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25 de marzo de 2017
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Ojo de mosca

No. 107 La ciencia en la escuela

Todos los seres vivos heredan a sus descendientes sus características genéticas. Si les han sido útiles para sobrevivir, su progenie tendrá, a su vez, mayores oportunidades de subsistir y reproducirse. Así, la evolución selecciona las características más útiles para perdurar y adaptarse al ambiente.

Pero más allá de la información genética, algunas especies de animales cuentan con una nueva manera de transmitir información a generaciones futuras: la herencia cultural. Mediante ella se transmiten ideas, conocimiento, y depende fundamentalmente de la capacidad de aprendizaje.

Algunos mamíferos aprenden de sus congéneres al imitar sus comportamientos. Hay especies de simios, como los chimpancés, que van más allá y se comunican mediante lenguajes rudimentarios, compuestos de gestos y sonidos.

Otro simio, el Homo sapiens, ha desarrollado la capacidad de transmitir información, mediante un lenguaje muy complejo, a un grado que lo distingue de cualquier otra especie. Los humanos, desde que nacemos, comenzamos a aprender. Inicialmente el lenguaje mismo, que los niños adquieren en sus primeros años. Una vez que el niño domina el lenguaje hablado, su capacidad de aprender se multiplica enormemente. Se vuelve capaz de adquirir, en pocos años, una parte importante del inmenso caudal de la cultura humana.

Como culminación de este proceso, las sociedades modernas inventaron la escuela, donde los miembros jóvenes de la especie asimilan una cantidad de conocimiento inconcebible para otras especies, que no podría adquirirse sólo por medio de la experiencia.

De modo muy real, la educación escolar es uno de los factores que permiten la supervivencia de la especie humana. Nuestra herencia cultural, tanto o más que la genética, ha permitido que el ser humano se adapte admirablemente a casi todos los ambientes del planeta (a veces con un éxito excesivo, por el daño que les ha causado).

En cada país, la educación escolar incluye el conocimiento que, a lo largo de su historia, ha llegado a ser considerado indispensable para el desarrollo del ciudadano. En México incluye, como parte imprescindible, una formación en temas científicos, pues se ha demostrado que la cultura científica es útil para formar ciudadanos racionales, críticos y capaces de resolver problemas eficazmente. Al mismo tiempo, la educación pública en nuestro país es laica: excluye los puntos de vista religiosos, que pertenecen al ámbito de lo privado.

Hay buenas razones, históricas y sociales, que justifican estas decisiones. Cuando se discute la pertinencia de incluir la moral religiosa en temas de educación sexual escolar —sustituyendo, por ejemplo, la información sobre el uso del condón por ideas sobre las ventajas de la abstinencia—, conviene recordar que, más que dogmas, lo que conviene que los jóvenes aprendan es el conocimiento que les permita sobrevivir mejor.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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