraptorcitos?

Pues se trata de una injusticia, porque los dinosaurios sólo fueron el 0.000001% de la extinción masiva que acabó con el 75% de los géneros biológicos hace unos 65 millones de años. ¿Qué se siente no haber conocido nunca a una amonita, a ver?

Pero quiero escribir hoy sobre otra extinción masiva. En la localidad británica de Lyme Regis, en la costa del canal de la Mancha, entre Dorset y Devon, por razones geológicas se acumularon durante millones de años capas de restos del Triásico, Jurásico y Cretácico; los movimientos de tierra de la costa fueron dejando expuestos estos fósiles en las playas. En el siglo XIX Mary Anning encontró ejemplares de ictiosaurios y plesiosaurios, entre otros restos, y se dedicó a surtir pedidos de los paleontólogos de la época. Aunque menos espectaculares, los fósiles más hermosos son las conchas espirales de las amonitas, moluscos calamaroides de diversos tamaños que perecieron junto con los dinosaurios, y a los que prácticamente nadie hace mención en el contexto de la catástrofe.

En su momento, el descubrimiento de Anning y el auge darwinista ocasionaron avidez por los fósiles de la región. Hasta allí, podríamos comprender que algunos interesados en estos temas se dieran su vuelta por Lyme Regis y se llevaran “ejemplares de trabajo”. El problema es que hay “celebridades” no científicas que han tenido asuntos en Lyme Regis y han ocasionado visitas de “culto”. Mencionaré solamente a los maravillosos pintores William Turner y James Whistler, la extraordinaria escritora Jane Austen y el famoso novelista John Fowles. Quien desea ver con sus propios ojos los paisajes inmortalizados por los pintores acude a Lyme Regis y se lleva de pasadita fósiles de recuerdo. Los admiradores de Austen van en busca de evidencias de las dos visitas de la autora en su obra Persuasión, y ya que están allí recogen sus fósiles. John Fowles situó en Lyme Regis su novela La mujer del teniente francés (el protagonista es paleontólogo aficionado) y la película correspondiente fue filmada allá (Fowles mismo vivió y murió en el lugar). Cuántos no irán a observar el acantilado desde donde Sarah espera el regreso de su amante...

Así pues, todos los interesados en Lyme Regis se llevarán cuando menos un fósil de recuerdo. Adicionalmente, se anuncian viajes a la localidad, y una de las actividades principales es desde luego la cacería de fósiles. Hay un Lyme Regis Museum y un museo de los dinosaurios, ¿y qué creen ustedes que vendan en sus tienditas? Hay también anuncios en línea que ofrecen fósiles a la venta. Todo es absolutamente legal. Incluso ahora las autoridades permiten a los turistas extraer fósiles. Sólo deben cumplir, entre otras normas, “reducir al mínimo la recolección de fósiles... hacerlo sólo en aquellos sitios en donde hay numerosos especímenes... sólo recoger lo que necesitas... dejar algo para los demás”.

Calculen ustedes: si cada turista extrae cinco ejemplares y compra otros cinco que a su vez extrajo la tienda... ¿en cuánto tiempo acabarán con los fósiles jurásicos de Lyme? Seguramente en menos de los 65 millones de años que le llevó a la naturaleza atesorarlos.

 

Ana María Sánchez

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