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27 de marzo de 2017
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Ojo de mosca

No. 154 Cuando los científicos recapacitan

Quienes desconfían de la ciencia —porque la ven sólo como fuente de riesgos, porque buscan sustituirla por dogmas religiosos, o porque viven de vender fraudes a los que ésta se opone— frecuentemente buscan desacreditarla.

La estrategia más común para lograrlo es señalar que la ciencia no siempre tiene la razón; que a lo largo de la historia, con frecuencia se ha equivocado.

Y es cierto. La historia de la ciencia puede resumirse como el compendio de errores que los científicos han cometido en su búsqueda de conocimiento sobre la naturaleza. Lo que en un momento se consideró conocimiento correcto resultó luego ser una visión errónea, simplista o parcial, que fue sustituida por otra más correcta, más amplia… hasta que ésta a su vez resulte ser inexacta y obsoleta.

Un caso son las ideas aristotélicas sobre el movimiento, donde cada cosa tenía un sitio "natural" al que tendía a moverse: las piedras hacia abajo; el fuego hacia arriba. Fueron sustituidas por las leyes del movimiento de Newton… a su vez desplazadas por la visión einsteiniana, con la que son incompatibles (Newton postula un espacio y un tiempo absolutos; para Einstein son maleables).

En las ciencias médicas, estos cambios de opinión son cosa de todos los días. El escritor científico Ben Goldacre describe cómo un resultado médico —la terapia de reemplazo de hormonas puede disminuir el riesgo de enfermedades cardiacas en mujeres—, que parecía claro luego de un ensayo clínico pequeño y un estudio observacional más amplio, resultó ser falso cuando se hizo otro estudio, mucho más amplio y riguroso (de hecho, se halló que el reemplazo hormonal aumentaba el riesgo cardiaco).

"Eso muestra que no se puede confiar en la ciencia", se apresuran a decir los detractores. "Lo que hoy los científicos presentan como cierto y comprobado, mañana lo desmienten". Pero como dice Goldacre, ese conocimiento "era lo mejor que teníamos en ese momento".

En realidad, no hay tal cosa como la "verdad" científica. Los científicos, como comunidad, comparten sus hallazgos y teorías, las discuten y deciden si les parecen justificadas… temporalmente. Pero están dispuestos a cambiar de opinión en cuanto haya razones convincentes para hacerlo.

Afirmar que la disposición de la comunidad científica a recapacitar continuamente es una debilidad es mostrar que no se entiende cómo funciona la ciencia. Hacer ciencia consiste en proponer teorías para explicar lo que vemos para luego someterlas a prueba y, si no la superan, desecharlas y buscar otras teorías mejores. Es en este proceso de prueba y error donde radica su fortaleza: su capacidad para corregir, mejorar, evolucionar. Si los científicos no recapacitaran, la ciencia se detendría.

comentarios: mbonfil@unam.mx

 

Martín Bonfil Olivera

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