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18 de octubre de 2018
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De letras

No. 234 Apenitas

—Va a doler un poquitito– me dijo el cirujano endoperiodontal clavando sus ojos optimistas y bondadosos en mi angustiada mirada antes de clavar la jeringa en mi encía.

A pesar de mi experiencia con los diminutivos, le quise creer.

Dicha experiencia no se debe únicamente a mi condición de mexicana. Más bien en ese aspecto evito ofrecer frijolitos en mi humilde casita, y jamás diré cieguito ni menos japonesito. En la infancia intentaba decir Jova, maldo y apeto. Mis hijos nunca hicieron solitos, solo dieron sus primeros pasos. Se ha dicho que esta afición por los diminutivos proviene del náhuatl, y que es útil para añadir a lo dicho dulzura, ironía, reverencia, sumisión, compasión. José Ignacio Dávila Garibi, historiador y lingüista mexicano, habla de abuso del diminutivo en el español de México, aunque otros países americanos de habla española lo comparten. Un ejemplo literario se plasma en la novela Chiquita, del autor cubano Antonio Orlando Rodríguez, publicada en 2008. Es la biografía imaginaria de un personaje real, Espiridiona Cenda, joven cubana de tan sólo 65 cm de estatura que a fines del siglo XIX llega a Nueva York y se vuelve una celebridad de teatro de vodevil y circo.

Mi experiencia robusta, obtenida de primera mano, es numérica y científica. Un estudio en campo con entrevistas a profundidad y estadísticas, no publicado, llevado a cabo por un miembro cercano de mi familia, del ala de las ciencias sociales, dio como resultado la siguiente tabla:

Un momento..... Al rato......Ya mero..... 5 min. o su equivalente en grados.

Un momentito... Al ratito.... Ya merito.... 5 min.

Un momentitito... Al ratitito...Ya meritito.... de 30 min. en adelante, a menudo equivalente a nunca.

Es decir, mientras más itos más lejana la hora de cumplir la promesa o ejecutar la acción. Esto, que todo mexicano sabe, sobre todo entrado en trámites, es un resultado original porque midió tiempos. (Ahora me entero de que el resultado fue reproducido sin permiso en medios populares y que ya hay una tabla semejante sobre lo picante de la comida). Vemos que el escritor cubano hizo lo correcto al no poner Chiquitita o Chiquititita, pues Espiridiona rebasaría el metro.

Así, le va a doler poquitito significa justo lo contrario. Debí haberlo imaginado cuando, al acabar el procedimiento, como le llaman púdicamente, me puso en la mano una pastilla amarilla diminuta. Una pastillita, pues. No le doy más, dijo quitándose el antifaz, no sea que se aficione. Yo no estaba para chistes. Qué precavido, pensé. Nada, fue un dolor tremendo.

Escalas aparte, no concibo un diminutivo más apropiado que neutrino (neutroncito), como llamó Enrico Fermi a una partícula muy humilde, aparentemente sin masa, que apenas interactúa con la materia de la que está hecho nuestro mundo. Alejandro Quevedo la equiparó, en un famoso texto aparecido en la legendaria revista Naturaleza, con un fantasma: “el neutrino es invisible, intocable, y, por supuesto, mudo; puede atravesar la Tierra sin desviación alguna y sería menester un muro de acero de miles y miles de kilómetros de anchura para detenerlo”. Eso fue en 1981. Ser fantasmal es sin embargo mejor que ser llamada “basurita de la naturaleza” o “tan poquita cosa que ni a masa llega”, como lo hizo algún experto en partículas diminutivas. Pero así como Chiquita, a pesar de tener todo en contra, no lo menor su tamaño, triunfó en la capital del espectáculo, el neutrino ha triunfado recientemente en la ciencia, a tal grado que en 2015 se le otorgó el premio Nobel de Física a los científicos que encontraron no sólo que tiene masa sino que esa masita podría albergar el secreto de la historia del cosmos, el que haya triunfado la materia sobre la antimateria. Ese arcano que el modelo estándar no ha podido desvelar. A pesar de tan buena noticia, tuve que volver por un segundo procedimiento.

—¿Me va a doler igual que la otra vez? —pregunté con esperanza infantil.

—No —dijo el cirujano con sus ojos sonrientes sobre el cubrebocas— esta vez le va a doler poquititito.

 

Ana María Sánchez

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