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23 de octubre de 2018
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De letras

No. 210 Tamaños desfiguros

Cuando empecé la prepa, llevaba como texto de física un libro novedosísimo. Era una traducción, bastante buena por cierto: Física PSSC (en seguida explico las siglas). La materia era la de siempre; lo novedoso consistía en el estilo: tenía muchísimas más descripciones que ecuaciones. Hoy día le llamaríamos chorero, pero entonces rompía con el esquema tradicional de presentar la información con fines didácticos como si cada principio, teorema o ley hubieran salido de la nada, o mejor dicho, hubieran nacido como pequeñas Afroditas del cerebro de algún Zeus.

Hay una historia detrás del estilo: a fines de 1956 un grupo de profesores de física del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) fundó el Physical Science Study Committee (PSSC) para analizar el curso introductorio de física de nivel preparatoria; muchos maestros opinaban que los libros de texto disponibles no lograban estimular el interés de los alumnos por la materia. Justo a tiempo lo fundaron, porque en 1957, tras el éxito soviético con el Sputnik, en los Estados Unidos se esparció el temor de que su sistema escolar no brindaría una buena preparación en el área científica. Llegado el temor a sus oídos, el gobierno decidió aumentar el financiamiento a la National Science Foundation para apoyar al PSSC. Ese mismo año se escribieron otros textos y manuales de física, de nivel prepa y universidad, que se proponían cambiar la presentación del material didáctico y el método de enseñanza; dicha innovación consistió esencialmente, como bien lo describe Stephen G. Brush, en un acercamiento histórico a la enseñanza de las ciencias para, entre otros propósitos, ayudar a los alumnos a ver "la física como la actividad humana maravillosamente multifacética que es" y "presentar la materia con una perspectiva histórica y cultural".

Pues con unos años de diferencia llegó hasta mi perdida prepa de 1967 el antesdicho texto, un hito en la enseñanza de la física sin duda. Recientemente se le ha criticado el estilo, y no por repetitivo, que lo es, sino porque en sus afanes historicistas puede cometer pecados contra... la filosofía de la ciencia. M. R. Matthews hace un recuento de dichas críticas, en particular el uso de los mitos seudohistóricos: "Entre otros innumerables ejemplos, hay uno en las primeras páginas del libro de texto del PSSC que describe el descubrimiento de Galileo de la ley de isocronía del péndulo cronometrando el balanceo del candelabro de la iglesia de Pisa. Esta dudosa explicación es utilizada por el PSSC como el verdadero modelo de metodología científica".

No puedo decir que la Física PSSC fuera el detonador de mi vocación; más bien me encantaba leerlo justamente por su exceso de descripciones. Mi sección favorita era "La física de Liliput", donde se habla de escalas y, como es de esperarse, arranca preguntándose si los gigantes y los enanos gulliverianos serían viables en nuestro mundo. Nos explica por qué ni Brobdingnag ni Liliput pueden ser un modelo real a escala de nuestro mundo, y también por qué si se moja una mosca, el peso de su cuerpo se duplica y se halla prácticamente aprisionada por la gota de agua. Pura poesía.

Releer el texto me llevó a recordar otras fantasías que dependen de la escala. En la película Querida, encogí a los niños, por ejemplo, el inventor esposo y padre ha creado un "rayo electromagnético reductor" que accidentalmente se echa a andar; para ver a los niños es necesario usar una lupa. Esta obra, de 1989, es bastante posterior a la emblemática Viaje fantástico, de 1966, que narra la odisea de un submarino miniaturizado junto con sus expertos tripulantes con el fin de inyectarlo en el cuerpo de un científico soviético para disolver un coágulo cerebral. Estamos hablando del tamaño de un glóbulo rojo, es decir, micrómetros. Ahora esta película ha sido criticada científicamente, y no porque nadie creería que Raquel Welch pasara por científica (93-56-88, una Barbie real), sino porque el de los glóbulos rojos ya es el nanomundo, con la amenaza de los chocarreros efectos cuánticos.

¿Y cómo se miniaturizaron tripulantes y submarino? Muy sencillo: encogiendo los átomos; pero, entonces, ¿cómo pueden interactuar átomos de tamaño normal con los mini? Por ejemplo, ¿los tripulantes respiran aire grande o mini? Y luego está la cuestión del submarino, que se queda dentro del paciente (y se supone que va a recuperar su tamaño original), y muchos otros problemones del cambio de escala. En su momento, don Isaac Asimov intentó parchar los dislates, cosa por demás científica, aunque la esencia de la aventura narrada se mantuvo.

La ciencia es de lo mejor que ha producido la mente humana, pero su ámbito de acción no es la fantasía. Si así fuera, nos quedaríamos sin una buena parte de la literatura. Tamaños desfiguros.

 

Ana María Sánchez

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