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25 de marzo de 2017
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Ojo de mosca

No. 113 Dicotomías: el mundo partido en dos

A primera vista, el mundo que nos rodea parece estar formado por categorías opuestas. Blanco o negro, día o noche, hombre o mujer, izquierda o derecha, vida o muerte, bueno o malo, homosexual o heterosexual, pobre o rico, rubio o moreno, sabiduría o ignorancia, belleza o fealdad, guerra o paz…

Sólo a primera vista, porque cuando las cosas se analizan con más detenimiento, se encuentra que la distinción entre dos extremos casi nunca es tan clara. Pocas veces hay en la naturaleza, o en las cosas humanas, fronteras bien definidas. Lo más frecuente es que entre dos extremos lo que haya sea una gama, más o menos extensa pero siempre gradual, de tonos de gris.

La ideología que tiende a reducir una situación compleja y diversa a dos extremos se conoce como “maniqueísmo” (por referencia a una secta religiosa del siglo III, fundada por el sabio persa Mani o Manes, que afirmaba que en el mundo había una lucha eterna entre dos principios espirituales opuestos; por ejemplo, que el alma es dios, pero el cuerpo es el demonio). En la vida diaria, en la política y en otros campos, el maniqueísmo puede ser un gran obstáculo, pues dificulta la discusión, evita que se llegue a acuerdos y fomenta en cambio la polarización: la formación de “polos” de opinión extremos y opuestos.

Pero la tendencia a interpretar el mundo en términos de dicotomías (“división en dos partes”; del griego di, dos, y tomía, cortar) no es sólo un mal hábito de pensamiento: es también una característica de nuestro cerebro que tiene un origen evolutivo. Los cerebros animales fueron “programados” por la selección natural para inicialmente, cuando enfrentan un sistema complejo y desconocido, separar las partes que lo forman en categorías extremas, normalmente dos.

Esta primera aproximación permite introducir un poco de orden en lo que parecía un completo caos. A partir de este primer modelo, nuestro cerebro puede comenzar a analizar y generar hipótesis para entender el sistema que estamos observando, y tratar de predecir su comportamiento.

También los científicos, cuando investigan un sistema nuevo, tienden a usar dicotomías: orgánico/inorgánico, vivo/ inerte, cuerpo/mente, natural/artificial, animal/humano… Y sin embargo, conforme su análisis avanza y se profundiza, normalmente acaba mostrando que tales categorías son más bien construcciones artificiales que nos permiten ordenar el mundo para comenzar a estudiarlo, pero que no necesariamente existen en la naturaleza.

En ciencia, y en todos los asuntos humanos, las dicotomías exigen un manejo especialmente cuidadoso. Tomadas demasiado en serio, nos pueden hacer caer en el maniqueísmo.

Comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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