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26 de febrero de 2017
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Ojo de mosca

No. 115 Error y ciencia

Uno de los grandes problemas de la ciencia es la falsa imagen que tenemos de ella. La escuela y los medios de comunicación la presentan como un método infalible que produce verdades absolutas, descubiertas por individuos superiores al común de los mortales.

Es importante romper el mito y mostrar que la ciencia real es una actividad humana como cualquiera, llevada a cabo por personas comunes. Y que cometer errores es parte de su funcionamiento normal.

Los errores en ciencia caen generalmente en dos categorías: los individuales y los colectivos. Los primeros son simplemente los que cometen los científicos en su trabajo diario, que consiste en resolver problemas científicos. Un problema científico es algún fenómeno de la naturaleza que no entendemos y queremos entender.

Lo que hace un científico para abordar un problema es generar hipótesis, intentos de explicación, y luego someterlas a prueba para ver si logran dar cuenta satisfactoriamente de los hechos (algo muy parecido a lo que hacen los detectives). Si la hipótesis resiste las pruebas, se considera útil. En caso contrario —el más común—, se desecha y se busca otra mejor.

Este proceso de prueba y error, de conjeturas y refutaciones, es lo que les permite a los científicos generar conocimiento útil, confiable, pero no absoluto ni eterno. Los errores —las hipótesis fallidas— son parte necesaria e inevitable del proceso.

Los errores colectivos en ciencia son parecidos, pero en otra escala. Se manifiestan durante las llamadas revoluciones científicas, cuando se descubre que una teoría (una hipótesis ampliamente aceptada por la comunidad científica) que ha permanecido vigente largos años, es en realidad errónea, y se desecha. Esto puede ocurrir por dos causas: que se haya encontrado una teoría mejor —más simple, más general—, o que hayan surgido suficientes casos en los que la teoría actual falla: es incapaz de explicar los hechos.

Estas revoluciones han ocurrido constantemente a lo largo de la historia de la ciencia. Teorías como la del flogisto (fluido inmaterial que supuestamente se liberaba de los materiales en combustión), la geocéntrica (que suponía que la Tierra era el centro del Universo), el preformacionismo (la idea de que los seres humanos existían ya en miniatura dentro del óvulo o el espermatozoide) o el vitalismo (la suposición de que lo que anima a un ser vivo es algún principio espiritual), aceptadas mucho tiempo como correctas, fueron luego descartadas.

La ciencia avanza gracias a este constante reconocimiento y aceptación de los errores que comete en su camino, y a los intentos por corregirlos. Es natural, pues se trata de una actividad humana. Si no cometiera errores, no lo sería.

comentarios: mbonfil@servidor.unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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